10 diciembre 2011

Entrevista a Manuel Mozo Monroy


Tras la entrevista que realizamos a Antonio Roma Valdés hoy tenemos el honor de poder presentar una segunda, que se ha realizado a Manuel Mozo Monroy, muy conocido por su último trabajo, “La moneda de oro en los Reinos de Castilla y León. Siglos XII –XV” en compañía de Manuel Retuerce Velasco. Agradecemos el tiempo que se ha tomado en responder a las preguntas que le hemos hecho desde este blog y, por supuesto, haber aceptado compartir su experiencia con nosotros.




Manuel Mozo, nacido en Madrid en mayo de 1967. Ingeniero de Sistemas Informáticos. Investigador del Archivo Histórico Nacional (AHN), del Museo Arqueológico (MAN) y de la Biblioteca Nacional (BNE), Miembro de la Asociación Española de Arqueología Medieval (AEAM) y de la Asociación Numismática Española (ANE). Actualmente compagina su trabajo como responsable de Seguridad de Sistemas en una multinacional americana con la labor de consultoría y expertización en numismática medieval para diferentes Museos Provinciales de Castilla-La Mancha, Castilla-León, y Madrid, así como para varias empresas y asociaciones arqueológicas e históricas.




Pregunta 1
Entre los coleccionistas medievalistas es muy conocido por su monográfico sobre la moneda de oro, me siento obligado a preguntarle, ¿es parte de ese colectivo o para usted la numismática es simplemente una ciencia a estudiar?

Para mí, no cabe la menor duda que la numismática es una ciencia, de la misma manera que lo es la Arqueología, la Historia, la Paleografía, la Diplomática, y la Sigilografía. Pero no es menos cierto, que todas ellas se complementan haciendo en múltiples ocasiones imposible llegar a una opinión realmente científica sin la necesidad de usar todas ellas en su debida proporción. Esta razón, es válida no sólo para la numismática, sino también para cualquiera de las demás áreas de conocimiento citadas. No es raro de hecho encontrar ocasiones en las que ha sido necesario usar de la numismática para datar debidamente un estrato arqueológico, un sigilo, un documento sin fecha, e incluso algunos hechos cronísticos no suficientemente bien identificados.

Es cierto que a raíz de la publicación del libro -que yo llamo “Libro del Oro”-, algunos coleccionistas medievales han empezado a conocer mi labor como investigador de la numismática medieval castellano-leonesa. No obstante, esta labor científica de investigación la vengo realizando durante más de veinte años, siendo acaso la publicación del mencionado trabajo, la última y más preeminente acción que como escritor he realizado. Sin embargo, no es menos cierto, que son ya muchos los trabajos que sobre numismática medieval he publicado durante esta veintena de años.




Pregunta 2
Cuéntenos, ¿de dónde surgió la idea de elaborar el “Libro del Oro”? No es un investigador numismático en el sentido pleno y sin embargo su obra ha llegado a ser de referencia para las casas de subastas, ¡todo un logro!

Tal y como se cita en el prólogo del libro, la iniciativa original no fue nuestra, sino de Teresa Sisó, directora de la casa de Subastas Áureo & Calicó, que sabedora de nuestras investigaciones en este campo, nos solicitó la posibilidad de acompañar con escritos explicativos las impresionantes piezas medievales de oro castellano-leonesas que conformaban la ya famosa colección “Caballero de Yndias”. Sin embargo, y debido a la gran cantidad de monedas que conformaban dicha colección, en la práctica fue imposible añadir nuestros escritos como complemento de las mismas, razón por la cual la Asociación Española de Arqueología Medieval consideró interesante publicar dichos estudios bajo la forma de libro, añadiendo tan sólo los comentarios a las mínimas piezas medievales de Castilla y León que en la mencionada colección no se encontraban representadas.

No obstante, no me toca a mí decir si soy o no investigador. En puridad, tampoco es algo que me importe. Los años que llevo estudiando exclusivamente la moneda medieval en los reinos de Castilla y León, no sólo han dado como producto final este “Libro del Oro”, sino también un libro en el que estoy actualmente inmerso junto a Manuel Retuerce, del cual, ya tenemos finalizado el primer tomo –compuesto de 1200 páginas- que abarca desde el año 1085 (toma de Toledo por parte de Alfonso VI) hasta 1252 (fallecimiento del rey Fernando III). En esta, como la llama un amigo “Enciclopedia”, no sólo se habla de monedas, sino de muchos otros aspectos colaterales -historia medieval, arqueología, diplomática, cancillería-, enlazados de tal manera que, el resultado último encaja tan naturalmente y de una manera tan simple, que parece increíble que nadie lo haya hecho hasta ahora.

