30 marzo 2011

Serie Euro España 2011

Photoshop es uno de mis hobbies; paisajes y retratos fueron mis primeros retoques. Pero desde luego, ¿qué me impedía diseñar nuevas monedas? Y para ello los euros son unas monedas muy apropiadas para retocar.


Sólo me queda compartir con vosotros estas fantasías que espero que os gusten; espero que las sigais y comenteis para seguir mejorando en las siguientes series.




Serie Euro España 2011


La primera serie pretende ser una triada conmemorativa, de tal manera que los céntimos de cobre son un recordatorio de aquellas monedas de las dos repúblicas.




10, 20 y 50 céntimos de euro hacen un breve recorrido por la Historia de España, comenzando por el famoso jinete y lanza, ya aparecido en las monedas del Estado Español, cuyo origen está en las primeras monedas que llegaron al territorio. El Cid fue un gran personaje en la Edad Media, y desde luego creo que merece nuestro reconocimiento. Por último, una de mis favoritas, los 50 céntimos tipo Columnario; una moneda que fue apreciada mundialmente en todos los mercados y hoy es un recuerdo nostálgico de la época en que España era el imperio donde nunca se ponía el sol.



 

Por último, dos monedas que pretenden mostras una competividad, ¿monarquía o república? Dejando de lado mis preferencias creo que estamos en una época en la que plantear este debate es muy necesario, ya no sólo con la forma de gobierno, también reorganizando el sistema de partidos políticos, cada vez más corrompido. Estas dos piezas pretendo que sean un recordatorio de esta tesis.

27 marzo 2011

La Unión Monetaria Latina



Gracias a Laureano Figuerola, Ministro de Hacienda en el Gobierno provisional que había surgido tras el derrocamiento de Isabel II, se creó la peseta como unidad monetaria del país. Las razones de unir la recién creada moneda a la Unión Monetaria Latina (UML) era ofrecer una imagen de modernidad, mantener las buenas relaciones del momento con Francia y la facilidad que ofrecía para un Estado con escasos recursos poder acuñar simultáneamente en dos metales. Este Tratado internacional, sin embargo, trajo bastantes problemas para nuestra moneda.


En 1865, Francia, Bélgica, Italia y Suiza habían firmado un acuerdo en el que se comprometían a amoldar sus divisas nacionales a un estándar bimetálico oro/plata en un ratio 1: 15.5 (1g oro: 49.8217g plata), tomando como igualdad 1:1 las unidades monetarias de cada nación y permitiendo la libre circulación. Esta paridad se tomó teniendo como referencia el franco francés y su sistema decimal, el cual había sido, a su vez, copiado en 1795 de los Estados Unidos de América. Muchos países se fueron uniendo sucesivamente a la UML, aunque potencias como Reino Unido o EEUU nunca se adscribieron a la UML; el primero debido a la necesidad de reducir el contenido en oro en menos de un 1% en 1 libra esterlina para igualarla a 25 francos y el segundo, aunque lo intentó de forma oficial, de facto ya presentaba una paridad dado que 1$ eran 5 francos. Otros países, como Rusia, Finlandia o el Imperio Austro-Húngaro se unieron al sistema y adoptaron medidas, leyes y peso, aunque la equivalencia entre las unidades nunca fue en una relación 1: 1 al no modificar valores tradicionales al sistema decimal y sus monedas no circulaban libremente por todos los territorios de la UML:




Adolfo en esta entrada enumera de forma magnífica algunas de las ventajas que supuso esta medida en el comercio, al menos durante el inicio aunque yo personalmente creo que el sistema trajo más inconvenientes que ventajas, desde el inicio mismo de la adscripción a la UML hubo que bregar con la constante devaluación de la plata frente al oro, con la ganancia que suponía mantener fijo  el tipo de cambio plata/oro, muy aprovechado por los comerciantes germanos. Por si este problema fuera poco, los Estados Pontificios del Vaticano tomaron la decisión unilateral de reducir el contenido en plata de sus monedas al 800‰, que luego eran intercambiadas en otros países que las habían acuñado correctamente en beneficio de las arcas de la Santa Sede. Francia y Suiza, por ser las economías más fuertes, fueron acumulando dentro sus fronteras las monedas de oro. El sistema estaba amenazado por colapsarse y no habían pasado ni diez años hasta que, en 1873 se decidió establecer el patrón oro únicamente.

