28 mayo 2011

Numismática en Telecinco y el comercio de monedas


La publicación de un reportaje por Telecinco, del qué podéis leer una magnífica reseña en el blog de Adolfo, junto con la discusión en este hilo del foro Imperio Numismático, me ha inspirado para la entrada de hoy.

Antes de nada me gustaría remarcar que únicamente voy a dar mi impresión, como he visto que ambos enlaces han acabado como el rosario de la aurora, agradecería que antes de barrer para donde uno mismo se lea dos veces el párrafo.

Sobre el vídeo publicado y que se puede ver aquí abajo, no voy a entrar en la moralidad del comportamiento exhibido por los comerciantes, lo que sí, indicar que está muy en la línea de la cadena, acudiendo a personas que compañeros que acuden a ese mercadillo conocen por tener únicamente puestos con monedas falsas y una ignorancia completa sobre tasación de monedas (bien patente lo deja el que ofrece 8€). Sí me gustaría aclarar un par de aspectos que me parecen importante.

Yo no suelo tener correos preguntándome por la tasación de monedas pero es cierto que mucha gente las tiene en casa, guardadas de viajes o de sus antepasados y raro es que no experimente con preguntar cuánto valen. Siempre se recomienda decirles de primera que no piensen que eso es un tesoro. Lo sé, lo primero que pensaréis es “¿pero, y no sería posible?” “¿no me estarán engañando?” “A mí me dijeron que esto era una colección muy importante de la familia, así que algo de valor tendrá”. Lo más probable es que no; como anécdota para desengañar en todo un año leyendo esas preguntas solamente vi un caso de que la moneda, heredada, fuera de verdad un tesoro, y la había publicado una persona que también era coleccionista, pariente y coleccionista sabían lo que tenían aunque dudaban de su autenticidad; así que está claro que sí es posible, pero ya se ve que no muy probable.

video


¿Por qué remarco tanto esto? Por la orientación que tuvo el reportaje, cualquiera podrá pensar que esas monedas, una peseta de Franco, Amadeos, Alfonsos XIII y moneditas de cobre, que tenemos todos en una caja guardadas podrían valer miles de euros. Faltó señalar algo muy importante, las monedas usadas en el reportaje estaban en una calidad muy buena, calidad que no se encuentra en monedas guardadas sin protección durante años en un bote por la oxidación y contaminación que sufren por el paso del tiempo sin haberlas conservado correctamente. Si abrimos ese bote y comparamos nuestros duros de plata con el Amadeo o los cobres, se entiende a lo que me refiero.

Puede que nuestro pariente fuera aficionado a la numismática pero siguiera una forma de coleccionar que dañe las monedas, no es que sea algo malo de inicio, dado que las guardaban y conservaban con la mejor intención, igual que nosotros, pero si su clasificación suponía pegar una etiqueta a la moneda, guardarlas con un papel al lado, usar celo como fijador, todas técnicas que antiguamente se hacían y que con el paso del tiempo han demostrado ser muy nocivas para la conservación de las piezas. La calidad en qué se encuentren después de envejecer durante todos estos años es un factor que hace oscilar de nuevo el precio de pocos euros a miles por la misma moneda, las más sanitas serán muy apreciadas mientras que aquellas que llevaban una mala vida sin ser conscientes hoy sufren achaques (espero me permitáis el símil médico, hoy llevo el día saturado con enfermedades varias y la cabeza no me da para más).

Además, España, durante casi toda la emisión de la peseta, grabó en unas estrellas unas fechas incusas. Aunque yo personalmente no colecciono por estas fechas (decisión personal de coleccionista) lo más común es que los coleccionistas del Centenario sí lo hagan, de tal manera que existen fechas muy valoradas que pueden llegar a alcanzar miles de euros de diferencia con su hermana más ordinaria. Estas monedas son escasas, algunas veces la tirada fue de decenas o cientos de ejemplares, y en otros, simplemente fueron acuñadas para coleccionistas pudientes de la época y son sus herederos quienes las conservan.