Eso es en nuestra opinión una “investigación”, pero, por supuesto, no nos corresponde a nosotros mismos determinar si somos o no investigadores en sentido pleno. Aunque insisto: no es algo que me quite el sueño, si con ello, y desde la más humildes de las posturas, se consigue que una de las más oscuras secciones de la numismática hispana, vea la luz con todo su realismo y esplendor, tal y como se produjo en realidad, con sus miedos, sus religiosidad, sus enfrentamientos militares y políticos, y sobre todo, con su vida diaria, ejerciendo lo que en términos absolutos era la moneda en sí, un mecanismo mercantil que servía para transmitir mensajes políticos y religiosos a la sociedad medieval.




Pregunta 3
Me queda claro que no es necesario ser Licenciado en Historia para especializarse en la numismática, es una ciencia que avanza muy bien de manos de “amateurs”, pero tiene razón, no es algo que deba quitarle a uno el sueño, los resultados son los que avalan. Dígame, ¿cuál fue su experiencia personal para centrarse en la numismática medieval? Personalmente, yo nunca me imaginé que estaría en esta sección de la numismática hasta que cayó en mis manos uno de esos dineros de las seis líneas, y desde entonces reconozco que tengo bastante abandonada la moneda española contemporánea, siento como qué le falta algo que la Edad Media sí me proporciona.

Quizá, como a la mayoría de los que se han aficionado por la moneda medieval, en un principio nos llamó la atención su “fragilidad”. Pienso que sería algo como “ponerse de parte del más débil”. Durante gran parte de la Edad Media, los reinos minoritarios fueron los cristianos. No fue hasta la batalla de las Navas (1212) en tiempos de Alfonso VIII, y posteriormente el aterrador denuedo conquistador de Fernando III (1246-1252), que se invirtieron los términos, y las fuerzas cristianas se hicieron con el control de territorio patrio. Fueron años muy complejos y difíciles, donde lo prioritario era alcanzar la noche sin haber sido muerto. La moneda pues, no era sino un mecanismo político de escasa utilización en una sociedad mediatizada por la religión. Ello implicaba por ende que las amonedaciones cristianas se viesen envueltas de la religiosidad inspirada por el teocentrismo y por los textos bíblicos, y no, como una herramienta específica de comercio. Es por ello que, ante la falta generalizada de metales nobles sobre los que acuñar -las arcas estatales nunca anduvieron sobradas, pues la prioridad de la reconquistadora era manifiesta-, la numaria plenomedieval de la época tuvo siempre rasgos básicamente constitutivos de una economía de subsistencia, adaptada, eso sí, al patrón cuaternal carolingio (cuatro partes de plata sobre doce posibles) vigente en el resto de Europa, al que nunca consiguieron emular, aunque en la medida de sus posibilidades si intentaron remedar incluso hasta en sus momentos de máxima debilidad (Batalla de Alarcos, 1195).

Resumiendo, la moneda medieval, como tal elemento sistémico, no era sino la constatación de la existencia de una fuerza cristiana opositora al Islam, si bien su papel como dinamizador de la economía en los territorios cristianos no iba más allá en la práctica, de la fabricación de piezas de pequeño tamaño y peso con representaciones simbólicas bíblicas y deísticas, cuya función era la de dejar palpable evidencia de que Dios y su reino, estaba también presente en aquellos instantes en los que ser cristiano era una circunstancia más, para ser masacrado por las hordas sarracenas.

Pregunta 4
Son monedas muy delicadas ciertamente, y el tenerlas en la mano le hace a uno imaginar mejor lo que nos cuenta. ¿Qué razones daría usted a un novel para animarle en el coleccionismo de esta moneda?

De alguna manera ya lo he indicado en la anterior pregunta. La primera, el gran desconocimiento general que existe de la moneda medieval en su conjunto, lo cual abre muchas puertas a la investigación; y en segundo, la belleza de tales amonedaciones, que la mayoría de las veces parece imposible que se hubiese podido labrar en cospeles tan finos y pequeños, tanta cantidad de información y tanto arte simbólico como el que aquellos maestros abridores de cuños eran capaces de dibujar en las matrices monetales que fabricaban.

