26 noviembre 2011

España quiebra (I)


Antes de que cunda el pánico, la entrada de hoy no contiene ninguna funesta primicia sobre la crisis que asola nuestro país, es el título para la primera de tres entradas que serán dedicadas a la economía durante la monarquía de los Habsburgo.

El reinado de Carlos I se caracterizó por estar enfrentado con media Europa mientras gobernaba a la otra media. Fue España quien tuvo que financiar las empresas que emprendió para conseguir la corona imperial. Aunque su abuelo Maximiliano de Austria había ostentado el título, no era de transmisión hereditaria sino electiva por un grupo de electores designados por el Papa entre los príncipes alemanes. El decantarse por uno u otro candidato era cuestión de dinero, el que más votos sobornara era el elegido y tanto Carlos como su rival más directo, Francisco I de Francia, entraron en una espiral de intrigas que se saldó en meses de ofertas y contraofertas.

Finalmente consiguió el título a cambio de unos 850000 florines prestados por los Fugger, una deuda que le dejó las arcas temblando y que se vio agravada por la revuelta comunera debido al descontento general ante un rey extranjero que no sabía hablar castellano, había dado los cargos directivos a sus funcionarios de fuera del reino y que veía a la orgullosa Castilla como un territorio al que sangrar a impuestos para sus aventuras europeas.

Medio ducatón de Felipe II, ceca Amberes


La deuda aumentaba con todas las revueltas que sucedían continuamente en sus territorios y la expansión americana; para conseguir más y más dinero tuvo que firmar los Asientos (hoy en día serían Obligaciones) a Fugger y avalar los préstamos con las minas y metales de los territorios de ultramar y con los impuestos recaudados en Castilla. Para cuando su hijo Felipe II ascendió al trono con 29 años se vio ante una deuda heredada de unos 20 millones de ducados, aunque era una cantidad inmensa y sorprenda que Fugger aceptara semejante deuda, España tenía una calificación que hoy sería de AAA, avalada por su poderío imperial en medio mundo; sin embargo en 1557 Felipe no tuvo más opción que suspender pagos y renegociar el pago de la deuda, España se convertía así en el primer territorio que entraba en bancarrota del mundo.

Armada Invencible; la política exterior de Felipe II contribuyó al crecimiento desmesurado de la deuda.

En este punto la inflación comenzaría a dispararse para no detenerse durante toda la dinastía de los Austrias, tal y como hemos visto a lo largo de estas entradas, además, Castilla vio su carga fiscal aumentada de repente por cuatro, sería el único reino que a lo largo de estos 200 años colaboró en el intento detener esta sangría económica.

Tras esta primera renegociación Felipe II tuvo que abordar una reestructuración de la Hacienda, sin embargo todos los problemas se agravaban, de América seguían llegando  continuamente plata y, aunque en menor medida, oro; asociado a ellos el comercio internacional era cada vez más importante, desplazando a los productos del interior, por lo que la recaudación fiscal también se veía muy afectada. La guerra en los Países Bajos se intensificó, cortando el mercado de lana, una de las pocas vías de exportación de productos españoles, y costando a la Corona unos 14,4 millones de florines anuales en concepto de movilización y pago de las tropas. En 1575 los banqueros se negaron a conceder más adelantos y Felipe se vio incapaz de afrontar los pagos de sus propias tropas, otra vez en bancarrota no tuvo más remedio que confiscar y desviar dos envíos de plata lingotada y obligar a los Fugger a reconvertir la deuda acumulada en un préstamo a largo plazo a un bajo interés, fue lo que se llamó el Remedio General, España había entrado por segunda vez en bancarrota y había ideado una estrategia que hoy es de aplicación común pero que por entonces fue toda una innovación que a punto estuvo de llevar a la ruina de sus principales acreedores.



Aunque temida en todo el mundo, el pabellón del Imperio Español fue símbolo de una prosperidad de la que todas las potencias extranjeras sacaron tajada.