Como veis, la realidad no es tan drástica como la vista en el reportaje; el bote de monedas tendrá mucho valor sentimental, el económico no nos sacará de pobres.

La segunda impresión que me gustaría comentar, es la referente a la compra y venta de monedas. Aspecto que ha levantado muchas ampollas pero me gustaría hacer una reflexión: he visto muchas quejas en los comentarios del hilo de Adolfo sobre si es lícito que un comerciante ofrezca cantidades ridículas cuando la moneda es comprada y pretenda venderlas con ganancias del 200%, si no más a veces, cada uno con su ignorancia o su conciencia, hay de todo en este mundo, y debo reconocer que no me he encontrado muy a menudo con gente así y aunque el conocimiento es poder no podemos ser eminencias en todos los campos y a veces dejarse guiar es una perdición y la solución, a la vez.

Suponiendo que el comerciante no busca un lucro desmesurado sino que pagar mucho por las monedas le supone tener más capital parado mientras ésta no se venda (cosa que puede suponer perfectamente esperar años) y no pueda afrontar semejante inversión (aunque no es menos cierto que es la avaricia la que puede hacer que uno se lance a la piscina y conseguir LA MONEDA a un precio ridículo y sin riesgos para su patrimonio, todos actuaríamos igual si se nos presenta el caso y pretender rasgarse las vestiduras gritando soy honrado a mí me hace sospechar).

Pero, yo quiero vender mis monedas, ¿adonde las llevo? Si no quieres ser timado no te quedará otra que aprender, si te da igual lo mejor es que lleves el bote al mercadillo y no le des muchas vueltas (evidentemente, tampoco vayas y se las lleves al chatarrero o al falsificador). ¿Seguir el consejo de llevarlas a la AENP o una casa de subastas? Yo personalmente sólo lo haría con una colección grande que vea clasificada y para monedas verdaderamente antiguas (romanas, medievales y modernas) como las tasas a pagar en este caso son bastante elevadas y JAMÁS ganaremos el dinero que nuestro pariente pagó (recordemos, si queremos hacer negocio, tenemos que aprender el mundillo) también cabe la opción de llevarlas a una tienda numismática que trabaje la moneda de la época que queremos vender y pagar una tasación de las monedas para saber lo que tenemos. Si es que al final más que darte dinero, te lo quita!

Ahora sí, para teminar, algunos comerciantes tienen el pensamiento de “te las compro baratas para llevar un margen y menganito que sé que me las compra pues la vende de nuevo con su margen de ganancia” con lo que la tasación recibida será a la baja. En mi opinión tal proceder, supone incrementar innecesariamente el número de intermediarios de una manera similar a la que sucede en el comercio de fruta, ¿por qué yo pago 4€ por el quilo de cerezas mientras el agricultor recibe unos pocos céntimos? (digo cerezas porque es temporada y están bien ricas las jodías). Por la cadena de distribución de intermediarios. Querer hacer lo mismo con la numismática es, en mi opinión, un error; hoy en internet podemos vender cubriendo mucho más mercado en nuestra tienda virtual y es perfectamente posible evitar escaladas de precios inútiles. Pero bueno, cada uno hace los negocios como quiere.

22 mayo 2011

Duros a cuatro pesetas

La entrada de hoy está basada en un interesante artículo enviado por J. Colino para este blog; a quien le agradezco tanto que me lo haya enviado como el permitirme toda la libertad de adaptación del texto original por él redactado del que aparece una parte entrecomillada íntegramente redactada por su persona y que me ha parecido muy interesante destacar por su Memoria Histórica.


Peseta de Alfonso XIII 1904*19-04; últimas acuñadas en plata aunque durante el gobierno de la II República se empleó el mismo módulo de 23mm, 5g y Ag 835‰ en una última emisión.