Además, si se me permite comentarlo –y en ello hablo por experiencia propia- la experiencia única que supone el poder desplazar tu mente al año 1000. Pensar cómo pensaba una persona de aquellos años; ver por sus propios ojos cómo era la vida en aquellos años, con sus bondades y sus bestialidades; experimentar en ti mismo aquellas sensaciones, aquellas vivencias. Eso, aunque así dicho parezca muy poético, os aseguro que no tiene precio y que es acaso lo mejor que te pueden deparar estas piezas insignificantes.




Pregunta 5
Coincidimos, son una ventana al pasado que no tienen nada que envidiar a cualquier máquina del tiempo. ¿Alguna moneda deseada? Esa pieza que no dudaría en tener si pudiese.

Después de tantos años en la numismática medieval, he visto tal cantidad de monedas, raras y normales, que se me hace difícil poder elegir una. No obstante, intento no tener apego a nada, pues conozco de su rareza y de la ligereza de nuestras vidas. Sin embargo, llevado al punto de tener que hacerlo, posiblemente me quedaría con el rarísimo dinero santiagués de leyenda “Sainc Ove” hoy en día en paradero incógnito, o con la meaja fernandina única del desembarco del Apóstol Santiago conservado en el Museo de las Peregrinaciones de Santiago de Compostela.




Pregunta 6
Aficionado a numismática, arqueología, epigrafía, historia, sigilografía, ¿cómo autoformarse en tantas disciplinas y cuántas más serán necesarias para estudiar una moneda?

Todo lo que se sepa en esta vida, siempre será útil. Nunca deberíamos negarnos a aprender sobre nada. Mi experiencia propia me dice que cuanto más sepas, más capaz serás de interrelacionar todos los aspectos de la vida. A día de hoy, no hay absolutamente ni una sola faceta de nuestras vidas que no esté directa o indirectamente relaciona con otras múltiples ideas, razones, características o funciones de otras miles de circunstancias. Por eso, nada puede ni debe dejarse de aprender o de conocer, si se tiene la posibilidad de ello.

Dicho esto, la respuesta a vuestra pregunta es clara: lo que lleva a autoformarte en tantas disciplinas tan divergentes es “el amor”. Eso es lo único que nos mueve en el deseo de conocer y de hacerse a sí mismo. Sin amor por algo, no hay interés, no hay entusiasmo. ¿Por qué aprendí todas esas ciencias, que nada tienen que ver con mi carrera profesional? Pues porque “amo” apasionadamente a las monedas medievales, y me di cuenta de que todas esas disciplinas del saber me eran vitales para entender todo aquello que la propia moneda y la numismática no me enseñaban. Y sí, efectivamente, me serví de todas esas ciencias para poder entender las razones últimas de las monedas. Fue gracias a todos esos estudios, a todas esas áreas del saber, a través de las que fui capaz de llegar a sus fundamentos, a sus bases. Sin todas ellas, no habría sido capaz -ni nadie lo será jamás- de poder llegar a estudiar en su conjunto, ni una sola moneda, sea de la época o del país que sea.


Califato Omeya de Damasco. Dirham. AH 101. Al Basra


Pregunta 7
Sigue pareciéndome un esfuerzo titánico, pero está claro que los resultados lo avalan. Moneda medieval cristiana y medieval islámica, ¿campos enfrentados? Quien trabaja en uno muy rara vez se adentra en el otro; es más, la especialización parece que llegar a centrarse en alguno de los distintos reinos de la Spania medieval.

Has utilizado el término preciso “Spania”: dicha expresión latina en el alto y pleno Medievo era la utilizada tanto para referirse a territorios cristianos conquistados como a las zonas musulmanas pendientes de conquistar. Así nos lo confirma Alfonso III el Magno: “postea Rex noster Sarracenis inferens bellum, exicitum movit, et Spaniam intravit. Es decir, mal comparado, Spania era como las dos mitades de un campo de futbol, es decir, dos partes indiferenciadas de una misma cosa. Llamar a los espacios exclusivamente cristianos “Spania“, sería igual que llamar “campo de futbol” tan sólo a una de las dos mitades del terreno de juego.

