16 abril 2012

100 pesetas de 1870 y otras fantasías de Ars Classica


El nacimiento de nuestra ya sucumbida moneda, la peseta, fue de lo más accidentada; los últimos años del s. XIX fueron épocas de tensiones y cambios radicales a nivel internacional; la misma España agonizaba entre las directrices políticas ancladas en el pasado y las corrientes que clamaban por un cambio regeneracional que devolviera al país a una posición dominante en el mundo y de la que apenas nada quedaba ya.


El Gobierno de Isabel II había intentado reformar la unidad monetaria, tal y como hemos visto en una yaantigua entrada, adoptando las directrices de la Unión Monetaria Latina. Sin embargo su prestigio se encontraba muy mermado ante los escándalos de La Noche de San Daniel, o la gran crisis industrial y educacional en la que se encontraba inmerso el país. La misma reina fue objeto de continuos ataques por parte de su propia Corte y, baste como ejemplo, el catedrático republicano Emilio Castelar acusó a la reina de pretender enriquecerse a costa del Patrimonio Público cuando ésta mandó enajenar bienes propios para intentar paliar la crisis que atravesaba España. 


En 1868 el mando militar a manos del vicealmirante Topete y en colaboración con los políticos del momento, niegan su obediencia a Isabel II y fuerzan su exilio a París, no así su renuncia formal a la Corona, que se la traspasa a su hijo, quien sería Alfonso XII. El movimiento revolucionario se propagó muy rápidamente por todo el país, siguiendo dos corrientes que vivirían enfrentadas durante todo el Sexenio Revolucionario, una línea monárquica de la que el político masón JuanPrim i Prats fue su más famoso representante y un grupo de Juntas revolucionarias y grupos populares que pretendieron romper con todo el pasado y conseguir una representación en el poder basada en la soberanía nacional. El enfrentamiento estaba servido, eran dos grupos totalmente irreconciliables temporalmente unidos, recordemos la proclama de Prim en Cataluña cuando llevaba en sus manos la Corona de España y le fue pedida por la masa del pueblo:



“Catalans, voleu córrer massa; no correu tant que podríeu ensopegar.”



El binomio entre una corriente moderada y otra más liberal se plasmó, como es evidente, en la moneda de estos seis años, un periodo corto pero muy rico en variedades, ensayos y pruebas. La primera medida a adoptar por el Gobierno Provisional fue evitar la disensión entra ambas corrientes mediante la organización de una cúpula directiva militar y política. La segunda, fue la convocación de unas Cortes en enero de 1869 en las que, por primera vez en España, se observaba un crecimiento de las ideas republicanas, aunque la corriente progresista/ unionista supuso el continuismo monárquico. La tercera, la promulgación de la Constitución de 1869.


En medio de estos cambios políticos el Ministro de Hacienda del Gobierno Provisional, Laureano Figuerola, se apresuró a ratificar el nuevo sistema monetario español. Toda una ruptura con el pasado isabelino y acorde con la corriente europea en la figura de la UML. 


El 6 de noviembre de 1868 se publicó el informe solicitado a la Real Academia de la Historia (RAH) con la finalidad de conocer cuál sería el motivo más legítimo y que mejor debiera representar a la nación de España; en él la RAH apoyaba la idea de usar la alegoría de la diosa Hispania empleada en las antiguas acuñaciones romanas del Emperador Hadriano.


Moneda romana con la alegoría de la Diosa Hispania


En cuanto al escudo que debía aparecer en la moneda de plata, se abogó por recordar la vieja unidad hispana en un momento en el que las voces secesionistas y federalistas eran muy fuertes; el cuartelado de los reinos de León, Castilla, Aragón y Navarra, más el escusón con la Granada y las columnas de Hércules en representación de la España de Ultramar con el motto PLVS VLTRA. Todo ello coronado con la corona mural; un intento de otorgar un símbolo de unidad territorial, de nuevo, a la vez que evitando el uso de la tradicional corona borbónica, que no insinuando una tendencia republicana, como algunos han querido ver, pues recordemos que esta orientación era todavía muy reciente.




Con motivo de cumplir dichas recomendaciones en la elaboración de la peseta, el 30 de marzo de 1869 se publicaron los diseños ganadores del concurso celebrado, con resultado desierto para la moneda de plata, para el bronce fue aprobado el presentado por Luis Plañiol, grabador principal de la casa de la moneda; y para el oro el de José Esteban Lozano, profesor de grabado en hueco de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. La moneda de plata fue diseñada por Luis Marchioni, así como las ligeras modificaciones realizadas para el oro y el cobre.





Esta introducción se ha realizado con motivo de la subasta que la prestigiosísima casa suíza ArsClassica realizará el próximo 19 de mayo, en la que se presenta una pieza considerada de extrema rareza y valor, con un precio de salida de 140000 CHF (116000€), el lote N3243, las 100 pesetas de oro de 1870. 





Está considerada la primera peseta áurea, de la que solamente se conocen unos 12 ejemplares, la mayoría depositados en el museo de la FNMT-RCM. Su anverso, como hemos visto, es obra de José Esteban Lozano, de acuerdo las recomendaciones de la RAH, con una Hispania de pie, con los Pirineos y el peñón de Gibraltar a sus espaldas, con palma de olivo y corona mural; toda una alegoría a la historia y a la unidad de España. Pero es su reverso el que hace que este numisma sea visto con ojos suspicaces; un reverso de un diseño que contraviene totalmente el modelo recomendado, en el que aparece, no solamente una corona continuista con el régimen anterior, también un manto de terciopelo forrado de armiños, así como el collar con el Vellocino de Oro de la Orden del Toisón. Mientras que el primer símbolo está reservado en exclusiva a los Grandes de España y, por supuesto, al Soberano, la inclusión del Collar en el escudo heráldico requiere haber sido ordenado Caballero de dicha Orden.


Efectivamente, no cuadra la simbología heráldica, algunos han querido ver en esta moneda una fantasía para los coleccionistas a semejanza de los 20 céntimos de esta misma época, una aberración en la que se mezclan un cuño republicano y uno claramente monárquico. Desde nuestro punto de vista, no podemos considerar el anverso como simbología republicana en un ejercicio anacrónico basándonos en la iconografía numismática de la II República que devendría en 1931; la RAH en ningún momento se decantó por una u otra política, limitándose a señalar una alegoría que representase las ideas revolucionarias, una nueva España cuyo modelo se encontraría en el viejo Imperio Romano. 



Reverso de una moneda de 10 escudos de oro de 1868, nótese el diseño base del que se elaborarían las nuevas pesetas de oro; existen otras monedas en las que el escudo es ovalado, como correspondería a una Soberana como Isabel II; se mezclan, pues, un conjunto de elementos heráldicos.


Si seguimos esta idea, tenemos una ventaja, no solamente explicamos la aparente incongruencia en una presunta fantasía repúblico-monárquica; también es compatible con la ideología de la época, en la que, en una búsqueda urgente de nueva simbología, no se llevó a cabo un estudio exhaustivo. Con la moneda de oro, por su elevado prestigio y alto valor, introducir la medida “peseta” sería una estrategia contraproducente para la confianza, los nominales elevados seguirán expresándose en escudos durante todo el Sexenio Revolucionario, tanto en la moneda áurea como en los recién aparecidos billetes. 


Este comportamiento distinto para las monedas de oro se tradujo en un periodo de pruebas para elaborarlas en pesetas; es una incógnita los motivos que llevaron a tan extraño reverso, bien pudo ser una adaptación y recuperación del reverso empleado durante la época de Isabel II, en donde ya se había aplicado en manto de armiños y el Collar de la Orden del Toisón de Oro, sin más que un ligero cambio heráldico básico como es la supresión del escusón central con las flores de Lis pertenecientes a la dinastía borbónica con la finalidad de mantener la confianza cuando sustituyeran a los escudos. La misma RAH, en su informe propuso un nuevo reverso, tal y como se desprende del siguiente extracto, que fuera ésta la única recomendación no seguida apoya la idea de elaborar una nueva unidad con un diseño continuista que fuera capaz de mantener la confianza:


“Escudo en forma oval dividido en cuatro cuarteles. En el primero un castillo de oro en campo rojo; en el segundo, un león en campo de plata; en el tercero, las barras de Aragón en campo de oro, y en el cuarto las cadenas de oro en campo rojo, de Navarra, y en la parte inferior del escudo, cuartel de Granada, la granada natural abierta en campo de plata. Alrededor del escudo, una guirnalda, y en su parte superior una estrella de seis puntas. Las leyendas y valor de las monedas, en círculo, y en el canto la leyenda "Soberanía Nacional", y una estrella de seis puntas marca de la Casa.”


Con la disolución del Gobierno Provisional, España volvería a la senda monárquica en 1870 bajo la Corona de la Dinastía de los Saboya, Amadeo I fue coronado bajo la sombra de la Constitución en la figura de un Gobierno Monárquico Parlamentario. La Revolución no había finalizado, carlistas, republicanos y monárquicos mostraron su más profundo rechazo a un monarca extranjero que, en 1873, renuncia totalmente a todos sus derechos sobrepasado por las tensiones en las que el país vivía. Apenas dos años de reinado se plasmaron en una única moneda circulante de 5 pesetas de plata, mientras que el reverso diseñado en 1870 fue utilizado tras la inclusión del escusón con la cruz de la Casa de Saboya para la elaboración de pruebas en las monedas de oro de 25 y 100 pesetas. Ninguna de ellas llegó a ponerse en circulación dada la inestabilidad en la que el país se encontraba y el poco tiempo que Amadeo I llegó a gobernar, y hoy son piezas muy codiciadas entre los coleccionistas, en la misma subasta del 19 de mayo de ArsClassica aparece el lote 3244, 25 pesetas de 1871, con un precio de salida de 80000 CHF (66000€); una perfecta pareja de ensayos monetarios en una nueva moneda hija de de los intentos inútiles y enfrentados de alcanzar la modernización y unificación del país.