A pesar de todo, la situación era totalmente insostenible, Castilla se veía sangrada a impuestos y la hiperinflación no contribuía a mitigar la situación. Los negocios cerraban, los comerciantes dejaban sus empresas y compraban un título nobiliario en cuánto podían para poder eximirse del pago de tasas e impuestos. Una situación así terminó con lo inevitable, la declaración en 1596 de la tercera bancarrota y la aplicación de un nuevo Remedio General. La deuda se había disparado en apenas dos reinados y por mucha plata que entrara por el puerto de Sevilla toda España estaba totalmente arruinada.

No serían las únicas quiebras declaradas, a lo largo del siglo XVI y XVII otras 5 veces España se declaró en bancarrota y se vio forzada a renegociar sus asientos; no sería hasta tiempos de Felipe V cuando el desajuste arrastrado en sus finanzas desde tiempos de Carlos I se solucionarían y las cuentas del país se sanearían. Una conjunción de reinados turbulentos y comportamientos económicos completamente nuevos e impredecibles hicieron del Imperio más grande y rico del mundo el de los habitantes más empobrecidos.

19 noviembre 2011

Visigodos en la Xunta de Galicia


La acuñación de moneda en la España de tiempos de los visigodos posee unas características muy particulares que pueden considerarse resultado de la escisión del Imperio Romano, nuestra península vivió entonces un periodo de paso de diversos pueblos germánicos y algunos de ellos, como los suevos, se asentaron permanentemente en el noroeste. El caso de los visigodos fue ligeramente diferente, contando con el beneplácito del Emperador Romano de Occidente, entran en Hispania y reconquistan en el nombre de Roma las regiones más ricas y desarrolladas, expulsando a vándalos y alanos y enrocando en el norte a los suevos.




Fueron años de traspaso de poderes en los que la moneda a duras penas consigue mostrar una historia de traiciones usurpadores en la que se sucedían ocupaciones, desocupaciones y reocupaciones de Hispania por unos y otros. Hoy nos centraremos en los godos, ¿por qué fueron los godos los escogidos? Podríamos resumir que a principios del s. V ya habían ocupado el sur de Francia, fundando el Reino de Tolosa y, con el beneplácito de Roma, eran los administradores del territorio. Eran un pueblo que supo posicionarse entre la élite imperial gracias a matrimonios concertados. Los pueblos que habían asolado Hispania escapando del empuje de los hunos eran mucho más primitivos y eran vistos como una amenaza a la integridad y la unidad romana; fue lógico que los aliados más poderosos de Roma en la zona, los godos, fueran los que expulsaran a estos pueblos bárbaros.

Pocos años antes de estas invasiones bárbaras, el Emperador Teodosio había dividido el Imperio en dos, correspondiéndole a su hijo menor, Honorio, el gobierno del Imperio Romano de Occidente, la región más desmembrada y problemática de las dos. Sus aliados visigodos siempre reconocieron de manera formal el poder regio de Honorio y la moneda acuñada mantuvo el nombre del Emperador romano; no hacerlo así hubiera significado el cese de las relaciones entre ambos, y, de todas formas los años comprendidos entre 395 y 476 fueron un continuo tira y afloja entre el nuevo Reino de Tolosa y unos Emperadores cada vez más debilitados por la ruptura de su territorio bajo el control fáctico de usurpadores; es muy fácil imaginar el caos que existía.


Sólido a nombre del Emperador Honorio


Ya derrocado Rómulo Augústulo y haber caído de forma oficial el Imperio Romano de Occidente, los godos fueron también derrotados y empujados a Hispania por los francos de Clodoveo; esta derrota acrecentó las luchas entre las facciones de ostrogodos y visigodos por el poder que casi llegaron a provocar un segundo vacío de poder. Primero Tolosa, Narbona y Barcelona después, para finalmente fijar en Toledo la capital, los sucesivos reyes godos consiguieron asentar su poder en Hispania, siempre con riesgos, siempre de forma precaria, pues la corona no se transmitía de forma hereditaria, sino electiva, y con ésta transmisión del poder la intriga y el regicidio iban continuamente de la mano.


En púrpura, demarcación del Imperio Romano de Occidente en el año 476 bajo control del emperador Julio Nepote, quien nunca aceptó la designación de Rómulo Augústulo. Solamente la Itálica estuvo bajo su mandato real y por poco tiempo.

