Tras la entrevista que realizamos a Antonio Roma Valdés hoy
tenemos el honor de poder presentar una segunda, que se ha realizado a Manuel
Mozo Monroy, muy conocido por su último trabajo, “La moneda de oro en los Reinos de Castilla y León. Siglos XII –XV” en
compañía de Manuel Retuerce Velasco. Agradecemos el tiempo que se ha tomado en
responder a las preguntas que le hemos hecho desde este blog y, por supuesto,
haber aceptado compartir su experiencia con nosotros.
Manuel Mozo, nacido en Madrid en mayo de 1967. Ingeniero
de Sistemas Informáticos. Investigador del Archivo Histórico Nacional (AHN),
del Museo Arqueológico (MAN) y de la Biblioteca Nacional (BNE), Miembro de la
Asociación Española de Arqueología Medieval (AEAM) y de la Asociación
Numismática Española (ANE). Actualmente compagina su trabajo como responsable
de Seguridad de Sistemas en una multinacional americana con la labor de
consultoría y expertización en numismática medieval para diferentes Museos
Provinciales de Castilla-La Mancha, Castilla-León, y Madrid, así como para
varias empresas y asociaciones arqueológicas e históricas.
Pregunta 1
Entre los
coleccionistas medievalistas es muy conocido por su monográfico sobre la moneda
de oro, me siento obligado a preguntarle, ¿es parte de ese colectivo o para
usted la numismática es simplemente una ciencia a estudiar?
Para mí, no cabe la menor duda que la numismática es una
ciencia, de la misma manera que lo es la Arqueología, la Historia, la
Paleografía, la Diplomática, y la Sigilografía. Pero no es menos cierto, que
todas ellas se complementan haciendo en múltiples ocasiones imposible llegar a
una opinión realmente científica sin la necesidad de usar todas ellas en su
debida proporción. Esta razón, es válida no sólo para la numismática, sino
también para cualquiera de las demás áreas de conocimiento citadas. No es raro
de hecho encontrar ocasiones en las que ha sido necesario usar de la
numismática para datar debidamente un estrato arqueológico, un sigilo, un documento
sin fecha, e incluso algunos hechos cronísticos no suficientemente bien
identificados.
Es cierto que a raíz de la publicación del libro -que yo
llamo “Libro del Oro”-, algunos
coleccionistas medievales han empezado a conocer mi labor como investigador de
la numismática medieval castellano-leonesa. No obstante, esta labor científica
de investigación la vengo realizando durante más de veinte años, siendo acaso
la publicación del mencionado trabajo, la última y más preeminente acción que como
escritor he realizado. Sin embargo, no es menos cierto, que son ya muchos los
trabajos que sobre numismática medieval he publicado durante esta veintena de
años.
Pregunta 2
Cuéntenos,
¿de dónde surgió la idea de elaborar el “Libro del Oro”? No es un investigador
numismático en el sentido pleno y sin embargo su obra ha llegado a ser de
referencia para las casas de subastas, ¡todo un logro!
Tal y como se cita en el prólogo del libro, la iniciativa
original no fue nuestra, sino de Teresa Sisó, directora de la casa de Subastas
Áureo & Calicó, que sabedora de nuestras investigaciones en este campo, nos
solicitó la posibilidad de acompañar con escritos explicativos las
impresionantes piezas medievales de oro castellano-leonesas que conformaban la
ya famosa colección “Caballero de Yndias”.
Sin embargo, y debido a la gran cantidad de monedas que conformaban dicha
colección, en la práctica fue imposible añadir nuestros escritos como complemento
de las mismas, razón por la cual la Asociación Española de Arqueología Medieval
consideró interesante publicar dichos estudios bajo la forma de libro,
añadiendo tan sólo los comentarios a las mínimas piezas medievales de Castilla
y León que en la mencionada colección no se encontraban representadas.