En España era una solución tan vieja como la patria que se arrastrara el circulante de los gobernantes anteriores; no era extraño encontrar pesetas del padre de Alfonso XIII, de Amadeo o del Sexenio Revolucionario; incluso los antiguos nominales de Isabel II podían encontrarse en la cartera de cualquier español del primer cuarto de s. XX.  Empero la sociedad española había cambiado profundamente tras la pérdida definitiva de los territorios de ultramar y la sangría que suponía mantener su presencia en Marruecos; la moneda de plata, antaño presente en todo nominal, era imposible de mantener en circulación en aquellos valores más pequeños y fue recogida y acaparada por la población en un fenómeno muy conocido ya por otras entradas del blog y descrito por la famosa Ley de Gresham.

Las intenciones desde inicio tras la proclamación de la II República estuvieron en solventar esta precaria situación, aprovechando el momento para retirar todo el viejo circulante en un movimiento de búsqueda de frescura y modernidad del nuevo régimen, a la vez que una ruptura definitiva con la monarquía. Lamentablemente de los buenos propósitos a los hechos distó mucho camino y años, antes de materializar la elaboración de una serie de pesetas con simbología republicana; a fechas del estallido de la guerra civil solamente se lograra acompañar a la peseta de plata de 1933 con una moneda fraccionaria de 25 céntimos, fabricada en cuproníquel. Intenciones de elaborar otras monedas como los famosos duros de plata, en simbología republicana, fueron, simplemente, quimeras y sueños que jamás fueron más allá de meras ilusiones.
Esta parálisis en la circulación de la plata tuvo un efecto drástico en la economía diaria durante buena parte del s. XX. La falta de circulante fraccionario hacía totalmente imposible acciones tan aparentemente simples como dar el cambio en las compras diarias o en los desplazamientos en tranvía o autobús. Esta situación fue rápidamente vista como una oportunidad de oro para el negocio, para vender Duros a cuatro pesetas, como tan bien ha nombrado Javier a su artículo original.

Imágenes extractas del artículo de La Crónica (Año V; nº 194 (30/6/1933) sobre las que J. Colino ha desarrollado su artículo Duros a cuatro pesetas que muy amablemente me ha enviado para su publicación en este blog.

Aprovechando la escasa pero ligera fortaleza de la peseta frente a otras monedas europeas más afectadas por la Gran Guerra (ver entrada La Unión Monetaria Latina para más detalles sobre la fortaleza internacional de la peseta) era posible comprar en el extranjero cartuchos de 50 monedas de 10 céntimos (5 unidades de la moneda extranjera, un duro) a 2,30 o 2,40pts para posteriormente revenderlos a los comercios a 4pts, la ganancia estaba asegurada y se solucionaba el problema de falta de fraccionario de una forma bastante inteligente.

Siempre me gustaron las monedas y mi padre tenía algunas, pero empecé a coleccionar por mi cuenta hacia 1968.
Entonces había unos cuantos anticuarios y chamarileros que visitaba, a ver si encontraba algo barato y bueno. Siempre he sido muy optimista.
Bien, pues todos tenían una fuente o una artesa con monedas de cobre de países de nuestro entorno o incluso a veces más exóticos, mezcladas con las monedas españolas de la época o incluso más antiguas y allí siempre encontrabas alguna pieza de interés.
Además  los amigos, parientes y conocidos a los que contabas tus aficiones numismáticas, no era raro que te dieran o enseñaran una cajita o una bolsa con monedas del mismo estilo.
Incluso alguno me contó que se las había comprado su abuelo al párroco de su pueblo, que las tenía procedentes de las colectas y cepillos.
Coleccionistas más antiguos me dijeron que habían comenzado a coleccionar de chicos con las monedas del cambio.”
 
Recuerda Javier sobre esa explosión de calderilla extranjera en España, ratificando sus impresiones gracias a un viejo recorte de periódico que llegó a sus manos y que ha sido el que ha dado pie a esta entrada de hoy.



Aprovecho la ocasión para recordar que si alguien quiere subir una entrada que podría encajar en Hnumisma tiene a su total disposición el espacio. También me gustaría dar, de nuevo, las gracias a Javier por enviarme su artículo, próximamente espero publicar otro que para mí es aún más interesante por lo curioso gracias a su desinteresada colaboración.