PS: actualizo la presente entrada para recomendaros la lectura de la última entrada de Daniel, todos aquellos que seais apasionados de la numismática antigua disfrutaréis con un medallón de Magencio que también aparece en esta subasta, desde luego Ars Classica siempre nos sorprende con semejantes rarezas. Podéis leerla clicando en este enlace.



30 enero 2012

¿Puedo pagar con una moneda de 12€?


Todos mis lectores saben a estas alturas que Hnumisma no es la fuente más adecuada para informarse acerca de las últimas noticias sobre la moneda euro, por razones personales no es un sector que me interese y esa decisión se refleja claramente en las entradas que, con menor frecuencia que antaño, publico. Por supuesto ese mercado cuenta con un magnífico divulgador como es Numismática Visual, en sus entradas disponéis de las últimas noticias y primicias, por esa razón es un espacio muy activo y con varios premios por su labor, desde aquí, mi más sincero reconocimiento a su trabajo, que es muy duro.

Sin embargo debo decir que echo en falta en los blogs y foros que he consultado un tema tan controvertido en el coleccionismo de euros como sería la respuesta a una pregunta aparentemente sencilla: ¿puedo pagar con una moneda de 12€ de plata la compra del día?

Creo que la discusión más reciente la tuve con un forero de Imperio Numismático, reconocido por sus conocimientos en el mundo de los euros; a pesar de esa fama, no supo aclararme la pregunta de inicio más allá de unas vaguedades y desconocimiento por ambas partes que creo no se deben tolerar en un tema que debería estar ampliamente regulado. Un poco antes, en octubre, se montó una pequeña discusión entre un lector y Adolfo, autor del blog Numismático por la misma razón.

La combinación de ambas discusiones ha dado por fin sus frutos, basándome en las impresiones de todos, compilándolas y recurriendo a las fuentes primarias he conseguido lo que buscaba, una respuesta taxativa y totalmente clara sobre el uso de estas monedas como medio de pago, y creo que será muy interesante para todos hacer públicas las respuestas que he obtenido.

Antes de comenzar creo que debemos leer lo que nos dice la EU en la página 15 de esta guía sobre el euro que os podéis descargar en este enlace:



MONEDAS DE COLECCIÓN                                                                                     Las monedas de colección no están destinadas a la circulación y sólo tienen curso legal en el país que las emite. Los motivos y valores faciales difieren de los de las monedas convencionales y conmemorativas, que pueden utilizarse para efectuar pagos. Las características de las monedas de colección, como el color, el diámetro o el peso, difieren considerablemente de las de las monedas en circulación.



Las monedas diferentes a los 8 circulantes comunes en la Eurozona se denominan monedas de colección

¿Qué es una moneda de colección? Muy a menudo utilizamos indistintamente el término moneda conmemorativa para referirnos a cualesquier emisión monetaria cuyo diseño conmemora cualquier evento, sea cual sea la moneda. Aclarar que ésta designación es errónea, una moneda conmemorativa no es ni más ni menos que las emisiones especiales que realizan los distintos países de la eurozona sobre la moneda bimetálica con un facial de 2€ obedeciendo la legislación pertinente sobre diseño, ley y liga metálica y cantidad de emisión máxima autorizada. Todas aquellas monedas emitidas fuera de este patrón perfectamente reglado se conocen con el nombre de monedas de colección y, tal y como leemos en el párrafo anterior, son totalmente distintas en todos los sentidos a las 8 monedas que llamaremos “normales”. Una moneda de 20€ del año 2010 es una moneda de colección que conmemora el mundial de futbol ganado por España, pero NO es una moneda conmemorativa, este nombre está reservado a las de 2€ y nosotros como coleccionistas deberíamos empezar a diferenciar entre ambas expresiones porque unas y otras obedecen a leyes totalmente distintas, ¿y que es la moneda sino un disco metálico en el que se materializa una ley? Si ignoramos la ley, ignoramos todo sobre eso que llamamos moneda.

Las monedas de 2€, como el ejemplo de la de la imagen superior, son monedas conmemorativas

Y precisamente en el inicio del párrafo se responde claramente a nuestra pregunta de inicio: “Las monedas de colección no están destinadas a la circulación y sólo tienen curso legal en el país que las emite”. ¿Contradictorio? Aparentemente así lo parece pero este punto nos lo aclaró a la perfección el Departamento de Emisión y Caja del Banco de España, con quienes contacté personalmente, transcribo a continuación la parte de su respuesta en la que responden a este punto:



Las monedas de colección son monedas de curso legal: el Estado garantiza su valor nominal exigido ante el Banco de España, pero no son monedas de curso forzoso.



Que una moneda tenga curso legal significa simplemente que el Estado responde y garantiza su valor facial, es decir, que si yo tengo una moneda de 12€ del año 2010 el Estado de España me garantiza que yo tengo en mi poder precisamente la cantidad de 12€. Sin embargo, esta moneda no está destinada a circular, en palabras del BDE, es una moneda de curso no forzoso, lo que significa que no hay ley que garantice su poder liberatorio. Entra en juego un nuevo concepto, ¿qué es el poder liberatorio de una moneda?




El poder liberatorio de una moneda es un concepto diferente al curso legal y aunque en la propia web del BDE los relacionan, en el caso que nos ocupa sobre las monedas de colección no es así y ellos mismos nos lo indican con sus palabras; el poder liberatorio hace referencia simplemente a la capacidad de una moneda para cancelar una deuda que hayamos contraído; veámoslo con un ejemplo simple: si voy al mercado a comprar cuarto y mitad de queso curado tendré que hacer frente a un pago, para satisfacerlo entregaré a cambio un conjunto de monedas cuya suma facial sea equivalente a la deuda por el queso, si alguna de esas monedas no tuviese poder liberatorio su valor facial no serviría para cancelar parte o el total del pago.

De nuevo me remito a la respuesta que me ha dado el BDE:


[…] la interpretación realizada por la Dirección General del Tesoro y Política Financiera es la siguiente: […] no son monedas de curso forzoso y, por tanto, los destinatarios de las mismas no tienen la obligación de admitirlas como medio de liberar sus obligaciones, salvo pacto entre las partes (art. 1.170, párrafo primero, del Código Civil).


¿Complicado? En absoluto, las monedas de colección de 20€ son excelentes como medio de guardar un capital que estará respaldado por el Estado por la cantidad exacta de 20€, sin embargo no nos serán útiles en absoluto si queremos satisfacer una deuda que tengamos o, en otras palabras, hacer una compra. El acaparamiento de ellas por razones de especulación por su contenido en plata en principio no es una buena razón, actualmente la plata contenida dista mucho del valor facial y en caso de que fuese superado el Estado nunca nos garantizará más que la cantidad marcada de 20€, por otro lado el comercio no la aceptará dado que la mayor parte de la gente desconoce su existencia y además tampoco tienen motivos para ello porque carecen de valor liberatorio alguno y si lo hicieran sería por un pacto privado entre ambos que está recogido, como vemos, en el Libro Cuarto de las Obligaciones y Contratos Código Civil, artículo 1170:



Artículo 1170.El pago de las deudas de dinero deberá hacerse en la especie pactada y, no siendo posible entregar la especie, en la moneda de plata u oro que tenga curso legal en España.



Podríamos utilizarla esta moneda (u otras emisiones de colección) después de agotar la posibilidad de emplear los billetes (que poseen poder liberatorio ilimitado) o los 8 valores circulantes (que poseen poder liberatorio limitado a 50 unidades -desde 50 céntimos en monedas de 1ct hasta 100€ en monedas de 2€-, de acuerdo con el artículo 11 del Reglamento 974/48).

Sin embargo  el BDE me ha hecho una importante aclaración acerca del poder liberatorio de estas monedas y que ha liado un poco la historia de estas monedas:



Las órdenes ministeriales, ORDEN ECO/84/2002, de 10 de enero, por la que se acuerda la emisión, acuñación y puesta en circulación de monedas de 12 euros, ORDEN ECO/320/2003, de 10 de febrero, por la que se acuerda la emisión, acuñación y puesta en circulación de monedas de 12 euro y ORDEN ECO/3616/2003, de 19 de diciembre, por la que se acuerda la emisión, acuñación y puesta en circulación de monedas de 12 euro, incluían un artículo con el siguiente literal:
“Estas monedas serán admitidas en las cajas públicas del territorio nacional sin limitación, y entre particulares, en territorio nacional hasta 120 euros, cualquiera que sea la cuantía del pago.”



Las monedas de 12€ del año 2002, 2003 y la primera emisión del año 2004 dedicada a la Reina Isabel I de Castilla aparte de ser monedas de curso legal (todas los son) también tenían poder liberatorio con límite de 120€, es decir, en nuestro ejemplo, podríamos, y podemos, utilizarlas para pagar nuestro cuarto y mitad de queso quiera o no quiera el comerciante aceptarla. Mientras no nos pasemos de la cantidad de 120€ estará obligado a aceptar que cancelemos nuestra deuda con ellas. A partir de entonces estas monedas han perdido su poder liberatorio, por lo que no podremos cancelar las deudas con monedas de fecha posterior a la de 12€ de Isabel I de Castilla, sean de 12, 20, o las del año 2012, 30€.




¿Qué dice la UE de esto? He tenido la precaución de contactar con Banco Central Europeo para preguntarles expresamente por la situación económica de España, mejor dicho, por la monetaria, pues la primera es competencia del Ministro D. Luis de Guindos Jurado. En su respuesta me han remitido a lo dicho por el BDE, por lo que no existe la supuesta contradicción entre las disposiciones europeas y la legislación española, la trampa, por así decirlo, está en que otros países algunas de las monedas de colección por ellos emitidas conservan poder liberatorio, tal sería el caso de los 1000€ de oro emitidos por el Gobierno de Francia.









Y para los que hayáis leído todo el texto bien a fondo; sí, es ilegal que un comercio ponga un cartel en el que indique que no nos acepta un billete de 100€, 200€ o 500€ por norma de la casa, los billetes de euro de curso legal son los únicos que poseen un poder liberatorio ilimitado.