No obstante, este es un ejemplo más de lo que antes comentábamos. Yo me vi obligado a aprender tanto latín como árabe –básico, por supuesto- para poder leer tanto las piezas medievales en su conjunto como algunas labras cristianas transcritas con escritura arábiga cúfica. Aun así, también tuve que apoyarme en grandes conocedores de la numaria musulmana como son mis amigos Rafael Frochoso y Salvador Fontenla, que siempre me han ayudado y me han enseñado desinteresadamente en todo aquello que les he solicitado o preguntado. Es por tanto necesario saber de muchos campos de acción, e investigar en todos ellos, para poder tener, como antes decíamos, una imagen sólida de conjunto de cuáles fueron las motivaciones reales de las amonedaciones cristianas. Por supuesto no me considero un experto en labras islámicas, pero sí me fue necesario, aprender de ellas y de quienes son sus Maestros hoy en día, para poder conocer y encajar debidamente las emisiones cristianas en aquel mundo regido por ambas fuerzas militares y religiosas del medievo castellano-leonés.




Pregunta 8
Su enfoque a la numaria castellanoleonesa se basa en un seguimiento exhaustivo de las fuentes escritas de la época; esto supone una cierta ruptura con la metodología que fue seguida antiguamente. Hoy se encuentra en pleno desarrollo y los resultados publicados por diversos numismáticos demuestran el éxito de este enfoque, aparentemente evidente pero, por alguna razón, descartado hasta el siglo pasado. ¿Cómo vive el proceso de introducción de nuevas tesis e ideas en el campo numismático? ¿Siguen presentes los nombres de los grandes investigadores del pasado?

Lo vivo como un proceso de mejora continua. Todas las ciencias han evolucionado siempre más con los errores que con los aciertos. Y el estudio científico de la numismática no es más que un ejemplo de ello. Muchos han sido los estudiosos que han arrojado perspectivas válidas en el estudio de la moneda medieval, y tantos o más los que lo han hecho –por supuesto convencidos en su momento de lo contrario- de manera equivocada. Pero todos ellos han dejado su aporte positivo, pues como se puede comprobar ahora, es producto de todos aquellos trabajos por lo que la numismática medieval castellano-leonesas avanza en nuestros días por el buen camino.

El estudio de los documentos –y de cualquier otra fuente científica válida y contrastada- es vital para el encaje preciso de las amonedaciones en las épocas en que se produjeron. Y lógicamente, tanto para bien como para mal, leer y tener en cuenta todo lo que otros dijeron antes es también muy importante: siempre hay algo de utilizable en cualquier idea por peregrina o sin sentido que pueda parecer ser. Yo al menos y en mi humildad - siempre lo he dicho y siempre lo diré-, me considero, tal y como decía Bernardo de Chartres, “un enano subido a hombros de gigantes”.





Pregunta 9
Y nuestros gigantes siguen siendo verdaderos referentes. Se me ocurre ahora el caso de los pepiones, esos “bienpeinados” del rey Alfonso VIII que empezaron siendo asignados, erróneamente, a Alfonso I “El Batallador”. La palabra pepión ya de por sí es algo conflictiva y su aparición más antigua parece venir en un codicilo del rey D. Sancho I de Portugal, recogido por Teixeira de Aragão y en el que se cita textualmente: “et triginta quinque solidos, et pipiones”. D. Beltrán dedujo que se refería a la moneda de Alfonso VIII pero el tema parece que chirría algo y estamos en un punto sin salida; ¿qué opina que era ese pepión? ¿Cómo podemos rebatir a dos grandes como Teixeira o Beltrán? Hay antecedentes en la mejora de nuestro vocabulario cambiando el incorrecto “óbolo” por “meaja”, pero cambiar siempre cuesta.

Esta pregunta la tengo debidamente respondida en el capítulo correspondiente a Alfonso VIII de mi nuevo libro. Son casi 20 páginas las que dedico exclusivamente a explicar esta cuestión, razón por la que creo que sería más que difícil resumir en el pequeño espacio de una entrevista una cuestión tan compleja. Lo que sí os puedo decir es que para nada es un “punto sin salida”, tal y como dices. Sí que tiene salida, y es tan simple que parece ciertamente mentira que nadie haya dado con ella antes. Como decía al principio, es tan sencillo como encajar todas las piezas en su debido orden, concierto y posición, y la solución aparece sola, clara, precisa. Aunque una cosa sí es cierta: son muchas las piezas que he tenido que ir recopilando durante muchos años de muchas disciplinas de la ciencia.

