25 febrero 2011

20000 pesetas

Muchos de nosotros recordaremos los últimos billetes emitidos en pesetas durante el reinado de Juan Carlos I, lo que ya seguramente nos resulte más sorprendente sea descubrir que a principios de los 90 la FNMT realizó una serie de ensayos que hubieran dado lugar al billete con el mayor nominal acuñado durante el siglo, 20000 pesetas.


Para el diseño de este billete tenía representada la efigie del rey por manos de Pablo San Pedro en el anverso, mientras que por el lado contrario aparecía un retrato del Conde de Floridablanca, obra de José López L. Pávia.


José Moñino y Redondo, I Conde de Floridablanca, fue un importante político español del s. XVIII durante el reinado de Carlos III. Tuvo un papel muy implicado en las relaciones entre el Estado y la Iglesia, consiguiendo la disolución de la Compañía de Jesús. En política exterior fue un defensor de la independencia de las Trece Colonias (futuros EEUU) en colaboración con éstas y con Francia en contra de la supremacía inglesa, recuperando durante el conflicto Menorca y Florida de las manos inglesas (aunque no Gibraltar) y Annobón y Fernando Poo de los portugueses. 
No sería la primera vez que el busto del Conde Floridablanca hubiera aparecido en la notafilia española, pues ya en 1884, durante el reinado de Alfonso XIII, se le dedicó un lugar en el billete de 500 pesetas.


Este proyecto fue retrasado en varias ocasiones para ser finalmente pospuesto ante la necesidad más imperiosa de elaborar la segunda serie de billetes, con la temática dedicada al Quinto Centenario del Descubrimiento de América. 

Las únicas pruebas conocidas hoy en día se encuentran en el museo de la Casa de la Moneda, no tengo constancia de que haya aparecido ejemplar alguno en las subastas de los últimos años.

19 febrero 2011

20€ 2011. Clara Campoamor

Gracias a boikot y su blog Numismática Visual por ser el primero en subir las imágenes de la próxima emisión de la FNMT para la moneda de plata de 925‰ con valor facial de 20€, cuya tirada se prevé para finales del próximo mes de marzo y que ya podemos encargar durante estas dos semanas en nuestras sucursales. Para más detalles con las fechas y descargaros la orden del BOE os recomiendo visitar su blog.


En mi opinión es una moneda con un diseño insulso, por no decir que Clara aparece retratada de forma tosca e, incluso, caricaturizada; de todas formas esto es a lo que nos tiene acostumbrados en la FNMT desde que pasamos de la peseta al euro, con unos diseños cada vez más simples y menos cuidados en sus detalles. 

La historia de este diseño se remonta a junio del 2007, cuando el PSOE consiguió aprobar una proposición no de ley mediante la cual se pretendía modificar los diseños de los euros de forma que el busto de una mujer sustituyera al de Cervantes en las monedas de 10, 20 y 50 céntimos con la finalidad de llegar a una paridad hombre-mujer en todos los ámbitos de la sociedad. Aunque fue aprobada con la abstención del PP al requerir éste una lista con todas las candidatas, la proposición mostró ser un sinsentido más de aquel Ministerio de Igualdad al ser en la práctica una proposición descabellada en la que el Ejecutivo no tendría posibilidad real alguna de llevarla a cabo hasta el año 2009 como muy pronto, año en el que el BCE autorizaría a modificar los diseños de los circulantes de aquellos países que lo solicitaran, lo cierto es que en 2010 se modificaron los euros españoles y Cervantes siguió en nuestras monedas, mientras que a Clara se le dio una nueva oportunidad este año con el Centenario del Día Internacional de la Mujer, en forma de moneda conmemorativa. 

Clara Campoamor nació en Madrid en 1888 en una familia humilde. Desempeñó trabajos de costurera junto a su madre, dependienta, telefonista y secretaria en el periódico La Tribuna, donde empezó a relacionarse con personalidades de la política. Tras aprobar el bachillerato en 1922 se matriculó en la Facultad de Derecho de Oviedo, acabando sus estudios en Madrid dos años más tarde. Empezó a trabajar enseguida como abogada defendiendo las causas de las mujeres, siendo una de las poquísimas mujeres licenciadas de la época.