Desde aquí mi agradecimiento a ambos organismos, BDE y BCE por responder a todas mis preguntas para dar lugar a este artículo que creo despeja totalmente cualquier duda que pueda haber todavía.

21 enero 2012

El fin del mundo y la sangre de Navarra, Sancho III el Mayor

Según las viejas profecías, interpretadas por las corrientes New Age que tan de moda están en esta época de soledad y ausencia de interacciones sociales físicas, el mundo se acabará este año, 2012; aunque falta afinar mes y día. Es lo que tienen las noticias apocalípticas, de tan vagas que son no sería raro que acertaran, a fin de cuentas, ¿qué significa “acabarse el mundo”?

Mientras esperamos a vivir la definición exacta, vamos a volver la vista atrás a nuestro pasado; parece que de siempre hemos sentido cierta fascinación ante las fechas perfectas, con esto me refiero a lo evocador que suele resultar un cambio de siglo, o, incluso, de milenio, pasó en el 2000 y, aún antes, en el año 1000.

Ya entonces las ideas apocalípticas eran dueñas de la mente de las gentes de la época, y la verdad que no era para menos. Un viejo monje, Beato de Liébana fue el gran culpable de esta histeria, o, mejor dicho, se le hizo culpable por las modernas leyendas, tantas veces erróneas. Escribió Beato en el s. VIII su famosísimo Commentarium in Apocalypsin, una magnífica obra en la que gran parte del hilo conductor es precisamente el Apocalipsis, uno de los textos más místicos que podemos leer en la Biblia. Sostenía Beato que el fin del mundo estaría avecinándose, y sería bueno preparar el corazón de pastores y fieles para el advenimiento del Anticristo. 




En una época en la que leer era una aptitud reservada a los monásticos y ser dueño de un libro estaba reservado a los más pudientes, cuesta creer que las ideas de Beato fueran de dominio rústico, para esas pobres gentes el fin de su mundo era más probable que les llegara en una mala cosecha, en medio de una razzia mora que de los designios de Dios. No podemos olvidar, aunque nos cueste imaginar, que el calendario era algo reservado a la liturgia, a los altos cargos, ¿qué campesino podría siquiera saber que estaba viviendo en el año 1000 si no era porque se le había dicho?

Como siempre dice un amigo, “la mente medieval era estúpida, simple, y aun así nos cuesta ponernos en su piel”, y es cierto, ¿qué sucedió en el cambio de milenio?

La verdad es que Beato en algo tuvo razón, en la llegada del Anticristo, jamás los reinos cristianos de nuestra península se vieron tan al borde de su total desintegración como durante los años de Almanzor, caudillo del Califato de Córdoba e implacable con sus enemigos, sus años en el poder fueron realmente caos y destrucción para la obra de los reyes de León, años difíciles en los que las fronteras se desplazarían hacia el norte, los territorios fronterizos, arrasados, y sus habitantes, pasados a cuchillo o vendidos como esclavos en el mejor de los casos. La profecía parecía cumplirse, en 981 arrasa Zamora, en 985 Barcelona es destruida hasta los cimientos, en 987 Coímbra, símbolo de la Reconquista, es perdida por los cristianos, y, en 997, arrasa Compostela y la catedral construida por Alfonso III en el mayor golpe que pudo dar a la cristiandad. En 999 llegó hasta la misma Pamplona. Su nombre bien pudo despertar el terror de las gentes, ya ni en el norte estaban a salvo.

El papa Silvestre II se irguió hasta el altar mayor. La iglesia estaba a rebosar, y todos se habían arrodillado. El silencio era tan grande que se oía el roce de las mangas blancas del papa al moverse en torno al altar. Y hubo todavía otro ruido. Era un sonido que parecía medir los últimos minutos de los mil años de existencia de La Tierra desde la venida de Cristo. Resonaba en los oídos de los allí presentes como el latido en los oídos de quien tiene fiebre, con un ritmo sonoro, regular, incesante. La puerta de la sacristía estaba abierta, y lo que oían los asistentes era el tictac uniforme e ininterrumpido del gran reloj que colgaba dentro, con un latido por cada segundo que pasaba.
El papa era un hombre de férreo poder de voluntad, tranquilo y concentrado. Probablemente había dejado adrede la puerta abierta de la sacristía, para lograr el mayor efecto en ese gran momento. No se movía ni le temblaban las manos.
Se había dicho la misa de medianoche, y reinó un silencio mortal. Los presentes esperaban… El papa Silvestre no dijo una palabra. Parecía sumergido en la oración, con las manos elevadas al cielo. El reloj seguía su tictac. Un largo suspiro se elevó del pueblo, pero no pasó nada. Como niños con miedo a la oscuridad, todos los que estaban en la iglesia yacían con el rostro en el suelo, y no se atrevían a levantar la mirada. Un sudor de miedo cubría muchas frentes heladas, y las rodillas y los pies perdieron toda sensibilidad. Entonces, de repente, ¡el reloj cesó en su tictac!
Entre los asistentes empezó a formarse en muchas gargantas un grito de terror. Y, muertos de miedo, varios cuerpos cayeron pesadamente en el suelo frío de piedra. Entonces el reloj empezó a dar campanadas. Dio una, dos, tres, cuatro… Dio doce… La duodécima campanada resonó extinguiéndose en ecos, ¡y siguió reinando un silencio de muerte!
Entonces el papa Silvestre se volvió en torno, y con la orgullosa sonrisa de un vencedor, extendió las manos en bendición sobre las cabezas de los que llenaban la iglesia. Y en ese mismo momento todas las campanas de las torres empezaron un alegre y jubiloso repique, y desde la galería del órgano empezó a sonar un coro de gozosas voces, jóvenes y mayores, un poco inseguras al principio, quizá, pero haciéndose más claras y firmes por momentos. Cantaban Te Deum laudamus: “A ti, Dios, te alabamos”.
Todos los presentes unieron sus voces a las del coro. Pero pasó algún tiempo antes de que las espaldas en espasmo pudieran enderezarse, y la gente se recuperara del terrible espectáculo ofrecido por los que se habían muerto de miedo. Terminado de cantar el Te Deum, hombres y mujeres cayeron unos en brazos de otros, riendo y llorando e intercambiándose al beso de la paz. ¡Así terminó el año mil del nacimiento de Jesús!

Frederick H. Martens, en La Historia de la vida humana





Bonita historia aunque difícil que sucediera, en cualquier caso el año 1000 llegó, y con él Almanzor abandonó el mundo y los reinos del norte tuvieron la oportunidad de resurgir de las cenizas dejadas por el musulmán. Eran tiempos para que grandes hombres dirigieran nuestra historia, así lo hicieron unos jóvenes Alfonso V en León y Sancho III en Navarra. Sancho el Mayor, coronado rey de Navarra y conde de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza en 1004 concentró en su figura la vieja idea imperial de Hispania, pero su gran mérito sería favorecer la unificación del poder cristiano en una sola dirección, permitiendo su reorganización tras la destrucción sufrida a manos de Almanzor. Durante sus 31 años de reinado tuvo oportunidad de heredar gran parte de condados por derechos de sangre, concretamente, en 1028 su cuñado García Sánchez de Castilla fue asesinado en León adonde se dirigía a esposarse con Sancha, hija de Alfonso V, dado que su mujer era hermana de García, pasó a heredar también el condado de Castilla. La hija de Alfonso V fue entonces prometida a uno de los hijos de Sancho, llevando como dote el condado de Cea, frontera entre el Reino de León y el condado de Castilla. Ese mismo año muere también Alfonso V y su hijo y hermano de Sancha, Bermudo, quien por entonces contaba con 11 años pasa regir el destino del Reino de León, podría parecer el único que estaba fuera del control navarro, pero recordemos que su hermana, Sancha, estaba casada con uno de los hijos del Mayor, Fernando, que en una desgraciada carambola de sucesos será coronado Rey de León.

No es de extrañar que en la documentación de la época Sancho aparezca como Rex Ibericus, y Sancio rege Navarriae Hispaniarum, una figura que fue nexo entre reinos y condados tantas veces enfrentados y bajo la cual, sorprendentemente, apenas hubo enfrentamientos militares entre los territorios cristianos, algo que había llegado a ser tan frecuente en el pasado siglo, llegando incluso a aliarse con los musulmanes para atacar los condados vecinos.


Moneda asignada a Sancho III el Mayor por Heiss, leyenda IMPERATOR y acuñada en "Naiara" (Nájera) y expuesta en el MAN; actualmente se asigna a un reinado posterior.


Desde luego, el nuevo milenio no pintaba mal con reyes así, desgraciadamente a la muerte de Sancho III en 1035 los enfrentamientos volvieron a sucederse, pero el mapa había cambiado para todos, eran más fuertes, estaban mejor organizados, la nobleza había perdido su fuerza y los musulmanes estaban divididos en numerosas Taifas; el nuevo milenio traía aires de guerra, sí, pero el fin del mundo estaba un poco más lejos gracias a Sancho III.

12 enero 2012

2€ Guimarães Capital de la Cultura Europea

Ya el año pasado elaboramos una entrada sobre el motivo de acuñación de la moneda de 2€ conmemorativa de Fernão Mendes Pinto, lo mismo volveremos a hacer en la nueva emisión que la INCM realizará durante el mes de junio, siempre que no haya cambios de última hora, esta vez dedicada a la ciudad de Guimarães. 



Creo que Portugal es uno de los países que acuñan euros más orgullosos de su historia, desde sus 8 valores circulantes, pasando por las emisiones de colección, siempre te encuentras con una moneda que busca conmemorar alguno de los eventos sucedidos en sus 875 años de historia como nación, lo hicieron durante la existencia del escudo portugués y lo siguen haciendo ahora. No todo son buenas noticias, aprovechando la ganancia que resulta de emitir un volumen reducido de monedas de 2€ conmemorativas del año pasado, vuelven a repetir la estrategia, favoreciendo la especulación que rodea el sector de los euros de una forma que yo creo ya es crónica, pues pocos países hay ya que no busquen aprovecharse de esos coleccionistas. Para todos vosotros, os recomiendo el magnífico blog de Numismática Visual, donde encontrareis las últimas noticias sobre euros en primicia, grupos de compra y toda la información y consejos que necesitéis sobre el coleccionismo de euros. Nosotros, en la entrada de hoy, nos dedicaremos a una visión, como ya sabéis, más histórica.