Sin embargo muchas acuñaciones siguieron su curso manteniendo los patrones que la UML había establecido, hasta que en 1927 se abolió formalmente. España, por ejemplo, siguió acuñando moneda con especificación de la UML hasta 1926, con los 50 céntimos de Alfonso XIII en plata 835‰.




Siempre tuve la idea de que nuestra peseta era una moneda muy devaluada, y ciertamente lo fue pero no tanto como la tenemos en el imaginario popular; en 1876 España unió su moneda al Patrón Oro, que mantuvo hasta 1883, último año en que fue posible realizar esta convertibilidad. Durante la crisis del 98 con la guerra de Cuba la cotización de la peseta en el mercado cayó por algunos meses, para después restablecerse; sin embargo, el haber sido un país neutral durante la I Guerra Mundial le otorgó a la peseta un valor de refugio para el resto de países europeos, los cuales, aunque en teoría seguían ligados al Patrón Oro, habían emitido tal cantidad de papel moneda para financiar la guerra que ya no había garantía alguna de intercambio por el metal noble. 

Por culpa de la inflación en la Guerra Civil y el aislamiento internacional que sufrió el país durante los primeros años del Franquismo, la cotización de la peseta quedó fuera del mercado internacional; dentro del país la propia moneda estaba muy sobrevalorada (10.95pts=1$), existiendo además múltiples tipos de cambio según la divisa a tratar en un sistema nada cómodo. La reapertura al mercado en 1959 llevó a una regularización que más o menos se mantuvo hasta 1999, año en que se realizó la integración con el euro a un tipo de cambio de 166.386pts.



Podría parecer que nuestra “lenteja” se quedó en nada, pero si la comparamos con las monedas fuertes de los tiempos de la UML veremos que en el año 2002 por una peseta se habían de cambiar pagar 3,9424 francos (de los comparables, es decir de los francos viejos cuyo valor se multiplicó nominalmente por 100) y 11,6372 liras italianas. Nada mal, ¿verdad?

22 marzo 2011

1 rubia, la peseta de Negrín

Si tuviera que escoger un periodo numismático del pasado siglo XX me quedaría sin duda con el perteneciente a la II República; a muchos les puede chocar y argumentarán que no hay comparación con la belleza de los oros, pesetas y duros del centenario, incluso me dirán que, puestos a elegir simbología republicana por qué no fijarme en las piezas del Sexenio Revolucionario. Y tienen toda la razón, todo ese compendio numismático del llamado Centenario es un nostálgico heredero directo del prestigio de la moneda española en el mercado internacional. 

Unos pocos seguramente entiendan mi preferencia por unas monedas de materiales pobres, inmersas en la transición desde el valor intrínseco al fiduciario, con diseños flojos y toscamente elaborados que dieron lugar a un sinfín de variantes. Pero estas monedas, que circularon apenas 7 años contienen una carga histórica como pocas. Para la entrada de hoy escogeré una de las más sencillas pero cuyo nombre ha quedado en el imaginario popular hasta hoy: la rubia.

La rubia o peseta de Negrín (por Juan Negrín, presidente de la II República con el que se acuñó) fue una pieza con la que se buscó sustituir el acaparamiento de la peseta de plata del 33 e intentar subsanar la falta tremenda de circulante de valor menor a las 25 pesetas en billete. Fue acuñada de manera más bien improvisada en la factoría C de Castellón, en idéntico módulo y peso que su rica hermana (23mm, 5g), pero en material más pobre como el latón, lo que le daba un tono dorado; aunque se conocen piezas de níquel, éstas son pruebas rarísimas y caras. 