Defensora de los derechos de la mujer, se acercó a la causa del PSOE aunque nunca se incorporó al partido ni les perdonó el haberse confabulado en la Dictadura de Primo de Rivera. Posteriormente colaboró en la creación de Acción Republicana y, al proclamarse la II República, obtuvo un escaño de diputada (aunque las mujeres no podían votar sí podían ostentar un cargo político) con el Partido Radical por afinidad a una ideología republicana, liberal, laica y democrática.

Trabajó en el desarrollo de la Constitución del 31, en donde logró sacar adelante la no discriminación por razón de sexo, la igualdad jurídica de los hijos e hijas habidos dentro y fuera del matrimonio, el divorcio y el sufragio universal. Consiguió todo, excepto lo relativo al voto, que tuvo que debatirse en el Parlamento. 

El voto femenino solamente estaba muy poco apoyado por la izquierda, exceptuando a unos contados socialistas y republicanos, al considerar que la mujer estaría muy influida por la derecha y la iglesia. Su propio partido la enfrentó con otra diputada de sus filas que era contraria al voto femenino, Victoria Kent, para que defendiera en debate el derecho o no al voto femenino. Tan brillante fueron sus alegatos que la proposición fue aprobada con el apoyo de la derecha y parte de los socialistas y republicanos.

Este éxito supuso, paradójicamente, el final de su carrera política, en 1933 no renovó su escaño de diputada con los radicales, y, en las elecciones del 34 abandonó el partido por su coalición con la CEDA e intentó ser admitida en Izquierda Republicana, solicitud que le fue denegada.

Al estallar la guerra civil se exilió a Suiza, donde moriría en 1972 sin haber regresado jamás a España. Hoy, sus restos, descansan en San Sebastian.

“Resolved lo que queráis, pero afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad de género humano en política, para que la política sea cosa de dos, porque solo hay una cosa que hace un sexo solo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común, y no podéis venir aquí vosotros a legislar, a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras.”

15 febrero 2011

Gil Eanes y el cabo Bojador


En 1434 el capitán portugués Gil Eanes consiguió un hito en la historia de los Descubrimientos al ser el primero en conseguir navegar más allá del cabo Bojador (Sáhara occidental). Con motivo de esta hazaña en 1987 se emitió una moneda conmemorativa de 100 escudos en cuproníquel de Ø=34mm, la cual adquirí hace un mes escaso y gracias a la cual aprendí  la historia que hoy os cuento aquí.




Este promontorio, también conocido como cabo Não o cabo del Miedo, hacía honor a este segundo nombre, pues hasta entonces cientos de embarcaciones se habían hundido en la zona, creando el mito de que en esa región vivían monstruos marinos. La realidad, aunque más prosaica, nos habla de una geografía de un enorme oleaje con una línea de arrecifes que a 25km del cabo, en alta mar, presenta una profundidad de tan solamente dos metros, por si fuera poco, los vientos de cabotaje predominantes soplan durante todo el año con componente noreste, para después virar bruscamente de dirección, empujando las embarcaciones a través del océano Atlántico hacia un Sur totalmente ignoto, del que sólo se conocía por antiguos relatos árabes que sería una zona tórrida, donde los hombres se tornaban negros, donde había ríos de fuego que descendían de las montañas y donde el mar estaba tan caliente que quemaba las naves.

No es descabellado imaginar, pues, que el famoso lema “non plus ultra” y el fin del mundo se refirieran por entonces a este punto geográfico, que era una barrera más mental que física en la carrera de expansión del mundo conocido y una barrera que durante 9 años se intentó sobrepasar con el patrocinio del Infante Enrique “El navegante”.
Gil Eanes fue audaz, atrevido incluso, gobernando una barca más adecuada para la navegación fluvial que para alta mar, decidió alejarse todo lo posible de la costa, prefiriendo arriesgarse en medio de océano desconocido antes que con la barrera conocida que era el cabo; tan sólo después de un día de navegación por la zona, viró de nuevo hacia el suroeste, entrando de lleno en los nuevos y esperados territorios africanos.


