16 abril 2012

100 pesetas de 1870 y otras fantasías de Ars Classica


El nacimiento de nuestra ya sucumbida moneda, la peseta, fue de lo más accidentada; los últimos años del s. XIX fueron épocas de tensiones y cambios radicales a nivel internacional; la misma España agonizaba entre las directrices políticas ancladas en el pasado y las corrientes que clamaban por un cambio regeneracional que devolviera al país a una posición dominante en el mundo y de la que apenas nada quedaba ya.


El Gobierno de Isabel II había intentado reformar la unidad monetaria, tal y como hemos visto en una yaantigua entrada, adoptando las directrices de la Unión Monetaria Latina. Sin embargo su prestigio se encontraba muy mermado ante los escándalos de La Noche de San Daniel, o la gran crisis industrial y educacional en la que se encontraba inmerso el país. La misma reina fue objeto de continuos ataques por parte de su propia Corte y, baste como ejemplo, el catedrático republicano Emilio Castelar acusó a la reina de pretender enriquecerse a costa del Patrimonio Público cuando ésta mandó enajenar bienes propios para intentar paliar la crisis que atravesaba España. 


En 1868 el mando militar a manos del vicealmirante Topete y en colaboración con los políticos del momento, niegan su obediencia a Isabel II y fuerzan su exilio a París, no así su renuncia formal a la Corona, que se la traspasa a su hijo, quien sería Alfonso XII. El movimiento revolucionario se propagó muy rápidamente por todo el país, siguiendo dos corrientes que vivirían enfrentadas durante todo el Sexenio Revolucionario, una línea monárquica de la que el político masón JuanPrim i Prats fue su más famoso representante y un grupo de Juntas revolucionarias y grupos populares que pretendieron romper con todo el pasado y conseguir una representación en el poder basada en la soberanía nacional. El enfrentamiento estaba servido, eran dos grupos totalmente irreconciliables temporalmente unidos, recordemos la proclama de Prim en Cataluña cuando llevaba en sus manos la Corona de España y le fue pedida por la masa del pueblo:



“Catalans, voleu córrer massa; no correu tant que podríeu ensopegar.”



El binomio entre una corriente moderada y otra más liberal se plasmó, como es evidente, en la moneda de estos seis años, un periodo corto pero muy rico en variedades, ensayos y pruebas. La primera medida a adoptar por el Gobierno Provisional fue evitar la disensión entra ambas corrientes mediante la organización de una cúpula directiva militar y política. La segunda, fue la convocación de unas Cortes en enero de 1869 en las que, por primera vez en España, se observaba un crecimiento de las ideas republicanas, aunque la corriente progresista/ unionista supuso el continuismo monárquico. La tercera, la promulgación de la Constitución de 1869.


En medio de estos cambios políticos el Ministro de Hacienda del Gobierno Provisional, Laureano Figuerola, se apresuró a ratificar el nuevo sistema monetario español. Toda una ruptura con el pasado isabelino y acorde con la corriente europea en la figura de la UML. 


El 6 de noviembre de 1868 se publicó el informe solicitado a la Real Academia de la Historia (RAH) con la finalidad de conocer cuál sería el motivo más legítimo y que mejor debiera representar a la nación de España; en él la RAH apoyaba la idea de usar la alegoría de la diosa Hispania empleada en las antiguas acuñaciones romanas del Emperador Hadriano.


Moneda romana con la alegoría de la Diosa Hispania


En cuanto al escudo que debía aparecer en la moneda de plata, se abogó por recordar la vieja unidad hispana en un momento en el que las voces secesionistas y federalistas eran muy fuertes; el cuartelado de los reinos de León, Castilla, Aragón y Navarra, más el escusón con la Granada y las columnas de Hércules en representación de la España de Ultramar con el motto PLVS VLTRA. Todo ello coronado con la corona mural; un intento de otorgar un símbolo de unidad territorial, de nuevo, a la vez que evitando el uso de la tradicional corona borbónica, que no insinuando una tendencia republicana, como algunos han querido ver, pues recordemos que esta orientación era todavía muy reciente.




Con motivo de cumplir dichas recomendaciones en la elaboración de la peseta, el 30 de marzo de 1869 se publicaron los diseños ganadores del concurso celebrado, con resultado desierto para la moneda de plata, para el bronce fue aprobado el presentado por Luis Plañiol, grabador principal de la casa de la moneda; y para el oro el de José Esteban Lozano, profesor de grabado en hueco de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. La moneda de plata fue diseñada por Luis Marchioni, así como las ligeras modificaciones realizadas para el oro y el cobre.





Esta introducción se ha realizado con motivo de la subasta que la prestigiosísima casa suíza ArsClassica realizará el próximo 19 de mayo, en la que se presenta una pieza considerada de extrema rareza y valor, con un precio de salida de 140000 CHF (116000€), el lote N3243, las 100 pesetas de oro de 1870. 