Sin duda que Teixeira de Aragão y Pio Beltrán pusieron su granito de arena, pero no era más que el comienzo de camino. A día de hoy se puede afirmar que el término “pepión“, comenzó a utilizarse en 1207 o en 1217 –ambas fechas tienen su lógica-, y más que probablemente fue una nueva nomenclatura para designar a una moneda ya existente. Debió de ser algo parecido a cuando el pueblo español comenzó a llamar “duro” a la moneda de “cinco pesetas”.

Respecto a la duplicidad “óbolo/meaja”, sucede algo similar. También lo explico a lo largo de bastantes páginas de en mi libro. Lo que sí es cierto es que documentalmente el concepto francés “obol” no se usa nunca aplicado al vellón castellano-leonés, siendo sin embargo utilizado con relativa frecuencia el de “medailla/meaia/meaja” para piezas de menor valor. Aunque no sólo se aplicaba al vellón, pues también se conocen ciertas referencias a “meaias de oro” relativas sin duda a piezas áureas de valor divisional.

Pregunta 10
Muy interesante, me quedo con una duda que se resolverá cuando lea las 20 páginas, serán una revolución; debo confesar que además desconocía la existencia de las meajas de oro como moneda real. Pero en serio, explíqueme, ¿cómo se “le da nombre” a una moneda?, ¿cómo la “bautizamos”?

No somos quien para poner nombre ni bautizar a una moneda. Es como a los hijos. ¿Quien tiene derecho a poner un nombre a un hijo? Pues sus progenitores legales (normalmente padre y madre, de común acuerdo). Pues igual pasa con las monedas. ¿Quién nos ha permitido poner nombre a una moneda? Nadie. Las monedas tienen sus nombres y así están citadas en los documentos coetáneos que son los únicos legitimados para ello. Y tales nombres son los que debemos usar, independientemente del deseo partidista de quien corresponda para erogarse la potestad de “bautizar” a una moneda. Eso no es lícito ni científico, lo haga quien lo haga. De la misma manera que en los documentos del Registro Civil es donde el nombre de cada cual está escrito, sucede igual con las monedas: son los manuscritos, diplomas, cartularios y legajos los que nos informan siempre del nombre de las piezas.

Otra cosa bien distinta, es cómo relacionar los nombres que aparecen en los textos de la época con los ejemplares físicos monetarios actualmente conocidos. Ese aspecto, no tiene respuesta y tiene muchas respuestas a la vez, pues es del todo opinable, en un principio, asignar un nombre documentado a una tipología existente. No obstante, el único camino para conseguir dichas atribuciones es el estudio detenido de los documentos, así como los datos colaterales que dichos textos adjuntan. Todo ello, estudiado en su debida proporción nos pondrá en una posible vía de referencia correcta. Determinar qué camino es el más adecuado, depende ya del nivel de conocimiento, de raciocinio o de pensamiento lógico de cada cual.
Dicho en otras palabras: en principio no existe ninguna razón que nos lleve a llamar “pepión”, por ejemplo, a una moneda y no a otra, si no es por la contextualización de similar término en otros documentos en la época, y por la correcta interpretación del resto de información aportada por los diplomas. Y aún así, dependiendo del hilo argumental utilizado, los resultados que se obtengan pueden ser dispares. Cuál de ellos es el correcto, es una pregunta de difícil respuesta, pues depende de la interpretación que cada uno haga en su propia mente de ambas hipótesis, el creer como más plausible una solución o su contraria.

Pregunta 11
¿Sería tan amable de explicar a los lectores su metodología de estudio? Las fuentes están dispersas, son viejos legajos redactados en un idioma arcaico y con sintaxis compleja y revirada, una entremezcla de leyenda, realidad e imaginación ¡Me parece tan complicado decidirse a estudiar la historia de alguna moneda si no es a hombros de gigantes…!

No tengo una metodología especial salvo la “mía propia” que es fruto y producto del estudio diario y detallado de muchas fuentes. Para mí es algo automático. Cada pista me lleva a un lugar, a una fuente, a un dato. Gracias a la informática y a mi memoria me es relativamente sencillo ir enlazando pistas. No sabría explicar con simples palabras el método que sigo, pues en realidad hay tantos métodos como caminos a la verdad, es decir, infinitos.