El título de “Ciudad de la Cultura” es una iniciativa que llevó a cabo la Unión Europea en 1985, con la finalidad de dar a conocer cada año una ciudad entre todos los países que formamos parte de ella; tras una serie de reformas, el evento se conoce con el nombre de “Capital Europea de la Cultura” y durante este año 2012 Guimarães compartirá este nombramiento con la ciudad eslovena de Maribor.

Ciertamente si hay una ciudad portuguesa que merezca este apelativo, es Guimarães, pues es en ella donde el imaginario nacional sitúa el origen del nacimiento de Portugal como Reino. Era el año 1087 cuando un noble borgoñés llegó con su hermano a la corte leonesa de Alfonso VI, muy pronto llegaron a ser cercanos al rey, quien les cedió la mano de sus hijas y la división de la levantisca Galicia, la cual dividió en dos condados, para Raimundo y Urraca las tierras situadas al norte del río Miño, mientras que Enrique y Teresa recibirían el condado de Portucalense.

A pesar de esta división efectiva en dos condados, la situación continuó siendo igual de tensa que en los siglos anteriores, el sentimiento nacionalista aparecería ahora, uno de los principales instigadores sería el arzobispo Diego Xelmírez, quien apoyó la candidatura del nieto de Alfonso VI e hijo de Raimundo de Borgoña y Urraca como rey independiente de León. En el sur la situación era muy parecida, el conde Enrique situara la Corte en la villa de Guimarães y muy pronto se aprovechó de la crisis sucesoria acaecida a las muertes de su suegro Alfonso VI y de su hermano Raimundo, con Urraca rebelándose contra las intenciones conquistadoras de su segundo marido, Alfonso I El Batallador. No perdió el tiempo Enrique en declarar también la independencia del condado portucalense, en clara similitud a las intenciones de Xelmírez.

El hecho de que Portugal lograra la independencia y Galicia no se puede ver como un hecho fortuito, realmente. Alfonso Raimúndez había sido coronado rey de Galicia, y su primo Alfonso Enríques continuara con el intento independista de su padre y enfrentándose en el camino contra su propia madre. En el inicio la suerte sonrió a Alfonso Raimúndez, y por ende, a Galicia, al contar con un fuerte apoyo de la mano de Diego Xelmírez y de Compostela, participando activamente en los enfrentamientos de su madre contra El Batallador y llegando a ser reconocido como el sucesor oficial de la Reina Urraca en recompensa a este apoyo. Este éxito se volvió en contra de los intereses independistas gallegos, al atar el destino de su rey Alfonso a la corona de León, nuevamente.

Su primo, en cambio, tuvo que conseguir los apoyos suficientes para conseguir el poder que ostentaba su madre, situaciones muy similares pero Alfonso Enríques no contaba con un apoyo tan sólido como era la figura del arzobispo compostelano. El rey gallego aprovechó la situación para intentar controlar el condado, cercando la capital, Guimarães, en 1127. Tras una declaración de lealtad por parte de los portugueses, retira las tropas sin conquistar la ciudad, será el comienzo de una tirante relación con su primo en la que ninguno de los dos reconocería los actos del otro.

En 1128 la villa volvió a sufrir los destrozos de la guerra en la batalla de San Mamed entre la facción de Alfonso Enríques y las de su madre Teresa de León, la victoria fue indiscutible para el joven conde, quien buscó el reconocimiento oficial de Portugal como nuevo reino a manos de la Santa Sede, en 1139 se proclama rey, en 1140 firma como “Ego Adefonsus Portugalensium Rex”, en 1143 su primo Alfonso VII de León reconoce finalmente su soberanía y, finalmente, en 1179 el Papa reconocería a Portugal como reino independiente de León. 

Guimarães es, por tanto, el comienzo de Portugal, y no es de extrañar que sea la historia de la fundación el motivo elegido para la moneda de este año, una figura modernista de Afonso Enríques a manos del artista José de Guimarães, rodeada del escudo portugués y el logo de Guimarães Capital Europea de la Cultura, al fondo, el castillo de Guimarães, escenario de la batalla de San Mamed. Un detalle muy importante es la propia figura del diseñador de la moneda, nacido en la misma ciudad conmemorada, de José de Guimarães podemos leer esta breve biografía suya:

Nacido en 1939, se formó como Ingeniero militar para terminar su formación como artista en las ramas de pintura y grabado. Vivió siete años en la antigua colonia portuguesa de Angola (1967-74), en donde aprendió el arte propio de la región. A su vuelta a Portugal fue becario de la Fundación Calouste Gulbekian, organizando varias exposiciones a nivel internacional con gran éxito y recibiendo numerosos galardones por sus obras. La oportunidad de diseñar esta moneda conmemorativa es una combinación perfecta entre su última creación artística y reconocimiento imperecedero  a la vez.




No es, desde luego, la única moneda que acuñará Portugal con este motivo, pues para noviembre de este mismo año se espera la emisión de una moneda de 2.5€ en cuproníquel y en plata en la que se representa el mapa del Centro Histórico de Guimarães, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Recordemos que el origen de esta ciudad es muy anterior al s. XII, al ser fundada por el noble Vimara Pérez, caudillo gallego enviado por Alfonso III El Magno a la conquista del valle del Duero y que repoblaría la vieja ciudad de Porto, fundando en el centro de la región un pequeño burgo con su propio nombre, Vimaranes, que pronto derivaría a la actual Guimarães. Curiosamente, en Vimaranes estuvo situado el centro administrativo del condado de Portucale y desde el cual otro noble galaico, Hermenegildo Gutiérrez, continuaría la reconquista hasta Coimbra, donde fundaría el condado Coimbriguense. Las dos casas nobiliarias vivieron intentando sobreponerse a la otra, aunque será la línea de Vimara quien ostente el poder y la que desarrollaría el sentimiento independista, acto que llevó a cabo finalmente Alfonso I de Portugal gracias a la decisión política de su abuelo. Si nos perdemos por ella disfrutaremos de los contrastes que ofrece una pequeña y joven ciudad universitaria con una vieja historia escrita en las piedras de su casco viejo.

Terminamos aquí la entrada de hoy con este video promocional que personalmente me gusta mucho y me gustaría compartir con todos vosotros, hasta la próxima entrada:

video

23 diciembre 2011

Feliz Navidad

Con motivo de estas fiestas el blog Hnumisma se va a tomar un descansito hasta la semana de reyes, hasta entonces os dejo esta magnífica estampa de lo más navideña perteneciente al la Biblia de San Luis gracias al magnífico editor ourensado de facsímiles M. Moleiro. 

A todos aquellos que os haga ilusión enviar a vuestros seres más queridos una felicitación en estas fiestas deciros que M. Moleiro nos ofrece una serie de felicitaciones en la siguiente página web: No me entretengo más, yo os dejo aquí mi felicitación y una breve explicación sobre la Biblia de San Luis extraída de la wikipedia: 




La Biblia de San Luis es un manuscrito iluminado conservado en la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo y la Morgan Library & Museum de Nueva York. Fue realizada entre 1226 y 1234, en París, para la educación del rey Luis IX de Francia, San Luis, por orden de su madre Blanca de Castilla y está compuesta por tres volúmenes. El sello español M. Moleiro Editor ha publicado la primera y única reproducción facsímil de la Biblia de San Luis, en una edición de lujo limitada a 987 ejemplares.

La edición viene acompañada de dos volúmenes de estudio a cargo de numerosos especialistas de reconocido prestigio internacional, entre ellos Yves Christe y John Lowden. 

Historia 

Los datos más antiguos que se tienen de esta obra en Castilla se remontan al testamento y al codicilo de Alfonso X el Sabio. Con relación a la Biblia de San Luis hay una referencia en el testamento del rey castellano, que la describe como una Biblia «de tres libros, historiada, que nos dio el Rey Luis de Francia» y como «una de las cosas más nobles que pertenecen al Rey». Con toda certeza se puede afirmar que la Biblia de San Luis a la que se refiere Alfonso es la que se conserva en la catedral de Toledo. Por los estudios realizados sobre sus distintos aspectos se puede asignar con mucha aproximación la fecha de composición y el tiempo en que fue copiada e iluminada (entre los años 1226 y 1234). 

Descripción 

La Biblia de San Luis forma parte de un pequeño conjunto de siete Biblias, que se copiaron en el siglo XIII para las personas de la realeza francesa de la dinastía, entonces reinante, de los Capetos. Se trata de un tipo peculiar de libro bíblico, que no tenía precedentes en la tradición de los escritorios europeos. Ricamente iluminado, como correspondía a la dignidad de los destinatarios. Generalmente se las conoce con el nombre de Biblias moralizadas. El rasgo más destacado de estos libros es el enorme alarde de riqueza y fastuosidad de que hacen gala. Eran unas Biblias hechas para uso exclusivo de los reyes.

17 diciembre 2011

No eran del Nuevo Mundo (III)


Esta tercera y última entrada de la serie dedicada a la presentación del comercio de España con la moneda extraída del Nuevo Mundo pretende ser una presentación de una de las noticias que más impacto creo pueden tener: no toda la plata acuñada en moneda bajo el sello español tuvo su origen en el Nuevo Mundo.

Semejante noticia podría ser un magnífico contraargumento a las históricas quejas de un grupo de latinoamericanos que plantean una hipotética devolución del llamado “oro robado”, y antes de que nadie me salte a la yugular debo decir en defensa propia que muchas veces estas reclamaciones se hacen desde el grito fácil y sin tener en cuenta la realidad histórica de la época. Dicho estudio fue realizado por la Université de Lyon gracias al estudio mediante espectrometría de masas de varios ejemplares de la época y se espera que ayude a aclarar este periodo tan complicado desde el punto de vista económico y numismático.