No obstante, no me toca a mí decir si soy o no
investigador. En puridad, tampoco es algo que me importe. Los años que llevo
estudiando exclusivamente la moneda medieval en los reinos de Castilla y León,
no sólo han dado como producto final este “Libro
del Oro”, sino también un libro en el que estoy actualmente inmerso junto a
Manuel Retuerce, del cual, ya tenemos finalizado el primer tomo –compuesto de
1200 páginas- que abarca desde el año 1085 (toma de Toledo por parte de Alfonso
VI) hasta 1252 (fallecimiento del rey Fernando III). En esta, como la llama un
amigo “Enciclopedia”, no sólo se
habla de monedas, sino de muchos otros aspectos colaterales -historia medieval,
arqueología, diplomática, cancillería-, enlazados de tal manera que, el resultado
último encaja tan naturalmente y de una manera tan simple, que parece increíble
que nadie lo haya hecho hasta ahora.
Eso es en nuestra opinión una “investigación”, pero, por supuesto, no nos corresponde a nosotros mismos
determinar si somos o no investigadores en sentido pleno. Aunque insisto: no es
algo que me quite el sueño, si con ello, y desde la más humildes de las
posturas, se consigue que una de las más oscuras secciones de la numismática
hispana, vea la luz con todo su realismo y esplendor, tal y como se produjo en
realidad, con sus miedos, sus religiosidad, sus enfrentamientos militares y
políticos, y sobre todo, con su vida diaria, ejerciendo lo que en términos
absolutos era la moneda en sí, un mecanismo mercantil que servía para
transmitir mensajes políticos y religiosos a la sociedad medieval.
Pregunta 3
Me queda
claro que no es necesario ser Licenciado en Historia para especializarse en la
numismática, es una ciencia que avanza muy bien de manos de “amateurs”, pero
tiene razón, no es algo que deba quitarle a uno el sueño, los resultados son
los que avalan. Dígame, ¿cuál fue su experiencia personal para centrarse en la
numismática medieval? Personalmente, yo nunca me imaginé que estaría en esta
sección de la numismática hasta que cayó en mis manos uno de esos dineros de
las seis líneas, y desde entonces reconozco que tengo bastante abandonada la
moneda española contemporánea, siento como qué le falta algo que la Edad Media
sí me proporciona.
Quizá, como a la mayoría de los que se han aficionado por
la moneda medieval, en un principio nos llamó la atención su “fragilidad”.
Pienso que sería algo como “ponerse de parte del más débil”. Durante gran parte
de la Edad Media, los reinos minoritarios fueron los cristianos. No fue hasta
la batalla de las Navas (1212) en tiempos de Alfonso VIII, y posteriormente el
aterrador denuedo conquistador de Fernando III (1246-1252), que se invirtieron
los términos, y las fuerzas cristianas se hicieron con el control de territorio
patrio. Fueron años muy complejos y difíciles, donde lo prioritario era
alcanzar la noche sin haber sido muerto. La moneda pues, no era sino un
mecanismo político de escasa utilización en una sociedad mediatizada por la
religión. Ello implicaba por ende que las amonedaciones cristianas se viesen envueltas
de la religiosidad inspirada por el teocentrismo y por los textos bíblicos, y
no, como una herramienta específica de comercio. Es por ello que, ante la falta
generalizada de metales nobles sobre los que acuñar -las arcas estatales nunca
anduvieron sobradas, pues la prioridad de la reconquistadora era manifiesta-,
la numaria plenomedieval de la época tuvo siempre rasgos básicamente
constitutivos de una economía de subsistencia, adaptada, eso sí, al patrón
cuaternal carolingio (cuatro partes de plata sobre doce posibles) vigente en el
resto de Europa, al que nunca consiguieron emular, aunque en la medida de sus
posibilidades si intentaron remedar incluso hasta en sus momentos de máxima
debilidad (Batalla de Alarcos, 1195).
Resumiendo, la moneda medieval, como tal elemento
sistémico, no era sino la constatación de la existencia de una fuerza cristiana
opositora al Islam, si bien su papel como dinamizador de la economía en los
territorios cristianos no iba más allá en la práctica, de la fabricación de
piezas de pequeño tamaño y peso con representaciones simbólicas bíblicas y
deísticas, cuya función era la de dejar palpable evidencia de que Dios y su
reino, estaba también presente en aquellos instantes en los que ser cristiano
era una circunstancia más, para ser masacrado por las hordas sarracenas.