Hoy puede parecernos que Gil Eanes tomó una alternativa simple, una hazaña trivial, pero no debemos olvidar que estamos hablando de una época en la que la navegación se hacía próxima a la costa y a vela; virar contra el viento para regresar a zona conocida era, en muchos casos, imposible, mientras que el tonelaje de los barcos no era desde luego el idóneo para aventurarse en medio del Mar Tenebroso.


 


Mar Portugués

Ó mar salgado, quanto do teu sal
São lágrimas de Portugal!
Por te cruzarmos, quantas mães choraram,
Quantos filhos em vão rezaram!
Quantas noivas ficaram por casar
Para que fosses nosso, ó mar!


Valeu a pena? Tudo vale a pena
Se a alma não é pequena.
Quem quer passar além do Bojador
Tem que passar além da dor.
Deus ao mar o perigo e o abismo deu,
Mas foi nele que espelhou o céu.

Fernando Pessoa

10 febrero 2011

La refundición de dos pesetas

Con la guerra prácticamente decidida a favor del bando nacional, en 1938 José Larraz, recién llegado al Servicio de Estudios del Banco de España, redactó en su Estudio sobre la restauración de la comunidad dineraria española las consecuencias derivadas de la división monetaria sucedida 2 años antes y un plan de acción con el que abordar la reunificación monetaria en todo el territorio español.

De las tres opciones que Larraz propuso, dos fueron descartadas desde el inicio por el propio autor; ni se reconocería a la peseta republicana con una paridad equivalente a la nacional ni tampoco perdería totalmente su valor; quedando únicamente la opción de emplear una escala que contemplara las equivalencias entre ambas monedas.

Esta decisión, técnicamente correcta desde un punto de vista teórico de la economía se acabó saldando con la pobreza absoluta de gran parte de la población española, que se concentraba preferentemente en la zona republicana como veremos a continuación.

Según avanzaba el año 38 así lo hacían las tropas nacionales, anexionando territorios en una auténtica guerra de desgaste y, mientras la zona republicana adolecía de una inflación galopante, el valor de la peseta nacional estaba más estable; era imposible realizar tal conversión según iba avanzando la conquista y el problema de cambio se decidió posponer hasta el final de la guerra, con la ventaja de que el valor real de la moneda enemiga para entonces sería muchísimo menor de continuar el crecimiento inflacionario, suceso prácticamente seguro.

El 13 de octubre de 1938 se aprobó la Ley de suspensión de determinadas obligaciones de pago de dinero nacidas bajo el dominio enemigo (la famosa Ley de Bloqueo) con la que se regularizaba el bloqueo de las cuentas bancarias comenzadas ya el 1937 y las obligaciones de las entidades de crédito con el gobierno republicano. Para complicar más la situación, estaba totalmente vigente un decreto-ley fechado el 12 de noviembre de 1936 que promulgaba la invalidación de cualquier billete del Banco de España de la República cuyo número de serie indicara que fuese emitido a fecha posterior del 18 de julio de 1936, siendo totalmente nulos, por tanto, nuevas emisiones o series con las que el bando republicano intentó solucionar la carestía de monetario en sus territorios.

Fue una situación insostenible durante dos largos años para más de la mitad del territorio, que de un día para otro se vieron condenador de forma indeterminada, todos sus ahorros bancarios estaban congelados, y la decisión de cambiarlos por dinero republicano supondría la automática pérdida de su valor. Leyendo otros blogs me encontré con historias desgarradoras como campesinos que habían comprado un par de pianos, pensando que mejor un bien tangible antes que un montón de papeles que no valdrían absolutamente nada; y, por supuesto, con ladinos personajes que, aprovechando la desesperación de la gente, compraron posesiones enteras a precios de saldo con dinero legal. Todo ello contribuyó sobremanera al incremento de la inflación en zona republicana.