Antes de continuar me gustaría hacer una pequeña explicación sobre esta técnica, una de las que más gusta realizar en laboratorio por sus innumerables ventajas. Brevemente la técnica consiste en excitar los átomos metálicos de la moneda e ionizarlos (es decir, cargarlos). Dado que el fundamento de la técnica se basa en la utilización de campos electromagnéticos, esta ionización es fundamental para poder separar dichos átomos (ahora, iones) en función de su masa (y su carga). Existen numerosas formas de ionizar la muestra, usar una u otra depende de su fragilidad, de su estado físico, incluso de la información que buscamos, y van desde un sencillo bombardeo con electrones hasta el uso de matrices cuando hablamos de muestras biológicas. Una vez separados los iones en función de su masa (y carga) serán registrados en un espectrograma, este espectrograma podría tener un aspecto como el siguiente:

La altura de los picos nos dará una visión de la abundancia relativa de ese ión metálico con respecto al más abundante (el más alto). Así, como resultado global, tendremos un grupo de iones correspondientes la aleación de la moneda y, por supuesto, varias impurezas asociadas y entremedio un montón de isótopos de todas las especies existentes cuyas abundancias relativas se correlacionan con el origen de dicho metal. 

Las conclusiones de dicho estudio son tajantes, no toda la plata tenía un origen en las minas americanas, concretamente, las de aquellas piezas acuñadas en la península. Resultado muy lógico si pensamos detenidamente lo contado en las entradas anteriores, todo el metal acuñado que se transportaba en los galeones desde América hasta el puerto de Sevilla era aquí desembarcado solamente para ser redirigido a otros puertos europeos como pago a las mercancías importadas. Así, pues, es difícil que un medio real de Felipe IV acuñado en el Ingenio de Segovia estuviera fabricado empleando una plata que no circulaba en los mercado interno.

Medio real de Felipe IV, ceca Segovia


Hagámonos una pregunta para explicar las razones de que las cecas peninsulares no usaban metal americano, pero antes de eso, ¿por qué la moneda española llegó a ser tan aceptada? A diferencia de lo que sucede hoy en día en el que el euro está respaldado por la productividad de la eurozona, antiguamente una moneda tenía un valor per se; y era este valor intrínseco el que se garantizaba por los cuños y marcas con los que se imprimía el cospel de la moneda y de los lingotes. En un ejercicio de imaginación intentemos acudir con una pieza de plata a un mercado de la época e intentar realizar nuestras compras, si esta pieza no estaba convenientemente sellada nadie nos la iba a aceptar por muy buen aspecto que tuviese dado que no hay forma de demostrar que su ley es la que decimos que es; de hecho la historia nos muestra lo contrario: las macuquinas, con su tosca forma eran totalmente aceptadas dado que la confianza venía de portar un estampado en su superficie que garantizaba que era plata de ley.

2 reales de Fernando VI, Potosí; ejemplo muy evidente de la acuñación tosca de las macuquinas


Pero ¿por qué nadie en España acuñaba moneda a partir de un trozo de plata llegado de las Américas? Estos lingotes venían convenientemente marcados en su origen con un conjunto de sellos que garantizaban la ley del metal, este ensayo estaba grabado y sujeto a impuestos, por lo que es muy poco probable, por no decir poco inteligente, que un comerciante llevase a la ceca un lingote con estos sellos oficiales para amonedarlo, dado que se habrían pagado dos veces los mismos impuestos, unos durante el propio sellado del lingote y otros, de nuevo, al depositarlo en la ceca para amonedarlo.


Lingote de oro rescatado de un pecio en el que se observan los sellos de ensayo.


Esta situación se viviría sin cambios hasta Felipe IV, reinado en el cual se produjeron graves sucesos que cambiarían la política monetaria española y empeorarían las crisis que vivían el país, aunque a partir de entonces la plata americana sí que fue acuñada también en la península la Hacienda del país no se sanearía hasta el reinado de Felipe V; pero eso serán otras historias que quedarán para futuras entrada, ésta la vamos a terminarla describiendo la procedencia del oro y la plata a lo largo de los Austrias.

Distinguimos antes de nada dos ciclos principales que se correlacionan el primero durante el s. XVI y la primera mitad del s. XVII, mientras que el segundo tendrá lugar a partir de entonces. Este primer ciclo se tiende a subdividir a su vez en tres épocas históricas:

1500-1520: primer ciclo del oro

1520-1560: segundo ciclo del oro y primer ciclo de la plata

1560-1650: agotamiento del oro y segundo ciclo de la plata

El segundo ciclo se caracterizó por una producción que dependía de cada ceca y su mina y por tanto es mucho más heterogénea, además de menor dado el agotamiento de los filones más ricos y el desconocimiento de nuevos métodos de extracción del metal precioso de menas más impuras, para lo cual el descubrimiento de minas de mercurio (necesario para extraer el oro) en Almadén (Ciudad Real) fueron cruciales.


Lingotes de plata con sellos de ley.


A este marco de ciclos podríamos superponerle las rutas de conquista españolas para describir mejor la situación, pues durante el primer ciclo del oro y recién empezada la campaña de conquista del continente prácticamente todo procedía de las islas Antillas; mientras que a principios del s. XVII la mayoría de plata se extraía de Nueva Granada y, más concretamente, la ceca de Potosí. Vemos una clara y lógica relación entre los ciclos de producción y el peso que tendrían una u otra región del continente en la producción de oro y plata. 

4 reales de Felipe IV, ceca Granada


En cualquier caso, es necesario comparar lo que aportaban las distintas partes del Imperio a la Corona en el periodo que estamos tratando en esta (1500-1650); así, tendríamos que el Reino de Aragón aportaba solamente unos 100.000 ducados anuales, la Corona de Castilla, 1.250.000 ducados. La Iglesia, curiosamente, era la que más aportaba a la Corona con algo más de 2.000.000 de ducados anuales en 1500 y que en 1590 ya eran casi 3.000.000 de ducados. América aportó durante la primera parte del s. XVI 270.000 ducados anuales, que crecieron hasta 660.000 en la década de los 60 y hasta 2.260.000 en 1590, algo menos de lo que aportaba la Iglesia en la misma época. A partir del reinado de Felipe III su peso en la recaudación de la Corona sería cada vez mayor y ya con los Borbones la producción argéntea ultramarina se multiplicó claramente.

Aunque los cargamentos que nos llegaban de América no fueran tan grandes como se podría llegar a pensar, sí que fueron más que suficientes para meter a España en un periodo de quiebras continuadas y que moldearía muy profundamente la forma de vida y de pensar en el llamado Siglo de Oro.


10 diciembre 2011

Entrevista a Manuel Mozo Monroy


Tras la entrevista que realizamos a Antonio Roma Valdés hoy tenemos el honor de poder presentar una segunda, que se ha realizado a Manuel Mozo Monroy, muy conocido por su último trabajo, “La moneda de oro en los Reinos de Castilla y León. Siglos XII –XV” en compañía de Manuel Retuerce Velasco. Agradecemos el tiempo que se ha tomado en responder a las preguntas que le hemos hecho desde este blog y, por supuesto, haber aceptado compartir su experiencia con nosotros.




Manuel Mozo, nacido en Madrid en mayo de 1967. Ingeniero de Sistemas Informáticos. Investigador del Archivo Histórico Nacional (AHN), del Museo Arqueológico (MAN) y de la Biblioteca Nacional (BNE), Miembro de la Asociación Española de Arqueología Medieval (AEAM) y de la Asociación Numismática Española (ANE). Actualmente compagina su trabajo como responsable de Seguridad de Sistemas en una multinacional americana con la labor de consultoría y expertización en numismática medieval para diferentes Museos Provinciales de Castilla-La Mancha, Castilla-León, y Madrid, así como para varias empresas y asociaciones arqueológicas e históricas.




Pregunta 1
Entre los coleccionistas medievalistas es muy conocido por su monográfico sobre la moneda de oro, me siento obligado a preguntarle, ¿es parte de ese colectivo o para usted la numismática es simplemente una ciencia a estudiar?

Para mí, no cabe la menor duda que la numismática es una ciencia, de la misma manera que lo es la Arqueología, la Historia, la Paleografía, la Diplomática, y la Sigilografía. Pero no es menos cierto, que todas ellas se complementan haciendo en múltiples ocasiones imposible llegar a una opinión realmente científica sin la necesidad de usar todas ellas en su debida proporción. Esta razón, es válida no sólo para la numismática, sino también para cualquiera de las demás áreas de conocimiento citadas. No es raro de hecho encontrar ocasiones en las que ha sido necesario usar de la numismática para datar debidamente un estrato arqueológico, un sigilo, un documento sin fecha, e incluso algunos hechos cronísticos no suficientemente bien identificados.

Es cierto que a raíz de la publicación del libro -que yo llamo “Libro del Oro”-, algunos coleccionistas medievales han empezado a conocer mi labor como investigador de la numismática medieval castellano-leonesa. No obstante, esta labor científica de investigación la vengo realizando durante más de veinte años, siendo acaso la publicación del mencionado trabajo, la última y más preeminente acción que como escritor he realizado. Sin embargo, no es menos cierto, que son ya muchos los trabajos que sobre numismática medieval he publicado durante esta veintena de años.




Pregunta 2
Cuéntenos, ¿de dónde surgió la idea de elaborar el “Libro del Oro”? No es un investigador numismático en el sentido pleno y sin embargo su obra ha llegado a ser de referencia para las casas de subastas, ¡todo un logro!