Pregunta 4
Son monedas
muy delicadas ciertamente, y el tenerlas en la mano le hace a uno imaginar
mejor lo que nos cuenta. ¿Qué razones daría usted a un novel para animarle en
el coleccionismo de esta moneda?
De alguna manera ya lo he indicado en la anterior
pregunta. La primera, el gran desconocimiento general que existe de la moneda
medieval en su conjunto, lo cual abre muchas puertas a la investigación; y en
segundo, la belleza de tales amonedaciones, que la mayoría de las veces parece
imposible que se hubiese podido labrar en cospeles tan finos y pequeños, tanta
cantidad de información y tanto arte simbólico como el que aquellos maestros
abridores de cuños eran capaces de dibujar en las matrices monetales que
fabricaban.
Además, si se me permite comentarlo –y en ello hablo por
experiencia propia- la experiencia única que supone el poder desplazar tu mente
al año 1000. Pensar cómo pensaba una persona de aquellos años; ver por sus
propios ojos cómo era la vida en aquellos años, con sus bondades y sus
bestialidades; experimentar en ti mismo aquellas sensaciones, aquellas
vivencias. Eso, aunque así dicho parezca muy poético, os aseguro que no tiene
precio y que es acaso lo mejor que te pueden deparar estas piezas
insignificantes.
Pregunta 5
Coincidimos,
son una ventana al pasado que no tienen nada que envidiar a cualquier máquina
del tiempo. ¿Alguna moneda deseada? Esa pieza que no dudaría en tener si
pudiese.
Después de tantos años en la numismática medieval, he
visto tal cantidad de monedas, raras y normales, que se me hace difícil poder
elegir una. No obstante, intento no tener apego a nada, pues conozco de su
rareza y de la ligereza de nuestras vidas. Sin embargo, llevado al punto de
tener que hacerlo, posiblemente me quedaría con el rarísimo dinero santiagués
de leyenda “Sainc Ove” hoy en día en
paradero incógnito, o con la meaja fernandina única del desembarco del Apóstol
Santiago conservado en el Museo de las Peregrinaciones de Santiago de
Compostela.
Pregunta 6
Aficionado a
numismática, arqueología, epigrafía, historia, sigilografía, ¿cómo autoformarse
en tantas disciplinas y cuántas más serán necesarias para estudiar una moneda?
Todo lo que se sepa en esta vida, siempre será útil.
Nunca deberíamos negarnos a aprender sobre nada. Mi experiencia propia me dice
que cuanto más sepas, más capaz serás de interrelacionar todos los aspectos de
la vida. A día de hoy, no hay absolutamente ni una sola faceta de nuestras
vidas que no esté directa o indirectamente relaciona con otras múltiples ideas,
razones, características o funciones de otras miles de circunstancias. Por eso,
nada puede ni debe dejarse de aprender o de conocer, si se tiene la posibilidad
de ello.
Dicho esto, la respuesta a vuestra pregunta es clara: lo
que lleva a autoformarte en tantas disciplinas tan divergentes es “el amor”.
Eso es lo único que nos mueve en el deseo de conocer y de hacerse a sí mismo.
Sin amor por algo, no hay interés, no hay entusiasmo. ¿Por qué aprendí todas
esas ciencias, que nada tienen que ver con mi carrera profesional? Pues porque
“amo” apasionadamente a las monedas medievales, y me di cuenta de que todas
esas disciplinas del saber me eran vitales para entender todo aquello que la
propia moneda y la numismática no me enseñaban. Y sí, efectivamente, me serví
de todas esas ciencias para poder entender las razones últimas de las monedas.
Fue gracias a todos esos estudios, a todas esas áreas del saber, a través de las
que fui capaz de llegar a sus fundamentos, a sus bases. Sin todas ellas, no
habría sido capaz -ni nadie lo será jamás- de poder llegar a estudiar en su
conjunto, ni una sola moneda, sea de la época o del país que sea.
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Califato Omeya de Damasco. Dirham. AH 101. Al Basra |
Pregunta 7
Sigue
pareciéndome un esfuerzo titánico, pero está claro que los resultados lo
avalan. Moneda medieval cristiana y medieval islámica, ¿campos enfrentados? Quien
trabaja en uno muy rara vez se adentra en el otro; es más, la especialización
parece que llegar a centrarse en alguno de los distintos reinos de la Spania
medieval.