Los troqueles ya habían sido elaborados anteriormente en Madrid junto los de unos 50 céntimos que finalmente no fueron empleados. En el anverso presentaba el busto de una mujer, alegoría de la matrona Hispania,  con los cabellos sueltos, mientras que en su reverso, a la derecha del valor, presentaba el dibujo de una vid. Por su color y diseño pronto se hizo muy famosa recibiendo el apelativo de rubia y de la que se decía que era la perdición del hombre, pues era dinero, vino y una mujer rubia.



¿No habéis notado nada raro en la imagen anterior? Seguramente la volváis a mirar más fijamente y os fijéis en que aparece la leyenda Republique Française. No, no es un error, curiosamente en 1950 Francia acuñó en una aleación de bronce-aluminio monedas de 20 y 50 francos con un anverso prácticamente idéntico al realizado por España 13 años antes; ¿casualidad? Aunque se podría alegar que es Marianne, quien ya apareció desde todos los ángulos posibles en las monedas francesas yo creo que no fue simple azar; la leyenda está situada en curva del lado izquierdo, de igual manera y el campo está rodeado de una grafila de rectas discontinuas muy particular que solamente he visto en nuestra rubia con anterioridad.




Si conocemos que, aunque durante la guerra Francia se declaró neutral e impidió el paso de los exiliados republicanos por sus fronteras, tras finalizar la II Guerra Mundial y, gracias al apoyo de México, fue favorable a aislar el régimen franquista internacionalmente y reconocer como legítimo al Gobierno Republicano en el exilio; permitiéndole situar su sede en territorio francés en 1946, hasta que en 1951 dejó de tener una presencia internacional relevante, disolviéndose definitivamente en 1977, no podríamos preguntarnos...

¿Una forma de ridiculizar a Franco por sus amenazas imperialistas en Marruecos y sus pasadas relaciones con la Francia de Vichy? ¿Un intento sutil por parte de Francia de homenajear a la República Española y disculparse por no haberla apoyado durante la Guerra Civil?

17 marzo 2011

Morabetino (I)

Muchas búsquedas con la palabra “morabetino” remiten al blog hnumisma, imagino que debido a una de mis primeras entradas dedicada a la Serie de Tesouros Numismáticos que la INCM está emitiendo en euros para conmemorar las monedas más representativas de la historia portuguesa. Seguramente muchos de los lectores se sientieran algo decepcionados con el enlace dado que el morabetino no es la temática principal, aunque también sé que a más de uno le ha parecido una bonita manera de tener en su casa una  réplica contemporánea de esa magnífica moneda gracias a la colaboración entre INCM y el grupo Volte Face de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Lisboa.

La siguiente entrada está íntegramente dedicada a la pieza original portuguesa, dejando para otra ocasión el equivalente castellano (que también existe). Y nada mejor que comenzarla con el anuncio de que el próximo 14 de abril la prestigiosa casa Heritage Auction tiene a subasta un magnífico ejemplar del morabetino de Sancho I con una preciosa pátina y leyendas + SANCIVS EX RTVGALIS* en anverso y + NNIE PTRIS I FILII SP SSCIA (IN NOMINE PATRIS ET FILII ET SPIRITVS SANCTI AMEN) (EM NOME DO PAI E DO FILHO E DO ESPÍRITO SANTO AMÉN) en el reverso; suerte a los que se decidan a pujar. Los que puedan permitirse trabajar con estos presupuestos seguramente agradezcan saber que un segundo morabetino de Sancho I está actualmente a la venta por la casa Künker por unos 8000€-10000€, el uno o el otro supondrán todo un lujo para cualquier colección sobre la numaria portuguesa medieval.


