Carlos I de España y Emperador del Sacro Imperio Germánico había muerto en 1558, dejando a un joven Felipe II un país totalmente endeudado; en la entrada anterior vimos que los objetivos de Felipe por sanear la economía no se cumplieron y, durante su reinado y el de sus sucesores, España se declaró varias veces en quiebra. Bien es cierto que su padre había sangrado a Castilla para mantener su política exterior europea, y no es menos cierto tampoco que las ínfulas de Carlos por ser coronado Emperador fueron el pistoletazo de salida a un endeudamiento que una vez comenzado nadie fue capaz de parar a pesar de todas las innovaciones desarrolladas. Irónicamente estos años de pobreza coincidieron con el siglo dorado de las importaciones de metal noble desde el Nuevo Mundo; numerosos convoyes de gigantescos galeones eran cargados hasta arriba de oro y plata con destino a Sevilla. Y sin embargo no existía persona en el reino que pudiera ser llamada rica, todo el arte del Siglo d...