Dispongo de muchas fotos, libros, textos originales, monedas tocadas y vistas. Es decir, en resumen, muchos datos y mucha información. Relacionarlos de una manera precisa es lo que me lleva a un final que, lo aseguro, nunca sé cual será antes de empezar a investigar y a analizar todo ello como conjunto.
Este es un gran error de muchos investigadores, que inician sus estudios sabiendo de antemano a dónde quieren llegar, y eso, es un gravísimo error. Lo he comentado ya anteriormente, yo nunca me planteo el final, sino tan sólo tener a la mano toda la información posible, mezclarla adecuadamente, y obtener un resultado, sea el que sea. De hecho, muchos de los capítulos de mi libro, los he tenido que reformular porque después de estudiar una moneda específica me he dado cuenta que no encajaba donde se la presuponía que debía ir, y tan sólo me quedaban dos opciones a seguir: la primera, encajarla a “martillazos” –lo cual por supuesto no va con mi forma de ser ni de pensar-;y la segunda, que es devolverla a su legítima posición aunque ello me obligue a reconfigurar capítulos enteros y referencias a la misma pieza o a otras afines en múltiples lugares de otros capítulos. Ese creo que sí es un criterio correcto: no fijarse los finales, antes de establecer los principios.




Pregunta 12
Una perfecta mezcla de memoria, paciencia, trabajo y honestidad. En línea con la pregunta anterior, ¿podría hacernos una lista de sus obras imprescindibles para estudiar la numaria castellanoleonesa medieval? Estoy seguro que mucho aficionados amateurs lo agradecerían. A mí mismo me gustaría hacer un pequeño estudio y uno al final se encuentra muy perdido cuándo quiere ir más allá del simple coleccionismo, muchos somos ejemplo de lo que nos cuenta, siempre buscamos (o intentamos) la historia que nos quiere contar la moneda.

Es una pregunta difícil, pues tanto podría decir muchas obras como decir muy pocas. Y en cualquiera de los dos casos, a todas habría que poner –desde mi prisma- algún pero. No obstante me gustaría destacar la obra de mi Maestro y sobre todo amigo, León España, titulada Sistemas Monetarios Peninsulares. Las acuñaciones de moneda cristiana tras la invasión de los musulmanes hasta el siglo XV (2002). Asimismo, también destacaría dos libros de mí también gran amigo Antonio Roma, Moneda y sistemas monetarios en Castilla y en León durante la Edad Media (1087 – 1366), (2000) y Emisiones monetarias leonesas y castellanas de la Edad Media (2010); así como los libros Consideraciones históricas, políticas y económicas sobre la moneda medieval castellano-leonesa (2005) de mi querido José María de Francisco Olmos; y el titulado Repertorio paramétrico metrológico medieval de los reinos hispánicos (1999), de mi más que admirado don Josep Pellicer i Bru.

Me gustaría, si me lo permitís -no movido por el ego propio, sino por su verdadera utilidad para todo aquel que necesite inicial cualquier estudio de moneda medieval específico-, mencionar también un trabajo de investigación que yo mismo llevé a cabo durante cinco años y que finalmente fue publicado por la revista Medievalismo (La Moneda Medieval de Castilla y León. Bibliografía General (I y II), Medievalismo, 8 y 9, (Madrid, mayo 1998- mayo 1999). Realmente creo facilitará bastante las cosas a todo aquel que necesite saber quién dijo qué sobre qué moneda medieval o qué rey específico.

Pregunta 13
Pues me quedo satisfecho, mi biblioteca está bien encaminada. Tengo además por aquí su review bibliográfico, ciertamente muy extenso y que, con su permiso, enlazo aquí para que nuestros lectores puedan tenerlos. Sigamos con nuestra entrevista, la recopilación de imágenes para elaborar “El libro del Oro” parece que fue una tarea imposible según con qué organismos topó, y esto llegó hasta al punto de escribir una queja velada en el prólogo sobre las enormes trabas burocráticas que le pusieron, vivido lo vivido, ¿le parece que el mundo de la numismática debería funcionar mediante colecciones privadas al estilo estadounidense o ser depositadas en un museo público que siempre estará abierto a todos? Algunos blogueros como Carlos o Adolfo han redactado interesantes opiniones sobre el tema.