Tal y como se cita en el prólogo del libro, la iniciativa original no fue nuestra, sino de Teresa Sisó, directora de la casa de Subastas Áureo & Calicó, que sabedora de nuestras investigaciones en este campo, nos solicitó la posibilidad de acompañar con escritos explicativos las impresionantes piezas medievales de oro castellano-leonesas que conformaban la ya famosa colección “Caballero de Yndias”. Sin embargo, y debido a la gran cantidad de monedas que conformaban dicha colección, en la práctica fue imposible añadir nuestros escritos como complemento de las mismas, razón por la cual la Asociación Española de Arqueología Medieval consideró interesante publicar dichos estudios bajo la forma de libro, añadiendo tan sólo los comentarios a las mínimas piezas medievales de Castilla y León que en la mencionada colección no se encontraban representadas.

No obstante, no me toca a mí decir si soy o no investigador. En puridad, tampoco es algo que me importe. Los años que llevo estudiando exclusivamente la moneda medieval en los reinos de Castilla y León, no sólo han dado como producto final este “Libro del Oro”, sino también un libro en el que estoy actualmente inmerso junto a Manuel Retuerce, del cual, ya tenemos finalizado el primer tomo –compuesto de 1200 páginas- que abarca desde el año 1085 (toma de Toledo por parte de Alfonso VI) hasta 1252 (fallecimiento del rey Fernando III). En esta, como la llama un amigo “Enciclopedia”, no sólo se habla de monedas, sino de muchos otros aspectos colaterales -historia medieval, arqueología, diplomática, cancillería-, enlazados de tal manera que, el resultado último encaja tan naturalmente y de una manera tan simple, que parece increíble que nadie lo haya hecho hasta ahora.

Eso es en nuestra opinión una “investigación”, pero, por supuesto, no nos corresponde a nosotros mismos determinar si somos o no investigadores en sentido pleno. Aunque insisto: no es algo que me quite el sueño, si con ello, y desde la más humildes de las posturas, se consigue que una de las más oscuras secciones de la numismática hispana, vea la luz con todo su realismo y esplendor, tal y como se produjo en realidad, con sus miedos, sus religiosidad, sus enfrentamientos militares y políticos, y sobre todo, con su vida diaria, ejerciendo lo que en términos absolutos era la moneda en sí, un mecanismo mercantil que servía para transmitir mensajes políticos y religiosos a la sociedad medieval.




Pregunta 3
Me queda claro que no es necesario ser Licenciado en Historia para especializarse en la numismática, es una ciencia que avanza muy bien de manos de “amateurs”, pero tiene razón, no es algo que deba quitarle a uno el sueño, los resultados son los que avalan. Dígame, ¿cuál fue su experiencia personal para centrarse en la numismática medieval? Personalmente, yo nunca me imaginé que estaría en esta sección de la numismática hasta que cayó en mis manos uno de esos dineros de las seis líneas, y desde entonces reconozco que tengo bastante abandonada la moneda española contemporánea, siento como qué le falta algo que la Edad Media sí me proporciona.

Quizá, como a la mayoría de los que se han aficionado por la moneda medieval, en un principio nos llamó la atención su “fragilidad”. Pienso que sería algo como “ponerse de parte del más débil”. Durante gran parte de la Edad Media, los reinos minoritarios fueron los cristianos. No fue hasta la batalla de las Navas (1212) en tiempos de Alfonso VIII, y posteriormente el aterrador denuedo conquistador de Fernando III (1246-1252), que se invirtieron los términos, y las fuerzas cristianas se hicieron con el control de territorio patrio. Fueron años muy complejos y difíciles, donde lo prioritario era alcanzar la noche sin haber sido muerto. La moneda pues, no era sino un mecanismo político de escasa utilización en una sociedad mediatizada por la religión. Ello implicaba por ende que las amonedaciones cristianas se viesen envueltas de la religiosidad inspirada por el teocentrismo y por los textos bíblicos, y no, como una herramienta específica de comercio. Es por ello que, ante la falta generalizada de metales nobles sobre los que acuñar -las arcas estatales nunca anduvieron sobradas, pues la prioridad de la reconquistadora era manifiesta-, la numaria plenomedieval de la época tuvo siempre rasgos básicamente constitutivos de una economía de subsistencia, adaptada, eso sí, al patrón cuaternal carolingio (cuatro partes de plata sobre doce posibles) vigente en el resto de Europa, al que nunca consiguieron emular, aunque en la medida de sus posibilidades si intentaron remedar incluso hasta en sus momentos de máxima debilidad (Batalla de Alarcos, 1195).

Resumiendo, la moneda medieval, como tal elemento sistémico, no era sino la constatación de la existencia de una fuerza cristiana opositora al Islam, si bien su papel como dinamizador de la economía en los territorios cristianos no iba más allá en la práctica, de la fabricación de piezas de pequeño tamaño y peso con representaciones simbólicas bíblicas y deísticas, cuya función era la de dejar palpable evidencia de que Dios y su reino, estaba también presente en aquellos instantes en los que ser cristiano era una circunstancia más, para ser masacrado por las hordas sarracenas.

Pregunta 4
Son monedas muy delicadas ciertamente, y el tenerlas en la mano le hace a uno imaginar mejor lo que nos cuenta. ¿Qué razones daría usted a un novel para animarle en el coleccionismo de esta moneda?

De alguna manera ya lo he indicado en la anterior pregunta. La primera, el gran desconocimiento general que existe de la moneda medieval en su conjunto, lo cual abre muchas puertas a la investigación; y en segundo, la belleza de tales amonedaciones, que la mayoría de las veces parece imposible que se hubiese podido labrar en cospeles tan finos y pequeños, tanta cantidad de información y tanto arte simbólico como el que aquellos maestros abridores de cuños eran capaces de dibujar en las matrices monetales que fabricaban.

Además, si se me permite comentarlo –y en ello hablo por experiencia propia- la experiencia única que supone el poder desplazar tu mente al año 1000. Pensar cómo pensaba una persona de aquellos años; ver por sus propios ojos cómo era la vida en aquellos años, con sus bondades y sus bestialidades; experimentar en ti mismo aquellas sensaciones, aquellas vivencias. Eso, aunque así dicho parezca muy poético, os aseguro que no tiene precio y que es acaso lo mejor que te pueden deparar estas piezas insignificantes.




Pregunta 5
Coincidimos, son una ventana al pasado que no tienen nada que envidiar a cualquier máquina del tiempo. ¿Alguna moneda deseada? Esa pieza que no dudaría en tener si pudiese.

Después de tantos años en la numismática medieval, he visto tal cantidad de monedas, raras y normales, que se me hace difícil poder elegir una. No obstante, intento no tener apego a nada, pues conozco de su rareza y de la ligereza de nuestras vidas. Sin embargo, llevado al punto de tener que hacerlo, posiblemente me quedaría con el rarísimo dinero santiagués de leyenda “Sainc Ove” hoy en día en paradero incógnito, o con la meaja fernandina única del desembarco del Apóstol Santiago conservado en el Museo de las Peregrinaciones de Santiago de Compostela.




Pregunta 6
Aficionado a numismática, arqueología, epigrafía, historia, sigilografía, ¿cómo autoformarse en tantas disciplinas y cuántas más serán necesarias para estudiar una moneda?

Todo lo que se sepa en esta vida, siempre será útil. Nunca deberíamos negarnos a aprender sobre nada. Mi experiencia propia me dice que cuanto más sepas, más capaz serás de interrelacionar todos los aspectos de la vida. A día de hoy, no hay absolutamente ni una sola faceta de nuestras vidas que no esté directa o indirectamente relaciona con otras múltiples ideas, razones, características o funciones de otras miles de circunstancias. Por eso, nada puede ni debe dejarse de aprender o de conocer, si se tiene la posibilidad de ello.

Dicho esto, la respuesta a vuestra pregunta es clara: lo que lleva a autoformarte en tantas disciplinas tan divergentes es “el amor”. Eso es lo único que nos mueve en el deseo de conocer y de hacerse a sí mismo. Sin amor por algo, no hay interés, no hay entusiasmo. ¿Por qué aprendí todas esas ciencias, que nada tienen que ver con mi carrera profesional? Pues porque “amo” apasionadamente a las monedas medievales, y me di cuenta de que todas esas disciplinas del saber me eran vitales para entender todo aquello que la propia moneda y la numismática no me enseñaban. Y sí, efectivamente, me serví de todas esas ciencias para poder entender las razones últimas de las monedas. Fue gracias a todos esos estudios, a todas esas áreas del saber, a través de las que fui capaz de llegar a sus fundamentos, a sus bases. Sin todas ellas, no habría sido capaz -ni nadie lo será jamás- de poder llegar a estudiar en su conjunto, ni una sola moneda, sea de la época o del país que sea.


Califato Omeya de Damasco. Dirham. AH 101. Al Basra


Pregunta 7
Sigue pareciéndome un esfuerzo titánico, pero está claro que los resultados lo avalan. Moneda medieval cristiana y medieval islámica, ¿campos enfrentados? Quien trabaja en uno muy rara vez se adentra en el otro; es más, la especialización parece que llegar a centrarse en alguno de los distintos reinos de la Spania medieval.

Has utilizado el término preciso “Spania”: dicha expresión latina en el alto y pleno Medievo era la utilizada tanto para referirse a territorios cristianos conquistados como a las zonas musulmanas pendientes de conquistar. Así nos lo confirma Alfonso III el Magno: “postea Rex noster Sarracenis inferens bellum, exicitum movit, et Spaniam intravit. Es decir, mal comparado, Spania era como las dos mitades de un campo de futbol, es decir, dos partes indiferenciadas de una misma cosa. Llamar a los espacios exclusivamente cristianos “Spania“, sería igual que llamar “campo de futbol” tan sólo a una de las dos mitades del terreno de juego.