Has utilizado el término preciso “Spania”: dicha expresión latina en el alto y pleno Medievo era la
utilizada tanto para referirse a territorios cristianos conquistados como a las
zonas musulmanas pendientes de conquistar. Así nos lo confirma Alfonso III el Magno: “postea Rex noster Sarracenis inferens bellum, exicitum movit, et
Spaniam intravit”. Es decir, mal comparado, Spania era como las dos
mitades de un campo de futbol, es decir, dos partes indiferenciadas de una
misma cosa. Llamar a los espacios exclusivamente cristianos “Spania“, sería igual que llamar “campo
de futbol” tan sólo a una de las dos mitades del terreno de juego.
No obstante, este es un ejemplo más de lo que antes
comentábamos. Yo me vi obligado a aprender tanto latín como árabe –básico, por
supuesto- para poder leer tanto las piezas medievales en su conjunto como
algunas labras cristianas transcritas con escritura arábiga cúfica. Aun así, también
tuve que apoyarme en grandes conocedores de la numaria musulmana como son mis
amigos Rafael Frochoso y Salvador Fontenla, que siempre me han ayudado y me han
enseñado desinteresadamente en todo aquello que les he solicitado o preguntado.
Es por tanto necesario saber de muchos campos de acción, e investigar en todos
ellos, para poder tener, como antes decíamos, una imagen sólida de conjunto de
cuáles fueron las motivaciones reales de las amonedaciones cristianas. Por
supuesto no me considero un experto en labras islámicas, pero sí me fue
necesario, aprender de ellas y de quienes son sus Maestros hoy en día, para
poder conocer y encajar debidamente las emisiones cristianas en aquel mundo
regido por ambas fuerzas militares y religiosas del medievo castellano-leonés.
Pregunta 8
Su enfoque a
la numaria castellanoleonesa se basa en un seguimiento exhaustivo de las
fuentes escritas de la época; esto supone una cierta ruptura con la metodología
que fue seguida antiguamente. Hoy se encuentra en pleno desarrollo y los
resultados publicados por diversos numismáticos demuestran el éxito de este
enfoque, aparentemente evidente pero, por alguna razón, descartado hasta el
siglo pasado. ¿Cómo vive el proceso de introducción de nuevas tesis e ideas en
el campo numismático? ¿Siguen presentes los nombres de los grandes
investigadores del pasado?
Lo vivo como un proceso de mejora continua. Todas las
ciencias han evolucionado siempre más con los errores que con los aciertos. Y
el estudio científico de la numismática no es más que un ejemplo de ello.
Muchos han sido los estudiosos que han arrojado perspectivas válidas en el
estudio de la moneda medieval, y tantos o más los que lo han hecho –por
supuesto convencidos en su momento de lo contrario- de manera equivocada. Pero
todos ellos han dejado su aporte positivo, pues como se puede comprobar ahora,
es producto de todos aquellos trabajos por lo que la numismática medieval
castellano-leonesas avanza en nuestros días por el buen camino.
El estudio de los documentos –y de cualquier otra fuente
científica válida y contrastada- es vital para el encaje preciso de las
amonedaciones en las épocas en que se produjeron. Y lógicamente, tanto para
bien como para mal, leer y tener en cuenta todo lo que otros dijeron antes es
también muy importante: siempre hay algo de utilizable en cualquier idea por
peregrina o sin sentido que pueda parecer ser. Yo al menos y en mi humildad -
siempre lo he dicho y siempre lo diré-, me considero, tal y como decía Bernardo
de Chartres, “un enano subido a hombros
de gigantes”.
Pregunta 9
Y nuestros gigantes siguen siendo verdaderos
referentes. Se me ocurre ahora el caso de los pepiones, esos “bienpeinados” del
rey Alfonso VIII que empezaron siendo asignados, erróneamente, a Alfonso I “El
Batallador”. La palabra pepión ya de por sí es algo conflictiva y su aparición
más antigua parece venir en un codicilo del rey D. Sancho I de Portugal,
recogido por Teixeira de Aragão y en el que se cita textualmente: “et triginta quinque solidos, et pipiones”.
