25 junio 2011

Alfonso V, pretendiente a la Corona de Castilla

En la próxima subasta de Áureo del primer día de julio a aparecido un lote que ha despertado toda mi curiosidad por lo extremadamente rara que es encontrarla en una casa de subastas española, el lote 0247.


Esta moneda es un precioso ejemplar de Real Grosso de D. Afonso V que Áureo ha tasado con un, a mi parecer escaso, MBC-. Veamos algo más sobre esta moneda y el rey que la mandó acuñar.

Afonso V de Portugal, alcumado como El Africano por las campañas militares que llevó a cabo en la conquista de plazas en este continente. Fue un rey muy querido por su pueblo, aunque acabó cayendo en desgracia tras enfrentarse en guerra contra Castilla, muriendo poco después, en 1481, según cuentan, víctima de la pena y la depresión.

D. Afonso V, Rey de Portugal

Podríamos preguntarnos, ¿por qué se enemistó con Castilla? Un rey considerado culto, con el que Portugal vivía hasta el momento una época dorada, económicamente próspera, aunque en la política interior convulsa por el poder de las clases nobiliarias, y sin problemas aparentes con su vecina. Tras la muerte de Enrique IV, y con el cadáver aún yaciente, sucedió un auténtico levantamiento entre dos bandos enfrentados, los partidarios de Isabel, hermana del recién fallecido monarca, y Juana, hija de Enrique y sobre la que pronto corrieron rumores de ser ilégitima en un afán de desprestigiarla en favor de Isabel.


Alfonso V, casado con La Beltraneja, no pudo, o no quiso, permanecer al margen del problema sucesorio castellano. Asumiendo las pretensiones de su mujer como propias se autotituló rey de Portugal y Castilla, acuñando para la ocasión una bella moneda de plata en un buen simbolismo de su poder; recordemos que Portugal era una potencia mundial y verdadera dueña de los mares.

De un lado las armas de Castilla con su cuartelado del león rampante y el castillo, del otro, el escudo de armas portugués con los cinco escudetes portando las quinas, en cruz, y una bordura de diez castillos y la cruz de la Casa de Avis con una leyenda que imitaba, existiendo variantes, a las de éstas: ALFOnSUS DEI GRACIA REGIS CAST. Esta moneda se hizo para hacer circular expresamente en el territorio castellano que conquistó D. Afonso V en su avance desde Plasencia hasta las tierras de la provincia de Burgos,  y muy especialmente las zonas más próximas a la frontera como Toro y Zamora, donde se hicieron fuertes.



Para los castellanos isabelinos tal osadía era insultante, la guerra se hizo inevitable; la batalla en Toro entre tropas portuguesas y castellanas se saldó con una primera victoria de Castilla, en la que Alfonso V tuvo que huir del campo de pelea, y otra de los portugueses, que recluyeron a los soldados de Fernando de Aragón, recién casado con Isabel, tras las murallas de Zamora.



El pueblo portugués se empobrecía en una guerra a la que veían innecesaria y ajena a ellos, tras la batalla de Toro el conflicto estaba internacionalizado, no solamente estaban en juego los derechos sucesorios de Juana y su marido, también el dominio marítimo del Atlántico por el que Isabel y Fernando, aspiraban. Las pretensiones de Alfonso V no lograban ganar apoyos y los Católicos cada vez tenían más apoyos como legítimos herederos de la Corona.


Finalmente, Alfonso V y su mujer pactaron con Isabel y Fernando el Tratado de Alcaçovas-Toledo, en el que renunciaron definitivamente a los intentos de conquistar Castilla y se repartían las islas Atlánticas entre ambos, pasando las Canarias a control castellano bajo el acuerdo de que los barcos de la bandera cuartelada no navegarían al sur de éstas en un territorio que, junto las Azores, Madeira y Cabo Verde, estaba reservado a Portugal.

Alfonso V, deprimido por la derrota, agotado y olvidado su antiguo prestigio como conquistador de África, abdicará en su hijo D. João II en 1481, muriendo ese mismo año recluído en el convento de Varatojo, Sintra.

Convento de Varatojo, Torres-Vedras. Fotografía sacada por L Lemos
En 1489 se mandaría desmonetizar y recoger estos reales grossos, siendo hoy una monedas escasas y auténtico símbolo de las dificultades de los Reyes Católicos para recibir la Corona de Castilla, una Castilla que estaba despertando para convertirse en dueña de medio mundo.

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