No obstante, este es un ejemplo más de lo que antes comentábamos. Yo me vi obligado a aprender tanto latín como árabe –básico, por supuesto- para poder leer tanto las piezas medievales en su conjunto como algunas labras cristianas transcritas con escritura arábiga cúfica. Aun así, también tuve que apoyarme en grandes conocedores de la numaria musulmana como son mis amigos Rafael Frochoso y Salvador Fontenla, que siempre me han ayudado y me han enseñado desinteresadamente en todo aquello que les he solicitado o preguntado. Es por tanto necesario saber de muchos campos de acción, e investigar en todos ellos, para poder tener, como antes decíamos, una imagen sólida de conjunto de cuáles fueron las motivaciones reales de las amonedaciones cristianas. Por supuesto no me considero un experto en labras islámicas, pero sí me fue necesario, aprender de ellas y de quienes son sus Maestros hoy en día, para poder conocer y encajar debidamente las emisiones cristianas en aquel mundo regido por ambas fuerzas militares y religiosas del medievo castellano-leonés.




Pregunta 8
Su enfoque a la numaria castellanoleonesa se basa en un seguimiento exhaustivo de las fuentes escritas de la época; esto supone una cierta ruptura con la metodología que fue seguida antiguamente. Hoy se encuentra en pleno desarrollo y los resultados publicados por diversos numismáticos demuestran el éxito de este enfoque, aparentemente evidente pero, por alguna razón, descartado hasta el siglo pasado. ¿Cómo vive el proceso de introducción de nuevas tesis e ideas en el campo numismático? ¿Siguen presentes los nombres de los grandes investigadores del pasado?

Lo vivo como un proceso de mejora continua. Todas las ciencias han evolucionado siempre más con los errores que con los aciertos. Y el estudio científico de la numismática no es más que un ejemplo de ello. Muchos han sido los estudiosos que han arrojado perspectivas válidas en el estudio de la moneda medieval, y tantos o más los que lo han hecho –por supuesto convencidos en su momento de lo contrario- de manera equivocada. Pero todos ellos han dejado su aporte positivo, pues como se puede comprobar ahora, es producto de todos aquellos trabajos por lo que la numismática medieval castellano-leonesas avanza en nuestros días por el buen camino.

El estudio de los documentos –y de cualquier otra fuente científica válida y contrastada- es vital para el encaje preciso de las amonedaciones en las épocas en que se produjeron. Y lógicamente, tanto para bien como para mal, leer y tener en cuenta todo lo que otros dijeron antes es también muy importante: siempre hay algo de utilizable en cualquier idea por peregrina o sin sentido que pueda parecer ser. Yo al menos y en mi humildad - siempre lo he dicho y siempre lo diré-, me considero, tal y como decía Bernardo de Chartres, “un enano subido a hombros de gigantes”.





Pregunta 9
Y nuestros gigantes siguen siendo verdaderos referentes. Se me ocurre ahora el caso de los pepiones, esos “bienpeinados” del rey Alfonso VIII que empezaron siendo asignados, erróneamente, a Alfonso I “El Batallador”. La palabra pepión ya de por sí es algo conflictiva y su aparición más antigua parece venir en un codicilo del rey D. Sancho I de Portugal, recogido por Teixeira de Aragão y en el que se cita textualmente: “et triginta quinque solidos, et pipiones”. D. Beltrán dedujo que se refería a la moneda de Alfonso VIII pero el tema parece que chirría algo y estamos en un punto sin salida; ¿qué opina que era ese pepión? ¿Cómo podemos rebatir a dos grandes como Teixeira o Beltrán? Hay antecedentes en la mejora de nuestro vocabulario cambiando el incorrecto “óbolo” por “meaja”, pero cambiar siempre cuesta.

Esta pregunta la tengo debidamente respondida en el capítulo correspondiente a Alfonso VIII de mi nuevo libro. Son casi 20 páginas las que dedico exclusivamente a explicar esta cuestión, razón por la que creo que sería más que difícil resumir en el pequeño espacio de una entrevista una cuestión tan compleja. Lo que sí os puedo decir es que para nada es un “punto sin salida”, tal y como dices. Sí que tiene salida, y es tan simple que parece ciertamente mentira que nadie haya dado con ella antes. Como decía al principio, es tan sencillo como encajar todas las piezas en su debido orden, concierto y posición, y la solución aparece sola, clara, precisa. Aunque una cosa sí es cierta: son muchas las piezas que he tenido que ir recopilando durante muchos años de muchas disciplinas de la ciencia.

Sin duda que Teixeira de Aragão y Pio Beltrán pusieron su granito de arena, pero no era más que el comienzo de camino. A día de hoy se puede afirmar que el término “pepión“, comenzó a utilizarse en 1207 o en 1217 –ambas fechas tienen su lógica-, y más que probablemente fue una nueva nomenclatura para designar a una moneda ya existente. Debió de ser algo parecido a cuando el pueblo español comenzó a llamar “duro” a la moneda de “cinco pesetas”.

Respecto a la duplicidad “óbolo/meaja”, sucede algo similar. También lo explico a lo largo de bastantes páginas de en mi libro. Lo que sí es cierto es que documentalmente el concepto francés “obol” no se usa nunca aplicado al vellón castellano-leonés, siendo sin embargo utilizado con relativa frecuencia el de “medailla/meaia/meaja” para piezas de menor valor. Aunque no sólo se aplicaba al vellón, pues también se conocen ciertas referencias a “meaias de oro” relativas sin duda a piezas áureas de valor divisional.

Pregunta 10
Muy interesante, me quedo con una duda que se resolverá cuando lea las 20 páginas, serán una revolución; debo confesar que además desconocía la existencia de las meajas de oro como moneda real. Pero en serio, explíqueme, ¿cómo se “le da nombre” a una moneda?, ¿cómo la “bautizamos”?

No somos quien para poner nombre ni bautizar a una moneda. Es como a los hijos. ¿Quien tiene derecho a poner un nombre a un hijo? Pues sus progenitores legales (normalmente padre y madre, de común acuerdo). Pues igual pasa con las monedas. ¿Quién nos ha permitido poner nombre a una moneda? Nadie. Las monedas tienen sus nombres y así están citadas en los documentos coetáneos que son los únicos legitimados para ello. Y tales nombres son los que debemos usar, independientemente del deseo partidista de quien corresponda para erogarse la potestad de “bautizar” a una moneda. Eso no es lícito ni científico, lo haga quien lo haga. De la misma manera que en los documentos del Registro Civil es donde el nombre de cada cual está escrito, sucede igual con las monedas: son los manuscritos, diplomas, cartularios y legajos los que nos informan siempre del nombre de las piezas.

Otra cosa bien distinta, es cómo relacionar los nombres que aparecen en los textos de la época con los ejemplares físicos monetarios actualmente conocidos. Ese aspecto, no tiene respuesta y tiene muchas respuestas a la vez, pues es del todo opinable, en un principio, asignar un nombre documentado a una tipología existente. No obstante, el único camino para conseguir dichas atribuciones es el estudio detenido de los documentos, así como los datos colaterales que dichos textos adjuntan. Todo ello, estudiado en su debida proporción nos pondrá en una posible vía de referencia correcta. Determinar qué camino es el más adecuado, depende ya del nivel de conocimiento, de raciocinio o de pensamiento lógico de cada cual.
Dicho en otras palabras: en principio no existe ninguna razón que nos lleve a llamar “pepión”, por ejemplo, a una moneda y no a otra, si no es por la contextualización de similar término en otros documentos en la época, y por la correcta interpretación del resto de información aportada por los diplomas. Y aún así, dependiendo del hilo argumental utilizado, los resultados que se obtengan pueden ser dispares. Cuál de ellos es el correcto, es una pregunta de difícil respuesta, pues depende de la interpretación que cada uno haga en su propia mente de ambas hipótesis, el creer como más plausible una solución o su contraria.

Pregunta 11
¿Sería tan amable de explicar a los lectores su metodología de estudio? Las fuentes están dispersas, son viejos legajos redactados en un idioma arcaico y con sintaxis compleja y revirada, una entremezcla de leyenda, realidad e imaginación ¡Me parece tan complicado decidirse a estudiar la historia de alguna moneda si no es a hombros de gigantes…!

No tengo una metodología especial salvo la “mía propia” que es fruto y producto del estudio diario y detallado de muchas fuentes. Para mí es algo automático. Cada pista me lleva a un lugar, a una fuente, a un dato. Gracias a la informática y a mi memoria me es relativamente sencillo ir enlazando pistas. No sabría explicar con simples palabras el método que sigo, pues en realidad hay tantos métodos como caminos a la verdad, es decir, infinitos.

Dispongo de muchas fotos, libros, textos originales, monedas tocadas y vistas. Es decir, en resumen, muchos datos y mucha información. Relacionarlos de una manera precisa es lo que me lleva a un final que, lo aseguro, nunca sé cual será antes de empezar a investigar y a analizar todo ello como conjunto.
Este es un gran error de muchos investigadores, que inician sus estudios sabiendo de antemano a dónde quieren llegar, y eso, es un gravísimo error. Lo he comentado ya anteriormente, yo nunca me planteo el final, sino tan sólo tener a la mano toda la información posible, mezclarla adecuadamente, y obtener un resultado, sea el que sea. De hecho, muchos de los capítulos de mi libro, los he tenido que reformular porque después de estudiar una moneda específica me he dado cuenta que no encajaba donde se la presuponía que debía ir, y tan sólo me quedaban dos opciones a seguir: la primera, encajarla a “martillazos” –lo cual por supuesto no va con mi forma de ser ni de pensar-;y la segunda, que es devolverla a su legítima posición aunque ello me obligue a reconfigurar capítulos enteros y referencias a la misma pieza o a otras afines en múltiples lugares de otros capítulos. Ese creo que sí es un criterio correcto: no fijarse los finales, antes de establecer los principios.




Pregunta 12
Una perfecta mezcla de memoria, paciencia, trabajo y honestidad. En línea con la pregunta anterior, ¿podría hacernos una lista de sus obras imprescindibles para estudiar la numaria castellanoleonesa medieval? Estoy seguro que mucho aficionados amateurs lo agradecerían. A mí mismo me gustaría hacer un pequeño estudio y uno al final se encuentra muy perdido cuándo quiere ir más allá del simple coleccionismo, muchos somos ejemplo de lo que nos cuenta, siempre buscamos (o intentamos) la historia que nos quiere contar la moneda.