Morabetino de D. Sancho I (1185-1211)

El morabetino fue la primera moneda de oro del Reino de Portugal, mandada acuñar por primera vez bajo el reinado de Sancho I, hijo de Alfonso Enríquez I (primer rey de Portugal), como una forma de  declarar la total independencia y soberanía del joven reino del de León. Al igual que la mayoría de sus vecinos ibéricos, decidió adoptar la métrica usada por los musulmanes, en simetría con el Dinar, pero con una simbología cristiana; el morabetino de Sancho I representa en el anverso la figura del rey, espada en mano, a caballo mirando a la derecha; mientras que el reverso contiene el que será, con variaciones, el símbolo de Portugal hasta nuestros días, los cinco escudos con las quinas (cuatro en este reinado) que representan los cinco reyes musulmanes asesinados en la famosa batalla de Ourique. El hecho de portar por primera vez el escudo nacional le otorga un fuerte simbolismo y por ello suele ser considerada la moneda por excelencia de Portugal. 

Actualmente se conocen algo más de un centenar de morabetinos de Sancho I, algunos en museos de prestigio como el British Musseum, con precios que suelen oscilar sobre los 10000€ y 20000€; es un dato curioso que en los últimos años están apareciendo en bastantes subastas ¿consecuencia de la crisis? y parece dar la sensación de que son abundantes, aunque la realidad es que se adjudican por precios muy superiores a los que se podían conseguir durante los años 50 (entre 3000 y 7000 escudos), lo que significa que son piezas realmente codiciadas.


Morabetino de D. Alfonso II (1211-1223)

Aunque con Alfonso II y Sancho II se siguieron acuñando morabetinos, éstos son tremendamente escasos, del primero únicamente se conocen los que se encuentran en el Museo Numismático Portugués y tres ejemplares más, que aparecen muy de cuando en cuando en alguna subasta, el último, subastado en el año 2006, se adjudicó por 150000€. 

Morabetino de D. Sancho II (1223-1247), único ejemplar conocido. Fotografía en B/N obtenida por jsalgado del catálogo Alberto Gomes 2007, (color dorado aplicado mediante photoshop).

De Sancho II solamente se conoce un ejemplar, actualmente en el Museo Numismático Portugués y es, por tanto, una pieza totalmente única que solamente allí podremos admirar.


12 marzo 2011

El nuevo circulante del Estado Español (II)

En la anterior entrada se abarcó hasta 1947, año en que la política española quedó afianzada y perfectamente definida, para entonces, por si había duda alguna, quedó claro que Franco sería el Jefe de Estado hasta el final de sus días.

El 27 de diciembre de 1947 una ley promovió la vigencia de la peseta de 1944, pero con un nuevo diseño, por primera vez se iba a grabar la efigie del jefe de Estado en el anverso. Para ello se decidió emplear un grabado de Mariano Benlliure que ha dado lugar a una de las monedas más caras de este periodo, la peseta de 1946. Personalmente considero a esta pieza una mezcla entre medalla (por su elevado relieve sobresaliendo del listel) y moneda que si salió a circulación fue por la impaciencia de ver la efigie de Franco en manos de todos los bolsillos españoles, lo cual era desde luego una perfecta jugada propagandística.




Con pequeñas modificaciones en el busto y adaptada a los requerimientos de las monedas por el grabador Manuel Marín, la efigie de Franco se empleó hasta bien entrados los años 60 en la fabricación de monedas de una peseta emitidas con las fechas de 1947, 1953 y 1963; 2.5 pesetas de cuproaluminio de 1953; 5, 25 y 50 pesetas de cuproníquel de 1957 y de 10 céntimos de aluminio de 1959.

Con la lenta pero progresiva recuperación económica de España se alentó la creación de un amplio sistema monetario empleando diversos materiales, en 1949 surgieron los 50 céntimos de cuproníquel en homenaje a la Marina, cuyo diseño tuvo que ser modificado al poco de comenzar las acuñaciones por considerar que el haz de felchas apuntando hacia abajo daba una imagen negativa del régimen, y las 5 pesetas de níquel en módulo "duro", a equivalencia de las elaboradas por los gobernantes anteriores en plata.