No fue hasta mediados de 1939, ya acabada la guerra, cuando Larraz, desde el Ministerio de Hacienda, decidió comenzar a resolver este problema, aunque hasta diciembre del mismo año no se comenzaron a suceder los primeros desbloqueos de la forma que sigue:

- Para billetes anteriores al 18 de julio de 1936 se respetó su valor íntegro, siendo canjeados por nuevos diseños.

- Toda la masa monetaria (unos 13000 millones de pesetas) con números de serie posteriores al 18 de julio y todas las nuevas emisiones quedaron sin valor alguno. A este volumen hubo que añadir los vales locales y emisiones de emergencia, siempre prohibidos por ambos bandos.

- Las cuentas bancarias se desbloquearían aplicando un coeficiente reductor, de tal forma que todo ingreso entre fecha de 19 de julio de 1936 y 31 de octubre de 1936 se le aplicaría una devaluación del 10%, con sucesivos incrementos hasta que llegar a un 95% para aquellos ingresos posteriores al 1 de enero de 1939.

- Se estipuló que “gozarán de preferencia los titulares empresarios sobre los no empresarios” y sobre los que se les intentó una conversión paritaria lo más satisfactoria posible a costa del resto de cuentas bloqueadas. Si aún con ello no se estuviera satisfecho se permitía una “revisión compensatoria”.

- Una vez desbloqueadas las cuentas se decidió quien tenían y no derecho a recuperar el dinero, de tal forma que la adscripción política era un punto a tener en cuenta. El haber participado de forma voluntaria con la República suministrando vehículos, explosivos o material de guerra, era motivo para perder todo derecho en cualquier reclamación, pasando ese dinero a un fondo común llamado “desbloqueo de improtegibles”. Los deudores de este dinero debían demostrar haberse visto coaccionados en la venta, con lo que en la práctica muchas de estas deudas quedaron totalmente anuladas.

Había pasado casi un año desde el final de la guerra, y las consecuencias fueron terribles para miles de personas, el propio Larraz cifró como improtegibles unos 3000 millones de pesetas particulares y 6000 para entidades de crédito.

Y aunque más de uno pensó ser el más inteligente y se dedicó a guardar todo el circulante que pudo en plata de los gobiernos anteriores, la ley el 20 de enero de 1939 había privado de curso legal a todas las monedas de plata, obligando, bajo la amenaza de duras penas, a su devolución y sustitución por monedas de cuproníquel para poder pagar la reconstrucción del país.

Gráfico 1: evolución de la inflación de la peseta nacional durante

la Guerra Civil y los años de la Posguerra

05 febrero 2011

El crimen de la calle de la Balconada y la enemistad entre Pedro I y Enrique II

Aquella semana que pasó el rey Pedro I en Compostela mientras se ultimaban los preparativos para trasladarse a Bayonne, en busca del apoyo inglés para su causa no se limitó a otorgar títulos, también indujo a la comisión de un horrible crimen que, años más tarde, sería transformado en leyenda, como suele suceder.

Regía en este tiempo, la sede catedralicia de Santiago, el arzobispo Suero Gómez, que con sus 30 años de edad fue uno de los prelados más jóvenes que la hayan gobernado. Cuando el rey llegó a las puertas de la ciudad, D. Suero Gómez salió a recibirlo con doscientos hombres a caballo, retirándose, al acabar, a su residencia en el castillo da Rocha Forte, mientras que el rey se alojaba en San Martiño Pinario. Allí celebró consejo con Fernando de Castro, Suero Yáñez de Parada, Mateo Fernández y Juan Dente, para tratar la manera de frenar a los afines a la causa de Enrique en Galicia, entre los que se encontraba Suero Gómez. Algunos hablaban de encarcelarlo, pero la mayoría prefería la opción de eliminarlo, decisión que finalmente fue adoptada, encargando tal tarea a Fernan Pérez Churruchao y Alonso Gómez Gallinato. Y para perpetrar tal acto citaron al arzobispo el día 29 del mes, que acudió acompañado del deán de la catedral Pedro Álvarez.