Por experiencia propia tengo que es mucho mejor que las monedas sean custodiadas por entidades estatales sin ánimo de lucro. En términos generales –salvo raras excepciones que desean tratar las monedas guardadas en tales instituciones como suyas propias-, la inmensa mayoría de estos Museos, Gabinetes o Departamentos nos han favorecido y facilitado todo acceso a las mismas.

Son curiosamente las instituciones y colecciones privadas las que han puesto todo tipo de problemas para el acceso a sus fondos. Pensamos que esta actitud, por supuesto loable desde el punto de vista de la propiedad privada, es del todo reprobable por cuanto tiene de irresponsable el ocultar dichas piezas que por muy privadas que sean, contienen en sí mismas parte del patrimonio cultural de una nación, que sin duda no es privatizable por el mero hecho de tener la posesión de las mismas. Estos actos, lamentablemente, se siguen produciendo en nuestro país, y están incluso legalmente protegidos, lo cual es en nuestra opinión, penoso.


Enrique de la silla acuñado en Ávila. Una moneda inédita en la que vemos una P coronada que hace referencia a la Princesa Isabel, hermanastra de Enrique IV y candidata al trono



Pregunta 14
Muchas veces tenemos noticia de la salida a subasta de una moneda única (aunque rara es la subasta en la que no sale un ejemplar único de éstos), desgraciadamente en España el coleccionista medio no juega con los precios que suelen alcanzar y al final estamos hablando de monedas exiliadas al extranjero, ¿le parece que son una pérdida irremediable como, salvando las distancias, la desaparición del Códice Calixtino y que la Administración debería intentar pujar por ellas para adquirirlas y retenerlas en un museo próximo a la ceca que las hizo? 

Absolutamente de acuerdo en todo. Desgraciadamente esta no es la actitud seguida por los responsables gubernamentales de nuestro país. Ahora, escudándose en la crisis de deuda soberana; y antes –que no había crisis- en determinados partidismos políticos, se priorizan otros sectores de la cultura como el cine o las artes escénicas. El caso es que la numismática, siempre es la perdedora de la batalla. Mientras España ayuda y apoya a medio mundo, el otro medio, se lleva a base a billetes estas pequeñas joyas patrias, camino de otras tierras, para no volver jamás. Lamentable pero cierto. A esto, yo lo suelo llamar “realidad ficción”.


Reproducción medieval de un Groat de Carlos “El Temerario” (1433-1477). A la venta en By-the-sword



Pregunta 15
Bien puede pasar media vida hasta tener la oportunidad de volver a ver esa moneda, es muy loable que tengamos conocimiento de pequeñas iniciativas por parte de la Administración Pública como la que tomó el Gobierno Foral de Navarra durante la subasta Caballero de Yndias para adquirir un par de piezas representativas de la historia del Reino, desde Hnumisma animamos al resto de organismos políticos a que se apunten. Siguiendo con temas de actualidad, ¿Qué opina de las reproducciones y falsificaciones de moneda? ¿Le suponen un problema para su actividad?

No me suponen un problema pues para quien ha visto y tocado mucha moneda original y verdadera, tener la posibilidad de revisar una falsa actual es, normalmente fácil de detectar, pese a que los sistemas utilizados últimamente son cada vez mejores y más sofisticados. No obstante, igual que en la Edad Media, el oficio de falsario estaba penado con la muerte, la legislación actual debería cubrir este aspecto cada día más frecuentado de la falsificación de monedas. Por supuesto, no con la misma pena, pero sí con condenas importantes de cumplimiento íntegro. La crisis está intensificando la necesidad y la miseria en la sociedad, y el lucro con el falseo es un camino fácil hacia la salida de la pobreza. Eso es entendible desde el punto de vista humano y compasivo, pero no es menos cierto, que la práctica de falsificación no es sino un robo encubierto, y esa actitud sin duda debe ser sancionada.

Pregunta 16
Igual algún lector sí que apostaba por la pena de muerte al falsario que le engañó. En fin; IVA, impuesto de circulación, IRPF, impuesto de hidrocarburos, de basura, impuestos, impuestos y más impuestos; ¿no sería una mejor vida ser un campesino medieval trabajando sus tierras? Las carta pueblas están llenas de exenciones tributarias, hagamos un viaje al pasado, cuéntenos la relación entre la moneda y la Hacienda de la época, que no eran todos.