La industrialización y el despegue económico de los años 60 afectaron a la producción de nuevas aleaciones y empleo de maquinaria de calidad con la que abastecer el mercado. Todo el circulante se encontraba anticuado esta época, transmitiendo una imagen desmesurada y antigua de un Franco septuagenario, razón por la que en 1966 se empleó un nuevo busto más reciente en los 50 céntimos y las 100 pesetas de plata recién salidas a circulación; un año después, y con una nueva aleación de cuproaluminio, lo hicieron las últimas monedas de una peseta.

07 marzo 2011

Baiona; Festa da Arribada 2011

Todos sabemos que Colón y sus tres naves salieron del Puerto de Palos (Cádiz) el 3 de agosto de 1492; pero el primer lugar que tuvo constancia del regreso de esos bravos marinos auspiciados por la Corona de Castilla fue un pequeño pueblo gallego, cerca de la frontera con Portugal, Baiona.

Este fin de semana, como cada año, el pueblo vivió en medio de una fiesta ambientada en siglo XV y yo con ellos. Es uno de mis rincones favoritos para perderme, al que llevo yendo desde bebé y no pierdo ocasión de acercarme siempre que puedo. Fue un 1 de marzo de 1493 cuando arribó a la costa baionesa la carabela Pinta, comandada por Martín Alonso Pinzón y pilotada por Diego Sarmiento, natural de la villa. En conmemoración de este evento que cambió la historia del mundo y haría de España la más grande del orbe, junto con Portugal, cada primer fin de semana de marzo se celebra la Fiesta de la Arribada, de Interés Turístico Nacional desde 2010 y candidata a Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Baiona, a pesar de su pequeña extensión fue considerada un enclave estratégico desde la misma época de su fundación en el 140 AC. Conquistada por Recaredo en 587 y ocupada por los musulmanes en 730, vuelve poco después a manos cristianas por obra de Alfonso I. Gracias a Alfonso IX de León y la redacción de la Carta-Puebla Baiona tomó su actual nombre en lugar del que tuvo hasta entonces, Erizana, y junto a esto, un gran número de privilegios y fueros que hicieron de su puerto uno de los principales de Galicia.



Monumento dedicado a la figura de Alfonso IX y su otorgamiento de la Carta-Puebla

Alfonso XI, debido a las inquinas que tenía con el coetáneo rey de Portugal D. Alfonso IV mandó amurallar el castillo de situado en la península de Monte Boi, dando lugar a la conocida fortaleza de Monte Boi. Durante los enfrentamientos entre Pedro I (hijo de Alfonso XI y María de Portugal –hija de D. Alfonso IV-) y su hermanastro, que sería coronado como Enrique II, Baiona, se vio muy involucrada y afectada por las pretensiones al trono de ambos hermanastros y  por D. Fernando I de Portugal, que conquistó gran parte del sur de Galicia como reclamación de sus derechos dinásticos sobre la Corona de Castilla, estableciéndose en Monte Boi, hasta que las tropas castellanas lo forzaron a regresar de vuelta a Portugal.



De esta convulsa época tienen origen unas de las piezas más extrañas y codiciadas por los coleccionistas numismáticos de monedas galaicoportuguesas, los torneses y barbudas de Fernando I con cecas en localidades gallegas. En la foto 1 barbuda de Miranda (Portugal) o Milmanda (Celanova, Ourense), según autores.
Anverso: +SI : DNS : MICHI : AIVTOR : NON :TIME – Busto con yelmo y coronado, con ceca M a la derecha.
Reverso: + FERNADVS : REX : PORTVGALI.AL – Cruz de Cristo con el escudo de Portugal en el centro, acantonado por cuatro castillos.