La elección de estos dos personajes no está muy clara, según algunos historiadores, junto con su amistad por el monarca había un sentimiento de venganza en la familia Deza-Churruchao, a la que ambos pertenecían, contra las cabezas eclesiásticas que gobernaban la ciudad, que se remontaba a 1317, año en el que otro asesinato había conmocionado la ciudad prisciliana cuando la enemistad entre el pueblo y Alonso Suárez de Deza y el nuevo arzobispo Berenguel de Landoira se saldó con el asesinato del primero entre las murallas del castillo de la Rocha Forte.

En aquellos tiempos no existía la plaza del Obradoiro, sino que delante de la catedral se erguían un montón de chabolas con huertos que solían dar posada a los peregrinos que de toda Europa llegaban; en una de ellas se escondieron los dos sicarios y, en cuanto cruzó el prelado, lo acuchillaron sin piedad hasta la muerte, mientras el rey Pedro observaba, impasible, los hechos, desde las torres de la catedral. El deán, perseguido por Gómez Gallinato, logró esconderse en la catedral, pero fue acuchillado delante del altar mayor. Aunque los dos asesinos fueron excomulgados, aprovecharon para huir hacia Ponte Ucha entre el clamor popular mientras se daba sepultura al arzobispo en el Claustro Novo.



Sea como fuere, esta negra historia conocida en la ciudad compostelana, acabó derivando en leyendas sobre el crimen de la Balconada, que tras haber sucedido fue limpiada con sal y cerrada, aunque tal calle jamás existió. Se contó que en una ocasión un noble había solicitado audiencia ante el rey reclamando justicia contra un obispo enamorado de su hermana que mantenía cautivo al padre de los dos hermanos; la respuesta del rey fue clara: “mátalo allí donde lo encuentres”. El día de San Pedro lo encontró en la calle de la Balconada y allí lo mató. Toda Compostela quedó conmocionada con el crimen, cerrando casas e iglesias, teniendo que desplazarse los feligreses al vecino pueblo de Conxo para escuchar misa, derivando de esta leyenda el dicho “Vaiche na misa de Conxo” para referirse a una pérdida de tiempo, tal y como lo tenían que perder aquellos que entre ir y volver andando hasta allí les pasaba el día.

Otra versión, mucho más breve, sitúa el asesinato en la procesión del Corpus, en cruzando la calle de la Balconada hacia la rúa Nova un noble señor salió al paso del eclesiástico, asesinándolo, dando lugar a las tonadillas:

“Adeus rúa Nova fermosa, na rúa da Balconada mataron a un arcebispo e foi por una madama”.

“Preto da rúa do Villar, na rúa da Balconada, mataron al arcebispo, por celos de una madama”

Muchas veces el imaginario popular tiene historias que merecen ser recordadas, en eso Galicia es una maestra.

04 febrero 2011

Real de Enrique II, ceca de Santiago de Compostela

Las inminentes subastas de Áureo para el próximo 17 de marzo contienen una selección de, como ya es habitual en ellos, magníficas piezas. Hoy me gustaría dedicar la entrada a una moneda tan gallega como este Real de Enrique II, acuñado en Santiago de Compostela, que saldrá por 900€, veremos cómo se remata.
(AB falta)
Plata
3.44g
MBC+
Anverso: EN coronadas. DOMINOS MIC I AIVTOR NON/ TIME O ENMICVS M.
Reverso: Castillos y leones cuartelados, venera debajo. RNCVS REX CASTELL LEGIO. (leyenda invertida)