Es una pregunta difícil, pues tanto podría decir muchas obras como decir muy pocas. Y en cualquiera de los dos casos, a todas habría que poner –desde mi prisma- algún pero. No obstante me gustaría destacar la obra de mi Maestro y sobre todo amigo, León España, titulada Sistemas Monetarios Peninsulares. Las acuñaciones de moneda cristiana tras la invasión de los musulmanes hasta el siglo XV (2002). Asimismo, también destacaría dos libros de mí también gran amigo Antonio Roma, Moneda y sistemas monetarios en Castilla y en León durante la Edad Media (1087 – 1366), (2000) y Emisiones monetarias leonesas y castellanas de la Edad Media (2010); así como los libros Consideraciones históricas, políticas y económicas sobre la moneda medieval castellano-leonesa (2005) de mi querido José María de Francisco Olmos; y el titulado Repertorio paramétrico metrológico medieval de los reinos hispánicos (1999), de mi más que admirado don Josep Pellicer i Bru.

Me gustaría, si me lo permitís -no movido por el ego propio, sino por su verdadera utilidad para todo aquel que necesite inicial cualquier estudio de moneda medieval específico-, mencionar también un trabajo de investigación que yo mismo llevé a cabo durante cinco años y que finalmente fue publicado por la revista Medievalismo (La Moneda Medieval de Castilla y León. Bibliografía General (I y II), Medievalismo, 8 y 9, (Madrid, mayo 1998- mayo 1999). Realmente creo facilitará bastante las cosas a todo aquel que necesite saber quién dijo qué sobre qué moneda medieval o qué rey específico.

Pregunta 13
Pues me quedo satisfecho, mi biblioteca está bien encaminada. Tengo además por aquí su review bibliográfico, ciertamente muy extenso y que, con su permiso, enlazo aquí para que nuestros lectores puedan tenerlos. Sigamos con nuestra entrevista, la recopilación de imágenes para elaborar “El libro del Oro” parece que fue una tarea imposible según con qué organismos topó, y esto llegó hasta al punto de escribir una queja velada en el prólogo sobre las enormes trabas burocráticas que le pusieron, vivido lo vivido, ¿le parece que el mundo de la numismática debería funcionar mediante colecciones privadas al estilo estadounidense o ser depositadas en un museo público que siempre estará abierto a todos? Algunos blogueros como Carlos o Adolfo han redactado interesantes opiniones sobre el tema.

Por experiencia propia tengo que es mucho mejor que las monedas sean custodiadas por entidades estatales sin ánimo de lucro. En términos generales –salvo raras excepciones que desean tratar las monedas guardadas en tales instituciones como suyas propias-, la inmensa mayoría de estos Museos, Gabinetes o Departamentos nos han favorecido y facilitado todo acceso a las mismas.

Son curiosamente las instituciones y colecciones privadas las que han puesto todo tipo de problemas para el acceso a sus fondos. Pensamos que esta actitud, por supuesto loable desde el punto de vista de la propiedad privada, es del todo reprobable por cuanto tiene de irresponsable el ocultar dichas piezas que por muy privadas que sean, contienen en sí mismas parte del patrimonio cultural de una nación, que sin duda no es privatizable por el mero hecho de tener la posesión de las mismas. Estos actos, lamentablemente, se siguen produciendo en nuestro país, y están incluso legalmente protegidos, lo cual es en nuestra opinión, penoso.


Enrique de la silla acuñado en Ávila. Una moneda inédita en la que vemos una P coronada que hace referencia a la Princesa Isabel, hermanastra de Enrique IV y candidata al trono



Pregunta 14
Muchas veces tenemos noticia de la salida a subasta de una moneda única (aunque rara es la subasta en la que no sale un ejemplar único de éstos), desgraciadamente en España el coleccionista medio no juega con los precios que suelen alcanzar y al final estamos hablando de monedas exiliadas al extranjero, ¿le parece que son una pérdida irremediable como, salvando las distancias, la desaparición del Códice Calixtino y que la Administración debería intentar pujar por ellas para adquirirlas y retenerlas en un museo próximo a la ceca que las hizo? 

Absolutamente de acuerdo en todo. Desgraciadamente esta no es la actitud seguida por los responsables gubernamentales de nuestro país. Ahora, escudándose en la crisis de deuda soberana; y antes –que no había crisis- en determinados partidismos políticos, se priorizan otros sectores de la cultura como el cine o las artes escénicas. El caso es que la numismática, siempre es la perdedora de la batalla. Mientras España ayuda y apoya a medio mundo, el otro medio, se lleva a base a billetes estas pequeñas joyas patrias, camino de otras tierras, para no volver jamás. Lamentable pero cierto. A esto, yo lo suelo llamar “realidad ficción”.


Reproducción medieval de un Groat de Carlos “El Temerario” (1433-1477). A la venta en By-the-sword



Pregunta 15
Bien puede pasar media vida hasta tener la oportunidad de volver a ver esa moneda, es muy loable que tengamos conocimiento de pequeñas iniciativas por parte de la Administración Pública como la que tomó el Gobierno Foral de Navarra durante la subasta Caballero de Yndias para adquirir un par de piezas representativas de la historia del Reino, desde Hnumisma animamos al resto de organismos políticos a que se apunten. Siguiendo con temas de actualidad, ¿Qué opina de las reproducciones y falsificaciones de moneda? ¿Le suponen un problema para su actividad?

No me suponen un problema pues para quien ha visto y tocado mucha moneda original y verdadera, tener la posibilidad de revisar una falsa actual es, normalmente fácil de detectar, pese a que los sistemas utilizados últimamente son cada vez mejores y más sofisticados. No obstante, igual que en la Edad Media, el oficio de falsario estaba penado con la muerte, la legislación actual debería cubrir este aspecto cada día más frecuentado de la falsificación de monedas. Por supuesto, no con la misma pena, pero sí con condenas importantes de cumplimiento íntegro. La crisis está intensificando la necesidad y la miseria en la sociedad, y el lucro con el falseo es un camino fácil hacia la salida de la pobreza. Eso es entendible desde el punto de vista humano y compasivo, pero no es menos cierto, que la práctica de falsificación no es sino un robo encubierto, y esa actitud sin duda debe ser sancionada.

Pregunta 16
Igual algún lector sí que apostaba por la pena de muerte al falsario que le engañó. En fin; IVA, impuesto de circulación, IRPF, impuesto de hidrocarburos, de basura, impuestos, impuestos y más impuestos; ¿no sería una mejor vida ser un campesino medieval trabajando sus tierras? Las carta pueblas están llenas de exenciones tributarias, hagamos un viaje al pasado, cuéntenos la relación entre la moneda y la Hacienda de la época, que no eran todos.

Yo soy el primero que me hubiera gustado tener la posibilidad de vivir en la Edad Media. Pero, de ahí a permanecer en ella por siempre, va un abismo. Sin duda, hoy por hoy tenemos más impuestos que nunca (hay que tapar tanto despilfarro injustificado), pero aún con eso, y por supuesto sin pretender justificarlo, prefiero vivir la actualidad que no aquellos años difíciles en que lo más fácil era que te partiesen la cabeza en dos, o que te atravesasen el cuerpo de parte a parte, sin mediar justicia alguna.

Sea como sea, no debemos confundir los términos. Efectivamente hubo múltiples concesiones, donaciones, diplomas, fueros y exenciones, pero en términos generales se aplicaban bien a villas completas, alfoces, o realengos; mas no a personas físicas individuales –salvo que perteneciesen al “palatium regis” (Corte del Rey) o la nobleza cercana.

Sí, sin duda que tengo la sensación de que en aquella época, igual que ahora, Hacienda “eran todos”, pero tan sólo para pagar y para facilitar la vida a los que teóricamente les protegían, que eran siempre los más ricos y que por ende no tenían obligación de pagar nada, pero sí de recibir todo –es decir, igual que ahora-. Sin embargo la probabilidad de ser muerto sin que nadie te ayudase, era bastante más alta que ahora, o eso creo porque a veces el mundo parece haber evolucionado bastante poco.

Pregunta 17
Para terminar con la entrevista y no ocuparle más tiempo, me gustaría hacerle una última pregunta, y para nada la menos importante, ¿para cuándo la publicación de “La Enciclopedia”? Los rumores son insistentes y ya tarda en aparecer.

Ya he comentado que el primer tomo está finalizado. Nos ha llevado desde febrero de 2008 hasta octubre de 2011, es decir, tres años y medio. Son 1200 páginas para apenas 165 años. Es decir, cuando esté terminado el libro en su integridad, va a ser un verdadero monstruo, pues aún nos queda desde 1252 hasta 1475. Estimo pues que la investigación completa no bajará de las 4000 o 5000 páginas, lo cual, en sí mismo es una locura. No sé a día de hoy cual será el sistema de publicación a utilizar (papel o digital), pero sí sé que seguramente cuando salga, saldrá todo junto como una unidad. Aún no nos hemos planteado el momento de su publicación, pero seguramente será lento y aún tardará algunos años.

Muchos han sido los años en los que se ha venido estudiando por parte de grandes autores los diferentes aspectos de la numaria medieval en Castilla y León. Luego –aunque entiendo vuestra impaciencia por su publicación-, en puridad, tiene cierta lógica que cuando haya de salir publicado, lo haga como un todo, y no como una obra dividida cuya finalización dependerá de las propias vicisitudes de la vida, y de por dónde ella nos encamine. Sea como sea, sin duda, la espera merecerá la pena. Gracias.

Lamento profundamente saber que no hay una fecha próxima aunque estoy de acuerdo con usted en que no sería conveniente una publicación a fascículos, aunque por otro lado no sería la primera vez que se realice, bien cierto que no con obras de semejante envergadura.

Y aquí finalizamos nuestra segunda entrevista en Hnumisma agradeciendo enormemente todo el tiempo que nos ha dedicado Mozo Monroy en responder a todas nuestras preguntas. Por supuesto queremos desearle mucha suerte con su futuro trabajo y que ojalá pronto vea la luz. Muchas gracias a usted.

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