Consecuencia directa de la Guerra de los Cien Años, los pactos y las mezclas de sangre entre dinastías fue que en 1388, el británico duque de Lancaster arribó a A Coruña con un ejército con la intención de conquistar el trono de Castilla para su mujer Constanza de Castilla (hija de Pedro I); A Coruña, Compostela, Pontevedra y Vigo van cayendo conquistadas, llegando a las puertas de Baiona con 1.000 arqueros consiguiendo, sin derramar una gota de sangre, que las autoridades de la villa se rindan. Lancaster consigue también pactar con el rey de Portugal para atacar al enemigo común y pide al rey de Castilla Juan I, que entregue a doña Constanza el trono. Éste propone mejor el matrimonio de su hijo Enrique III (de 10 años) con Catalina (cuatro años mayor), hija de Lancaster y Constanza, que es aceptada por todos y Lancaster instituye el título de Príncipes de Asturias que ostentarán por primera vez Enrique y Catalina. 



De esta breve incursión del Duque de Lancaster se conoce una única pieza de un real de plata acuñado en Coruña y subastado en 2002 por Jesús Vico.


Baiona estaba arruinada después de tres cuartos de siglo asolada por las guerras y no sería hasta 1425, con Juan II, cuando recibiría un fuerte espaldarazo en su economía al ser decretado que su puerto, junto con el de A Coruña, serían los únicos autorizados para el comercio marítimo de mercancías. Pocos años duró esta paz, pues las guerras irmandiñas y las luchas de los nobles por los derechos de sucesión de Juana la Beltraneja frente a su tía Isabel llegarían de nuevo a Baiona de mano de Pedro Madruga, quien en 1474 construyó y fortificó una nueva torre en el castillo de Monte Boi para defenderse de los ataques. 

Un año más tarde, los habitantes de Baiona toman partido por D. Alfonso V, rey de Portugal, en su lucha contra los Reyes Católicos. Finalmente, tras un prolongado asedio, el monarca y los baioneses, resguardados en la fortaleza de Monte Boi, deciden rendirse. Aún volvió a intentar cercar sus murallas en 1478 Pedro Madruga, pero se vio obligado a desistir ante las fuerzas reales. 

Ya bajo el yugo de los Reyes Católicos, el 1 de marzo de 1493 llegó a las costas de Baiona una carabela superviviente de la expedición que partiera casi un año antes de Huelva, se convertía así en el primer pueblo europeo en tener noticia de la noticia. En 1497, los Reyes Católicos concedieron a los 650 habitantes de Baiona el privilegio de exención de servir en la Armada de Castilla, licencia para emprender por su cuenta la guerra en corso y pasar a vivir dentro de las murallas del castillo de Monte Boi, en adelante renombrado de Monterreal y que actualmente es un parador de turismo. Igualmente, concedieron a Baiona los títulos de Noble y Leal Villa.



Momento de la representación teatral "Arribada do Descubrimento II" en la playa Ribeira

Os espero el año que viene para revivir una vez más la magnífica Historia de uno de los pueblos más preciosos de las Rías Baixas, por si esta entrada no os ha convencido, espero que la entrada que mi novia le ha dedicado al día que pasamos allí y este video promocional por si habéis hecho una buena venta de una moneda y quereis tomaros un merecido descanso con el Atlántico al frente sí lo hagan.


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03 marzo 2011

Presentación Fiesta Arribada Baiona 2011

La siguiente entrada pretende ser un aviso para todos aquellos lectores interesados por las fiestas locales de carácter medieval.

Esta semana se está celebrando en Baiona la llamada Fiesta de la Arribada, declarada de Interés Turístico Nacional el pasado año 2010. Para conocer más detalles os subo el siguiente vídeo promocional que espero os guste y os anime a visitar ese precioso pueblo y la fiesta que se celebra este fin de semana.

Por supuesto, la próxima entrada a subir será más amplia y dedicada a la los orígenes de la celebración de la Arribada desde el punto de vista de hnumisma. Para más información visitar la página web del ayuntamiento, desde donde podréis descargaros el díptico de las actividades que se harán.


video



02 marzo 2011

El nuevo circulante del Estado Español (I)

 “Toda guerra comienza con la emisión de papel moneda.”


