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No eran del Nuevo Mundo (III)


Esta tercera y última entrada de la serie dedicada a la presentación del comercio de España con la moneda extraída del Nuevo Mundo pretende ser una presentación de una de las noticias que más impacto creo pueden tener: no toda la plata acuñada en moneda bajo el sello español tuvo su origen en el Nuevo Mundo.

Semejante noticia podría ser un magnífico contraargumento a las históricas quejas de un grupo de latinoamericanos que plantean una hipotética devolución del llamado “oro robado”, y antes de que nadie me salte a la yugular debo decir en defensa propia que muchas veces estas reclamaciones se hacen desde el grito fácil y sin tener en cuenta la realidad histórica de la época. Dicho estudio fue realizado por la Université de Lyon gracias al estudio mediante espectrometría de masas de varios ejemplares de la época y se espera que ayude a aclarar este periodo tan complicado desde el punto de vista económico y numismático.

Antes de continuar me gustaría hacer una pequeña explicación sobre esta técnica, una de las que más gusta realizar en laboratorio por sus innumerables ventajas. Brevemente la técnica consiste en excitar los átomos metálicos de la moneda e ionizarlos (es decir, cargarlos). Dado que el fundamento de la técnica se basa en la utilización de campos electromagnéticos, esta ionización es fundamental para poder separar dichos átomos (ahora, iones) en función de su masa (y su carga). Existen numerosas formas de ionizar la muestra, usar una u otra depende de su fragilidad, de su estado físico, incluso de la información que buscamos, y van desde un sencillo bombardeo con electrones hasta el uso de matrices cuando hablamos de muestras biológicas. Una vez separados los iones en función de su masa (y carga) serán registrados en un espectrograma, este espectrograma podría tener un aspecto como el siguiente:

La altura de los picos nos dará una visión de la abundancia relativa de ese ión metálico con respecto al más abundante (el más alto). Así, como resultado global, tendremos un grupo de iones correspondientes la aleación de la moneda y, por supuesto, varias impurezas asociadas y entremedio un montón de isótopos de todas las especies existentes cuyas abundancias relativas se correlacionan con el origen de dicho metal. 

Las conclusiones de dicho estudio son tajantes, no toda la plata tenía un origen en las minas americanas, concretamente, las de aquellas piezas acuñadas en la península. Resultado muy lógico si pensamos detenidamente lo contado en las entradas anteriores, todo el metal acuñado que se transportaba en los galeones desde América hasta el puerto de Sevilla era aquí desembarcado solamente para ser redirigido a otros puertos europeos como pago a las mercancías importadas. Así, pues, es difícil que un medio real de Felipe IV acuñado en el Ingenio de Segovia estuviera fabricado empleando una plata que no circulaba en los mercado interno.

Medio real de Felipe IV, ceca Segovia


Hagámonos una pregunta para explicar las razones de que las cecas peninsulares no usaban metal americano, pero antes de eso, ¿por qué la moneda española llegó a ser tan aceptada? A diferencia de lo que sucede hoy en día en el que el euro está respaldado por la productividad de la eurozona, antiguamente una moneda tenía un valor per se; y era este valor intrínseco el que se garantizaba por los cuños y marcas con los que se imprimía el cospel de la moneda y de los lingotes. En un ejercicio de imaginación intentemos acudir con una pieza de plata a un mercado de la época e intentar realizar nuestras compras, si esta pieza no estaba convenientemente sellada nadie nos la iba a aceptar por muy buen aspecto que tuviese dado que no hay forma de demostrar que su ley es la que decimos que es; de hecho la historia nos muestra lo contrario: las macuquinas, con su tosca forma eran totalmente aceptadas dado que la confianza venía de portar un estampado en su superficie que garantizaba que era plata de ley.

2 reales de Fernando VI, Potosí; ejemplo muy evidente de la acuñación tosca de las macuquinas


Pero ¿por qué nadie en España acuñaba moneda a partir de un trozo de plata llegado de las Américas? Estos lingotes venían convenientemente marcados en su origen con un conjunto de sellos que garantizaban la ley del metal, este ensayo estaba grabado y sujeto a impuestos, por lo que es muy poco probable, por no decir poco inteligente, que un comerciante llevase a la ceca un lingote con estos sellos oficiales para amonedarlo, dado que se habrían pagado dos veces los mismos impuestos, unos durante el propio sellado del lingote y otros, de nuevo, al depositarlo en la ceca para amonedarlo.


Lingote de oro rescatado de un pecio en el que se observan los sellos de ensayo.


Esta situación se viviría sin cambios hasta Felipe IV, reinado en el cual se produjeron graves sucesos que cambiarían la política monetaria española y empeorarían las crisis que vivían el país, aunque a partir de entonces la plata americana sí que fue acuñada también en la península la Hacienda del país no se sanearía hasta el reinado de Felipe V; pero eso serán otras historias que quedarán para futuras entrada, ésta la vamos a terminarla describiendo la procedencia del oro y la plata a lo largo de los Austrias.

Distinguimos antes de nada dos ciclos principales que se correlacionan el primero durante el s. XVI y la primera mitad del s. XVII, mientras que el segundo tendrá lugar a partir de entonces. Este primer ciclo se tiende a subdividir a su vez en tres épocas históricas:

1500-1520: primer ciclo del oro

1520-1560: segundo ciclo del oro y primer ciclo de la plata

1560-1650: agotamiento del oro y segundo ciclo de la plata

El segundo ciclo se caracterizó por una producción que dependía de cada ceca y su mina y por tanto es mucho más heterogénea, además de menor dado el agotamiento de los filones más ricos y el desconocimiento de nuevos métodos de extracción del metal precioso de menas más impuras, para lo cual el descubrimiento de minas de mercurio (necesario para extraer el oro) en Almadén (Ciudad Real) fueron cruciales.


Lingotes de plata con sellos de ley.


A este marco de ciclos podríamos superponerle las rutas de conquista españolas para describir mejor la situación, pues durante el primer ciclo del oro y recién empezada la campaña de conquista del continente prácticamente todo procedía de las islas Antillas; mientras que a principios del s. XVII la mayoría de plata se extraía de Nueva Granada y, más concretamente, la ceca de Potosí. Vemos una clara y lógica relación entre los ciclos de producción y el peso que tendrían una u otra región del continente en la producción de oro y plata. 

4 reales de Felipe IV, ceca Granada


En cualquier caso, es necesario comparar lo que aportaban las distintas partes del Imperio a la Corona en el periodo que estamos tratando en esta (1500-1650); así, tendríamos que el Reino de Aragón aportaba solamente unos 100.000 ducados anuales, la Corona de Castilla, 1.250.000 ducados. La Iglesia, curiosamente, era la que más aportaba a la Corona con algo más de 2.000.000 de ducados anuales en 1500 y que en 1590 ya eran casi 3.000.000 de ducados. América aportó durante la primera parte del s. XVI 270.000 ducados anuales, que crecieron hasta 660.000 en la década de los 60 y hasta 2.260.000 en 1590, algo menos de lo que aportaba la Iglesia en la misma época. A partir del reinado de Felipe III su peso en la recaudación de la Corona sería cada vez mayor y ya con los Borbones la producción argéntea ultramarina se multiplicó claramente.

Aunque los cargamentos que nos llegaban de América no fueran tan grandes como se podría llegar a pensar, sí que fueron más que suficientes para meter a España en un periodo de quiebras continuadas y que moldearía muy profundamente la forma de vida y de pensar en el llamado Siglo de Oro.


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