Cuando el noble Leovigildo ciñó la corona en 572 el Reino Godo se vio profundamente reformado desde sus cimientos; administración, política, economía y la redacción de un corpus legal marcaron el que se considera inicio de la España visigoda; Leovigildo fue el primer rey que unificó el territorio, derrotando a los suevos, quienes habían logrado formar el Reino de Gallaecia, y los levantiscos vascones, fue el primer rey que intentó, aunque infructuosamente, unificar la religión del país, cosa que lograría su hijo Recaredo siguiendo los consejos de su padre, así como redactar un compendio de leyes con las que gobernar unitariamente el país. 




Con Leovigildo la moneda sufrió un cambio que supuso toda una revolución, hasta entonces los otros reyes visigodos acuñaban siempre el nombre del Emperador e imitaban el diseño bizantino, en reconocimiento del poder imperial y del antiguo pacto que habían firmado como representantes de ese poder. Con el ascenso de Leovigildo poco duró este estilo de acuñación, en primer lugar los sólidos dejaron de fabricarse, centrándose únicamente en el triente (o tremís). Esta moneda sufrió tres cambios progresivos como veremos a continuación; en un primer momento el nombre del emperador fue sustituido por un conjunto de letras que no tenían sentido alguno, una forma sutil de romper con la autoridad imperial y con la que se tenía una excusa en caso de tener que dar explicaciones. Son monedas de extrema rareza que muy pronto fueron sustituidas por la inclusión del nombre del rey junto con el del emperador, para, en una última etapa, sustituir este último por el de las ciudades conquistadas o por las del pueblo en el que habían sido acuñadas.

Hasta el final del reinado godo y la invasión árabe se continuaría con esta nueva tradición; en este tiempo en España llegaron a existir cientos de cecas, un periodo tremendamente prolífico en lugares de acuñación solamente comparable al de la moneda hispánica. Los trientes son monedas de extrema belleza, muy simples en su diseño; bustos del rey, del rey junto con su heredero, cruces victoriosas, solas o en pedestal, son las figuras más recurrentes. 

Aún hoy es un misterio esa explosión de cecas a lo largo de toda la geografía, la moneda de oro era muy valiosa para la época, inútil para el día a día y que solamente se usaba en los pagos que hacían funcionar la maquinaria burocrática del reino, lo que contrasta con que hasta el pueblo más perdido de las montañas seguramente haya acuñado en algún momento trientes de oro. En la próxima subasta de Áureo del 30 de noviembre tenemos dos ejemplos de estas monedas. Una de ellas fue acuñada en tiempos del rey Sisebuto (612-621), mientras que la otra, muchísimo más rara, se engloba con Suinthila (621-631) y acuñada en Auriense. Según el numismático catalán de sangre ourensana, Jaime Paz, no sería extraño que alcanzaran un precio de 5000€ y de 9000€, respectivamente.


Triente de Sisebuto (612-621) acuñado en Georres (actual Barco de Valdeorras)

Triente de Suinthila (621-631) acuñado en Auriense


No es la primera vez que Jaime Paz avisa de la aparición en subasta de estas monedas, denunciando el pasotismo de la Xunta y la Diputación de Ourense sobre la preservación de un Patrimonio que raras veces volveremos a ver. En 2009 durante la famosa subasta de “Caballero de Yndias” tuvimos ocasión de ver varios tremises gallegos, algunos de ellos ourensanos y todos catalogados como de la máxima rareza.


Triente de Recaredo I (586-601) acuñado en Georres (actual Barco de Valdeorras)


Triente de Witerico (603-610) acuñado en Froucellos (Ourense).


Personalmente, y al igual que otros compañeros numismáticos, opino que estamos en una situación en la que vemos como nuestro Patrimonio se pierde por la falta de un interés por nuestra cultura y nuestra Historia. Cierto es que estamos en una época de crisis aguda y lo último recomendable es siquiera insinuar que se destine un dinero en una cantidad que la mayoría de profanos consideraría derrochado para comprar viejas monedas de oro que cogerán polvo en un museo, pero, sinceramente ¿qué precio tienen las reliquias de nuestro pasado? ¿Quién pone precio a nuestra Cruz de la Victoria?

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