Esta frase creo que es perfectamente válida para cualquier conflicto bélico moderno y desde luego la Guerra Civil no fue una excepción a ella. El circulante de la zona nacional comenzó aprovechando las emisiones en billetes preexistentes, obligando a revalidarlos por un mecanismo de estampillado en las sucursales que resultó ser bastante problemático debido a que los sellos en seco se borraban al poco tiempo por el uso, y los húmedos fueron desaconsejados desde el principio por el Banco de España.

Ante estos problemas y la escasez de reservas, que se encontraban recaudadas en Madrid, el Consejo de Burgos acordó en octubre de 1936 realizar una serie de gestiones con dos casas inglesas Bradbury Wilkinson y Thomas de la Rue a las que España ya había hecho encargos años atrás. Al haberse comprometido ambas con el bando republicano finalmente se escogió a Giesecke y Devrient, de Leipzig, fabricando billetes de 1000, 500, 100, 50 y 25 pesetas, ampliando el contrato en mayo de 1938 con una segunda serie. 

Aunque la inflación era muchísimo menor que la que afectaba a la República era necesario emitir valores menores de 25 pesetas; por lo que, ya elegido Franco como cabeza del Movimiento, la Junta Técnica del Estado encargó la realización de dos billetes de 5 y 10 pesetas en 1937 a la casa Portabella, Zaragoza. Aunque estos billetes debían estar respaldados por el mismo monto de monedas de plata la realidad fue que se emitieron muchos más de los que plata era recaudada.

 
Un año más tarde, en 1938, se autorizó mediante Decreto la realización de la primera moneda de simbología franquista con un valor de 25 céntimos y diseños de Sanchez Toda y Víctor Villanueva y que, dada la penuria existente tuvo que ser realizada en Austria por la empresa Berndorfer Metallwerenfabrik. Circuló hasta 1951, año en que el níquel sufrió tal espectacular subida en su precio que se hizo imposible seguir manteniéndola debido a que tenía mucho más valor intrínseco que facial y la gente las acaparaba para su posterior venta como metal.



Estando la contienda prácticamente decidida, el 20 de enero de 1939 se aprobó una ley con la que se privó de curso legal y se mandó recoger toda la moneda de plata acuñada en los periodos anteriores, permaneciendo solamente los 25 céntimos de cuproníquel de 1925 y 1927 por ser considerada la Dictadura de Primo de Rivera un periodo de gobierno referente por Franco y sus adláteres

A la anterior Ley se sumó la Orden del 29 de octubre de 1941 con la que se recogía el fraccionario de cobre y ser sustituido por monedas de 5 y 10 céntimos de aluminio. Ambas monedas presentaban en su anverso un jinete ibérico portando una lanza, un homenaje a la Historia de España copiando un diseño de las monedas prerromanas de 2000 años antes.


 

No fue realmente hasta 1944, con dos leyes  del 18 de marzo y 5 de septiembre con las que se autorizó la el primer intento de desarrollar un nuevo sistema monetario oficial con los valores de 0.5, 1 y 2.5 pesetas. Para ello el departamento técnico de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre había elegido la moneda de 1 dinar de Yugoslavia de cuproaluminio. Solamente la moneda de 1 peseta, conocida popularmente como “la del uno”, llegó a la circulación, existiendo solamente algunas pruebas de las 2.5 pesetas y ninguna, mientras que para los 50 céntimos no llegaron ni a moldear los troqueles debido a las dificultades de importar los metales necesarios desde los países afectados por la II Guerra Mundial.




No fue hasta 1947, con la Ley de Sucesión, cuando se proclamó España como una "Monarquía católica, social y representativa", siendo Franco el Jefe de Estado vitalicio (para mí fue una forma imaginativa de contentar a unos y otros, aunque de esta lectura solamente se deduce que Franco era el nuevo monarca, aunque nunca se le llamara así). A partir de entonces, y hasta su muerte, todas las monedas contendrían la efigie del dictador y la leyenda "Francisco Franco caudillo de España por la G. de Dios".

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