14 mayo 2011

La moneda en el Reino de Asturias y en el Reino de León

No me avergüenzo confesarlo, cuando decidí adentrarme en la moneda medieval lo primero que realicé fue una tabla en la que situar todos los monarcas de los reinos de Asturias, León y Castilla con sus respectivos años de gobierno. No pasó mucho hasta que descubrí que muchos de ellos, veintiocho, concretamente jamás habían acuñado moneda.

Ese “descubrimiento” me sorprendió muchísimo, estamos hablando de un periodo que va desde las últimas acuñaciones del rey godo Rodrigo hasta finales del siglo XII, en tiempos de Alfonso VI, en el que lo veía como vacío de emisiones monetarias, muy desencaminado no estaba, así que la entrada de hoy estará dedicada a un breve repaso sobre la moneda en tiempos del Reino de Asturias.

Con el avance de la invasión musulmana, los reductos en las cumbres del norte occidental habían perdido sus estructuras, tanto políticas como sociales; la inexistencia de moneda era realmente el menor de sus problemas, al verse ahogados por las continuas razzias e incursiones en sus territorios; el repoblamiento de los castros, su amurallamiento y el corte de relaciones con el exterior provocó el reaparición del trueque, sistema que fue el empleado diariamente en las transacciones.

Esto no significa en ningún caso que no hubiera circulado moneda por los territorios cristianos; existen documentos de la época en los que se cita la compra de un buey por un sólido y un tremis o una villa, por 28 sólidos (recordemos que el sólido era una unidad de cuenta conformada por tres tremises en el sistema visigodo). Esta moneda perduró en uso hasta el s. IX, exceptuando zonas de la actual Galicia.

Tremis de oro de Witiza; acuñado en Cesaraugusta. Fotografía de Áureo y Calicó

Alfonso II “El Casto”, coetáneo del famoso Carlomagno, sucedió a Mauregato y cortó la política indolente y sumisa seguida por éste; enfrentándose durante todo su reinado a las fuerzas musulmanas; en al menos tres ocasiones envió expediciones a la corte del rey franco, con quien entabló relaciones con la finalidad de obtener apoyos y fuerzas contra el invasor. Estas relaciones trajeron el definitivo abandono del sistema visigodo, en sustitución por el patrón plata desarrollado por los carolingios. Este sistema era mucho más adecuado a la economía del Alto Medieval en la que el poder adquisitivo era muy bajo y el uso del oro, del todo inadecuado. Poco a poco el nuevo sólido argénteo sustituyó al anterior como moneda de cuenta en todos los territorios de Asturias, exceptuando, como se dijo anteriormente, las tierras galaicas que, dada su lejanía y separación del resto del Reino continuaron empleando los tremises visigodos y sus múltiplos hasta bien entrado el s. X.

Dinero de Carlomagno

Nunca se tradujo esta política de Alfonso II en la acuñación de moneda propia, adoptando únicamente el patrón carolingio para la documentación y limitándose a permitir la circulación de la moneda del país vecino dentro del territorio conquistado. Esta entrada de moneda tuvo una vía muy importante, el Camino de Santiago.