La historia de esta moneda está llena de sangre, traiciones y enfrentamientos que guardan un gran paralelismo con el golpe de estado dado por Francisco Franco, casi 600 años más tarde, al ser el territorio español un campo de batalla más en el juego de poder y aliados que llevaron a Francia e Inglaterra, inmersas en la Guerra de los Cien Años, a apoyar uno u otro bando en función de sus intereses.
La relación del hijo de Alfonso XI y su amante Leonor Núñez Guzmán Ponce de León con las tierras galaicas comenzó con la herencia del condado de Trastámara (Tras [el] Tambre) y los señoríos de Lemos y Sarria, que, junto al señorío de Noreña y las villas de Cabrera y Ribera conformaron un enorme patrimonio en el noroeste peninsular. No fueron los únicos títulos que acumuló de su padre, por lo que acabó ganando la enemistad de la reina María I de Portugal, esposa de Alfonso XI, y del hijo de ambos y heredero a la corona castellana, Pedro I.
Ante la muerte del padre de ambos en 1350, no apenas había sido enterrado y Enrique, junto a su madre y sus hermanos, huyeron ante el miedo a las represalias que pudiera tomar Pedro I en venganza a los favores antaño recibidos. Los siguientes años supusieron el advenimiento de la Guerras Civiles castellanas ante la confusión e intereses de la época en uno u otro candidato al trono, el legítimo Pedro I, apoyado por el pueblo, o el bastardo Enrique II, que contaba con el favor de amplios sectores de la nobleza. Entre ellos siempre hubo una relación tensa y tirante, con periodos de apoyo mutuo alternados con rebeliones manifiestas.
En 1351 Leonor, madre de Enrique, fue encarcelada y ejecutada por su relación con las instigaciones y sublevaciones que azotaban a Castilla, Enrique, ante este suceso, huyó a Portugal, para regresar en 1352 a Castilla, perdonado por Pedro I; ese mismo año se sublevó en Asturias, arrepintiéndose al poco tiempo de sus actos ante el rey y volviendo a contar con su favor real. En 1354 los actos de destitución del, hasta entonces favorito del rey, Albuquerque y la pérdida del apoyo de Francia, sirvieron para que Enrique apoyara a Pedro en la vigilancia del antiguo favorito, que se había refugiado en Portugal; tras su muerte pasó a liderar la rebelión antes dirigida por Albuquerque, estallando la Primera Guerra Civil Castellana. Un año después del levantamiento Enrique debe huir a Francia, aliada suya.
No duró mucho la calma en Castilla, pues se enzarzó en una guerra con Aragón, que aprovechó Enrique para reintentar la conquista de las tierras castellanas; ambas tropas batallaron en las cercanías de Nájera, teniendo Enrique que refugiarse en la ciudad ante la derrota infligida por su hermanastro. Inexplicablemente, la decisión de no tomar la ciudad salvó la vida a Enrique, que aprovechó la primera ocasión para huir de nuevo a las seguras tierras de Francia.
Un último intento de sublevación, contando con el apoyo combinado francés y aragonés, consiguió deponer finalmente a Pedro I, quien tuvo que huir a través de Portugal hasta las tierras de Galicia, mayormente favorables a su persona, embarcándose en el puerto de a Coruña a Bayonne para reunirse con sus aliados ingleses, no sin antes ordenar las muertes del deán de la catedral y del arzobispo de Compostela Suero Gómez al saber que éste último apoyaba la causa del que había sido coronado como Enrique II, primero de la dinastía Trastámara.

01 febrero 2011

10 céntimos 1938 de la II República Española

Que la numismática es una ciencia auxiliar de la historia parece, muchas veces, obviarse a la vez que olvidarse y, sin embargo, si no fuera por el estudio, más o menos sistematizado, de esas pequeñas piezas y a la enorme labor que realizan, realizamos, los coleccionistas una gran parte de nuestra Historia de España estaría oculta en las brumas del tiempo.

Cuando era más joven y llevaba poco tiempo dedicado a este hobby siempre acababa ojeando mi catálogo por la sección de las monedas acuñadas por la II República Española, unas monedas que siempre me llamaron la atención y que me parecen muy bonitas por su sencillez y baratas de adquirir, incluso en calidades SC. Si las circulantes no estuvieran rodeadas de un conjunto de variantes, pruebas y errores de acuñación, sería un conjunto de monedas de las que seguramente sólo se acordarían unos pocos.