Yo soy el primero que me hubiera gustado tener la posibilidad de vivir en la Edad Media. Pero, de ahí a permanecer en ella por siempre, va un abismo. Sin duda, hoy por hoy tenemos más impuestos que nunca (hay que tapar tanto despilfarro injustificado), pero aún con eso, y por supuesto sin pretender justificarlo, prefiero vivir la actualidad que no aquellos años difíciles en que lo más fácil era que te partiesen la cabeza en dos, o que te atravesasen el cuerpo de parte a parte, sin mediar justicia alguna.

Sea como sea, no debemos confundir los términos. Efectivamente hubo múltiples concesiones, donaciones, diplomas, fueros y exenciones, pero en términos generales se aplicaban bien a villas completas, alfoces, o realengos; mas no a personas físicas individuales –salvo que perteneciesen al “palatium regis” (Corte del Rey) o la nobleza cercana.

Sí, sin duda que tengo la sensación de que en aquella época, igual que ahora, Hacienda “eran todos”, pero tan sólo para pagar y para facilitar la vida a los que teóricamente les protegían, que eran siempre los más ricos y que por ende no tenían obligación de pagar nada, pero sí de recibir todo –es decir, igual que ahora-. Sin embargo la probabilidad de ser muerto sin que nadie te ayudase, era bastante más alta que ahora, o eso creo porque a veces el mundo parece haber evolucionado bastante poco.

Pregunta 17
Para terminar con la entrevista y no ocuparle más tiempo, me gustaría hacerle una última pregunta, y para nada la menos importante, ¿para cuándo la publicación de “La Enciclopedia”? Los rumores son insistentes y ya tarda en aparecer.

Ya he comentado que el primer tomo está finalizado. Nos ha llevado desde febrero de 2008 hasta octubre de 2011, es decir, tres años y medio. Son 1200 páginas para apenas 165 años. Es decir, cuando esté terminado el libro en su integridad, va a ser un verdadero monstruo, pues aún nos queda desde 1252 hasta 1475. Estimo pues que la investigación completa no bajará de las 4000 o 5000 páginas, lo cual, en sí mismo es una locura. No sé a día de hoy cual será el sistema de publicación a utilizar (papel o digital), pero sí sé que seguramente cuando salga, saldrá todo junto como una unidad. Aún no nos hemos planteado el momento de su publicación, pero seguramente será lento y aún tardará algunos años.

Muchos han sido los años en los que se ha venido estudiando por parte de grandes autores los diferentes aspectos de la numaria medieval en Castilla y León. Luego –aunque entiendo vuestra impaciencia por su publicación-, en puridad, tiene cierta lógica que cuando haya de salir publicado, lo haga como un todo, y no como una obra dividida cuya finalización dependerá de las propias vicisitudes de la vida, y de por dónde ella nos encamine. Sea como sea, sin duda, la espera merecerá la pena. Gracias.

Lamento profundamente saber que no hay una fecha próxima aunque estoy de acuerdo con usted en que no sería conveniente una publicación a fascículos, aunque por otro lado no sería la primera vez que se realice, bien cierto que no con obras de semejante envergadura.

Y aquí finalizamos nuestra segunda entrevista en Hnumisma agradeciendo enormemente todo el tiempo que nos ha dedicado Mozo Monroy en responder a todas nuestras preguntas. Por supuesto queremos desearle mucha suerte con su futuro trabajo y que ojalá pronto vea la luz. Muchas gracias a usted.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Una buena entrevista (como la anterior).Me ha sorprendido el perfil de este autor,es ingeniero,investigador,consultor y experto en moneda medieval con un trabajo completísimo en elaboración.Impresionante.Desde luego voy a hacerme con un ejemplar del "Libro del oro".Saludos.Veradia.

numismatico dijo...

plas plas plas plas plas plas plas

¡¡EXCELENTE ENTREVISTA!!

Sin duda estás entrevistando a los "peces gordos" de la numismática medieval. Yo no tengo tanta suerte, las últimas entrevistas que he pedido me las han denegado :(

En la entrevista se ve clarísimo cuánto esfuerzo está detrás de cada libro y lo que cuesta dar pequeños pasos en la investigación. Me ha encantado.

saludos,
Adolfo

José David dijo...

Muy buena Ruben, enhorabuena. Tenia interés por conocer facetas y opiniones de este autor Me ha gustado mucho

Anónimo dijo...

Fantástica entrevista que hace engancharse más a la numismática medieval castellana. Javier

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