Fracción de dinar de la Taifa de Valencia. Fotografía de Áureo y Calicó

Otro día dedicaré una entrada más profunda a la famosa ruta Xacobea, bien lo merece, por su importancia en el impulso que dio al Reino en unos momentos en que bien pudo haber perecido bajo la cimitarra del Emirato de Córdoba. Por hoy, quede simplemente que la circulación de los peregrinos, muchos de ellos procedentes de territorios francos, introdujo de forma constante la moneda, moneda que sirvió de molde en tiempos de Alfonso VI en la realización de las primeras acuñaciones propias.
La segunda vía importante de entrada de moneda, repito, que nunca se acuñó moneda propia, se dio a comienzos del s. XI en tiempos de Fernando I, cuñado del último rey de León, Bermudo III, después de una serie de convulsos reinados. Fernando I se vio muy beneficiado por las parias, tributos que las taifas musulmanas comenzaran pagando a los reinos cristianos en compensación de la ayuda recibida en forma de protección contra otras taifas enemigas pero que prontamente derivaron en enormes sumas mensuales a pagar si no querían ser invadidos por las propias tropas cristianas (todo es cuestión del matiz que se quiera dar). Durante todo su reinado el flujo de dinero musulmán, en oro y plata, fue tan grande que pudo permitirse el lujo de realizar, a su vez, donaciones a varias congregaciones religiosas, y muy especialmente al monasterio de Cluny, al que envió anualmente 1000 miztcales de oro.

La situación con Alfonso VI, hijo de Fernando I, era la propicia para comenzar las acuñaciones propias, así, tras la conquista de la taifa de Toledo en 1083, se considera que sucedió la primera emisión de moneda por un rey cristiano.

07 mayo 2011

Catalina y Henry VIII. El inicio de la sangre hispana en Britannia

Aunque con un poco de (bastante) retraso, esta entrada está dedicada en conmemoración del reciente enlace entre Catalina y William. Más de un blog (entre los que se cuentan el de mi chica: mi vida en sueños) y todos los diarios del mundo han hecho eco de la llamada boda del siglo; lo que muy pocos saben es que hace 510 años los británicos disfrutaron de otra “boda del siglo” con Catalina, ésta Infanta de Aragón y Castilla.

La benjamina de los Reyes Católicos nació en 1485, destinada a afianzar las relaciones internacionales mediante un matrimonio concertado, como era usual en la época. Bajo el gobierno de sus padres España estaba naciendo como una unidad territorial con un poder ilimitado que Francia no veía con buenos ojos. La política matrimonial de Fernando e Isabel estuvo siempre orientada a mantener a raya al país franco. Catalina, con 15 años, fue enviada a Gran Bretaña desde el puerto de A Coruña en busca de una alianza con este país en la que ambos ganaban; España se fortalecía respecto a Francia y Henry VII, primero de la dinastía Tudor, legitimaba su ascenso al trono y el mantenimiento de la dinastía.

Tras una singladura de un mes por las aguas del Cantábrico y el Mar del Norte, Catalina arribó a las costas inglesas de Plymouth en noviembre de 1501; sin haberse visto ni una vez con su prometido, el 14 del mismo mes fue desposada con el joven Arthur, un chico enfermizo de la misma edad que Catalina. Los anales de la época describen este enlace como el más majestuoso de toda la Cristiandad; desde luego no hubo tantos invitados (solamente la Corte tenía permitida su presencia) ni fue mundialmente seguida (Mark Zuckerberg, Chad Hurley, SteveChen y Jawed Karim no habían nacido), pero fueron dos semanas continuadas de festejos, banquetes, bailes, justas y torneos para celebrar el “sí quiero“ entre los dos jóvenes. 

Escudo de armas de la Reina Catalina con el águila de San Juan, el cuartelado de Castilla y Aragón Dos-Siciliasy el escusón con el reino de Granada.


Sin embargo tal enlace duró pocos meses dado que Arthur cayó mortalmente enfermo a los cinco meses del enlace, enlace en el que los jóvenes amantes solamente compartieron lecho en siete ocasiones. Los planes de los Católicos se habían desbaratado totalmente con el inesperado fallecimiento del hijo de Henry VII, viéndose forzados a negociar rápidamente un nuevo casamiento para Catalina entre los Tudor si no querían perder la dote de la novia y su fuerza frente a Francia; el mismo Henry VII, viudo, fue candidato a ser el nuevo marido, aunque finalmente, tras siete años de espera, el hermano de Arthur, recién coronado como Henry VIII se casaba con Catalina.