Hace algunas semanas surgieron los 10 céntimos de 1938, gracias al enorme nivel que tienen sus participantes he podido aprender más sobre ella, tanto como para poder resumir las intervenciones a ella dedicadas.

Es una moneda muy rara, de la que yo sólo conseguí ver un ejemplar subastado pero que aparece citado en muchos catálogos normalillos y en alguno de mayor prestigio, como el elaborado por Calicó; con una tirada cifrada en 100-1000 unidades es una moneda que suele venderse por unos 2000€, un precio en el que caen muchas de las pruebas no adoptadas que se hicieron en esta época pero no una moneda circulante que se supondría, a priori, corriente y usada.

Pero en numismática no basta con conocer la existencia o inexistencia de una determinada moneda, es necesario saberla situar en su contexto histórico y, más importante y complicado, conseguir trazar su camino para poder llegar a una conclusión. Los primeros ejemplares encontrados fueron por los años 80 del pasado siglo, razón suficiente para que muchos las pongan en cuarentena. El que esté elaborada sobre un metal pobre como el hierro está en consonancia con la época; en plena Guerra Civil y con el gobierno legítimo recibiendo varapalos en uno y otro frente por parte del bando nacional no se podía estar pensando en acuñar una moneda fuerte. Pero lo que más extraña y hace dudar de su autenticidad es el diseño que tiene.


Pruebas de diseño para el nominal 10 céntimos, finalmente no adoptadas. Recogidas en el catálogo de Aledón 2005.

Se considera un diseño novedoso, por anverso y por reverso, lo que significó tener que elaborar cuños en un momento en el que lo más común fue emplear los que ya se disponían para salir del paso. Curiosamente fue un periodo muy rico en pruebas con diseños muy diferentes que jamás llegaron a adoptarse y que fueron ordenadas por el Gobierno con la finalidad de emitir fraccionario menor que la unidad para sanear un comercio que había regresado al trueque, intercambio y uso de monedas fiduciarias sin valor legal. La mayoría de estas pruebas puede verse que recuerdan, total o parcialmente, a alguna moneda preexistente; excepto nuestros 10 céntimos protagonistas; sin embargo no podemos simplemente desecharlos por no parecerse a ninguna otra, ¿acaso no deberíamos entonces rechazar los 25 céntimos alfonsinos de 1925 y 1927, por ejemplo?


10 céntimos en cobre, 1937. Prueba no adoptada realizada en la factoría C (Castellón) a partir de unos cuño elaborados en Madrid. Alcanzó un precio de 1500€ en la subasta Hispania.


Otro de los detalles es que muchos argumentan que no se sabe cuál es el anverso y cual el reverso, que el resto de numerario español de épocas próximas mantenía en el reverso valor y el escudo, reservando el anverso para la fecha y la cara del gobernante o alguna alegoría. De nuevo, se puede contraargumentar con la existencia de monedas ampliamente conocidas y que no cumplen éste estándar, tales como son los 5 céntimos y la peseta de 1937.

Lo que ya es más difícil explicar es la idea común de que fue una moneda circulante que, sin embargo, no se recuerda, ya no en regiones aisladas y rodeadas de las tropas nacionales, que sería comprensible, sino siquiera en localidades próximas a las localidades donde se establecieron las cecas de la época, lo cual sí es extraño. Junto con que tampoco exista decreto alguno para ella, aunque pudo haberse perfectamente perdido son, quizá, los dos argumentos más difíciles de rebatir y que más peso tienen para considerarla como una acuñación de fantasía.

No he tenido más remedio que modificar mis anteriores impresiones para declararme escéptico sobre ella, a la espera de nuevos datos, que probablemente nunca lleguen, con los que llegar a una conclusión más fundamentada. En definitiva, aunque tanto una como otra decisión pueden ser mantenidas con argumentos razonables, la historia que rodea a los 10 céntimos no deja de tener sus momentos oscuros.


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