Está considerada la primera peseta áurea, de la que solamente se conocen unos 12 ejemplares, la mayoría depositados en el museo de la FNMT-RCM. Su anverso, como hemos visto, es obra de José Esteban Lozano, de acuerdo las recomendaciones de la RAH, con una Hispania de pie, con los Pirineos y el peñón de Gibraltar a sus espaldas, con palma de olivo y corona mural; toda una alegoría a la historia y a la unidad de España. Pero es su reverso el que hace que este numisma sea visto con ojos suspicaces; un reverso de un diseño que contraviene totalmente el modelo recomendado, en el que aparece, no solamente una corona continuista con el régimen anterior, también un manto de terciopelo forrado de armiños, así como el collar con el Vellocino de Oro de la Orden del Toisón. Mientras que el primer símbolo está reservado en exclusiva a los Grandes de España y, por supuesto, al Soberano, la inclusión del Collar en el escudo heráldico requiere haber sido ordenado Caballero de dicha Orden.


Efectivamente, no cuadra la simbología heráldica, algunos han querido ver en esta moneda una fantasía para los coleccionistas a semejanza de los 20 céntimos de esta misma época, una aberración en la que se mezclan un cuño republicano y uno claramente monárquico. Desde nuestro punto de vista, no podemos considerar el anverso como simbología republicana en un ejercicio anacrónico basándonos en la iconografía numismática de la II República que devendría en 1931; la RAH en ningún momento se decantó por una u otra política, limitándose a señalar una alegoría que representase las ideas revolucionarias, una nueva España cuyo modelo se encontraría en el viejo Imperio Romano. 



Reverso de una moneda de 10 escudos de oro de 1868, nótese el diseño base del que se elaborarían las nuevas pesetas de oro; existen otras monedas en las que el escudo es ovalado, como correspondería a una Soberana como Isabel II; se mezclan, pues, un conjunto de elementos heráldicos.


Si seguimos esta idea, tenemos una ventaja, no solamente explicamos la aparente incongruencia en una presunta fantasía repúblico-monárquica; también es compatible con la ideología de la época, en la que, en una búsqueda urgente de nueva simbología, no se llevó a cabo un estudio exhaustivo. Con la moneda de oro, por su elevado prestigio y alto valor, introducir la medida “peseta” sería una estrategia contraproducente para la confianza, los nominales elevados seguirán expresándose en escudos durante todo el Sexenio Revolucionario, tanto en la moneda áurea como en los recién aparecidos billetes. 


Este comportamiento distinto para las monedas de oro se tradujo en un periodo de pruebas para elaborarlas en pesetas; es una incógnita los motivos que llevaron a tan extraño reverso, bien pudo ser una adaptación y recuperación del reverso empleado durante la época de Isabel II, en donde ya se había aplicado en manto de armiños y el Collar de la Orden del Toisón de Oro, sin más que un ligero cambio heráldico básico como es la supresión del escusón central con las flores de Lis pertenecientes a la dinastía borbónica con la finalidad de mantener la confianza cuando sustituyeran a los escudos. La misma RAH, en su informe propuso un nuevo reverso, tal y como se desprende del siguiente extracto, que fuera ésta la única recomendación no seguida apoya la idea de elaborar una nueva unidad con un diseño continuista que fuera capaz de mantener la confianza:


“Escudo en forma oval dividido en cuatro cuarteles. En el primero un castillo de oro en campo rojo; en el segundo, un león en campo de plata; en el tercero, las barras de Aragón en campo de oro, y en el cuarto las cadenas de oro en campo rojo, de Navarra, y en la parte inferior del escudo, cuartel de Granada, la granada natural abierta en campo de plata. Alrededor del escudo, una guirnalda, y en su parte superior una estrella de seis puntas. Las leyendas y valor de las monedas, en círculo, y en el canto la leyenda "Soberanía Nacional", y una estrella de seis puntas marca de la Casa.”


Con la disolución del Gobierno Provisional, España volvería a la senda monárquica en 1870 bajo la Corona de la Dinastía de los Saboya, Amadeo I fue coronado bajo la sombra de la Constitución en la figura de un Gobierno Monárquico Parlamentario. La Revolución no había finalizado, carlistas, republicanos y monárquicos mostraron su más profundo rechazo a un monarca extranjero que, en 1873, renuncia totalmente a todos sus derechos sobrepasado por las tensiones en las que el país vivía. Apenas dos años de reinado se plasmaron en una única moneda circulante de 5 pesetas de plata, mientras que el reverso diseñado en 1870 fue utilizado tras la inclusión del escusón con la cruz de la Casa de Saboya para la elaboración de pruebas en las monedas de oro de 25 y 100 pesetas. Ninguna de ellas llegó a ponerse en circulación dada la inestabilidad en la que el país se encontraba y el poco tiempo que Amadeo I llegó a gobernar, y hoy son piezas muy codiciadas entre los coleccionistas, en la misma subasta del 19 de mayo de ArsClassica aparece el lote 3244, 25 pesetas de 1871, con un precio de salida de 80000 CHF (66000€); una perfecta pareja de ensayos monetarios en una nueva moneda hija de de los intentos inútiles y enfrentados de alcanzar la modernización y unificación del país.





PS: actualizo la presente entrada para recomendaros la lectura de la última entrada de Daniel, todos aquellos que seais apasionados de la numismática antigua disfrutaréis con un medallón de Magencio que también aparece en esta subasta, desde luego Ars Classica siempre nos sorprende con semejantes rarezas. Podéis leerla clicando en este enlace.



1 comentarios:

Anónimo dijo...

Como siempre una excelente combinación de historia y numismática,como el propio nombre del blog indica.No puedo dejar de reconocer el esfuerzo que supone mantener un blog de esta calidad.Saludos Veradia.

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