Nunca sabremos en qué hubiera derivado el primer matrimonio, pero el segundo comenzó bastante bien con una reina muy apreciada por su pueblo y al que llegó a gobernar en calidad de regente e, incluso, dirigiendo en batalla contra una Escocia resistente a la anexión. Disfrutó del honor de compartir moneda con su marido en la Corona de la doble rosa; una moneda de oro en la que una rosa coronada está dispuesta entre las iniciales coronadas de ambos reyes: (h)ENRY y (k)atherine; gran prestigio para la época.

Crown of Double Rose de Henry VIII y Catalina de Aragón. Subastada en Pre-Long Beach del 2005 por £3700

El final de la historia me lo puedo ahorrar dada su fama; terminó como el rosario de la aurora con el cisma anglicano y la reina siendo despechada en favor de la amante Ana Bolena. Tras el divorcio fue encerrada hasta su muerte en 1536, aunque nunca renunció a su título real. Eran otros tiempos, sí, que esperemos que los príncipes William y esta Kate (de la que por cierto se rumorea sangre Tudor) no tengan que vivir, ni nosotros...

02 mayo 2011

Las variantes de los 50 céntimos de 1937

Si existe una moneda que describe a la perfección las inseguridades y vicisitudes por las que pasó la II República después del Alzamiento Nacional son los 50 céntimos de 1937.

Fuente: subasta Hispania, Aureo y Calicó

Acuñada en cobre en un módulo idéntico a la moneda de 1 peseta de plata (Ø23mm), es una moneda en apariencia sencilla y barata, que cualquiera de nosotros puede permitirse el lujo de tenerla perfectamente en su colección en calidad SC. Sin embargo, cuando analizamos su historia descubrimos a una moneda que para mí es una de las que mejor explica las penurias de la Guerra Civil.

Para el anverso de la moneda considerada “normal” se emplearon los troqueles correspondientes a la moneda de 1 peseta del modelo de 1933, rectificando, mediante limado, el último 3 por un 7; las estrellas, en cambio, no pudieron ser reformadas y quedaron las anteriores, incluyendo las fechas de fabricación 3-4 ó 3-6. Tenemos delante un detalle curioso, es la única moneda española del Centenario cuya fecha de orden de emisión es posterior, aparentemente, a la de fabricación. No son las únicas variantes de anverso que nos podemos encontrar, pues también hubo intentos de limpiar el interior de las estrellas, incluso borrarlas directamente, teniendo así variantes de estrellas anepígrafas y sin estrellas. 

En cuanto al reverso se conocen dos variantes mayoritarias, una orla de puntos redondos, y otra de puntos cuadrados circundando la leyenda [50 céntimos], siendo ya otras de puntos redondos más grandes o la media orla variantes muy minoritarias.

Fuente: subasta Hispania, Áureo y Calicó



Existen, incluso monedas en aleación de latón, para las que algunos foreros de Imperio Numismático tienen una tesis muy interesante con la que son capaces de explicar este fenómeno; muchas piezas fueron seguramente debidas al aprovechamiento de los cospeles elaborados para la moneda de 1 peseta en latón de 1937, con la que también comparte módulo. Para mí tiene lógica, el pueblo demandaba cada vez más nominal fraccionario con el que poder supervivir en medio de una guerra fratricida.

Fuente: subasta Hispania, Áureo y Calicó


Pero, ¿por qué tantas variedades en multitud de detalles? El 6 de noviembre de 1936 el Gobierno Republicano se trasladó de Madrid a Valencia ante la insistencia del General Franco por tomar la capital de España, siendo en esta segunda ciudad donde se empezaron a acuñar los 50 céntimos; pero ante el constante empuje de las tropas nacionales desde Aragón hacia el Mediterráneo, la mayoría de los maestros se dirigieron a Castellón, quedando la mayoría de aprendices en un pequeño pueblo alicantino, Aspe. Ambos continuaron con su trabajo aunque era evidente que la incomunicación entre ambos grupos, la inexperiencia de un gran porcentaje de los operarios y una escasez de materiales iba a tener por resultado una de las monedas con más variantes naturales que existan en el numerario del siglo XX español.

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