D. Beltrán dedujo que se refería a la moneda de Alfonso VIII pero el tema
parece que chirría algo y estamos en un punto sin salida; ¿qué opina que era
ese pepión? ¿Cómo podemos rebatir a dos grandes como Teixeira o Beltrán? Hay
antecedentes en la mejora de nuestro vocabulario cambiando el incorrecto
“óbolo” por “meaja”, pero cambiar siempre cuesta.
Esta pregunta la tengo debidamente respondida en el
capítulo correspondiente a Alfonso VIII de mi nuevo libro. Son casi 20 páginas
las que dedico exclusivamente a explicar esta cuestión, razón por la que creo
que sería más que difícil resumir en el pequeño espacio de una entrevista una cuestión
tan compleja. Lo que sí os puedo decir es que para nada es un “punto sin
salida”, tal y como dices. Sí que tiene salida, y es tan simple que parece
ciertamente mentira que nadie haya dado con ella antes. Como decía al principio,
es tan sencillo como encajar todas las piezas en su debido orden, concierto y
posición, y la solución aparece sola, clara, precisa. Aunque una cosa sí es
cierta: son muchas las piezas que he tenido que ir recopilando durante muchos
años de muchas disciplinas de la ciencia.
Sin duda que Teixeira de Aragão y Pio Beltrán pusieron su
granito de arena, pero no era más que el comienzo de camino. A día de hoy se
puede afirmar que el término “pepión“,
comenzó a utilizarse en 1207 o en 1217 –ambas fechas tienen su lógica-, y más
que probablemente fue una nueva nomenclatura para designar a una moneda ya
existente. Debió de ser algo parecido a cuando el pueblo español comenzó a
llamar “duro” a la moneda de “cinco pesetas”.
Respecto a la duplicidad “óbolo/meaja”, sucede algo similar. También lo explico a lo largo de
bastantes páginas de en mi libro. Lo que sí es cierto es que documentalmente el
concepto francés “obol” no se usa
nunca aplicado al vellón castellano-leonés, siendo sin embargo utilizado con
relativa frecuencia el de “medailla/meaia/meaja”
para piezas de menor valor. Aunque no sólo se aplicaba al vellón, pues también
se conocen ciertas referencias a “meaias
de oro” relativas sin duda a piezas áureas de valor divisional.
Pregunta 10
Muy
interesante, me quedo con una duda que se resolverá cuando lea las 20 páginas,
serán una revolución; debo confesar que además desconocía la existencia de las meajas de oro como moneda real. Pero en serio,
explíqueme, ¿cómo se “le da nombre” a una moneda?, ¿cómo la “bautizamos”?
No somos quien para poner nombre ni bautizar a una
moneda. Es como a los hijos. ¿Quien tiene derecho a poner un nombre a un hijo?
Pues sus progenitores legales (normalmente padre y madre, de común acuerdo).
Pues igual pasa con las monedas. ¿Quién nos ha permitido poner nombre a una
moneda? Nadie. Las monedas tienen sus nombres y así están citadas en los
documentos coetáneos que son los únicos legitimados para ello. Y tales nombres
son los que debemos usar, independientemente del deseo partidista de quien
corresponda para erogarse la potestad de “bautizar” a una moneda. Eso no es
lícito ni científico, lo haga quien lo haga. De la misma manera que en los
documentos del Registro Civil es donde el nombre de cada cual está escrito,
sucede igual con las monedas: son los manuscritos, diplomas, cartularios y
legajos los que nos informan siempre del nombre de las piezas.
Otra cosa bien distinta, es cómo relacionar los nombres
que aparecen en los textos de la época con los ejemplares físicos monetarios
actualmente conocidos. Ese aspecto, no tiene respuesta y tiene muchas
respuestas a la vez, pues es del todo opinable, en un principio, asignar un
nombre documentado a una tipología existente. No obstante, el único camino para
conseguir dichas atribuciones es el estudio detenido de los documentos, así
como los datos colaterales que dichos textos adjuntan. Todo ello, estudiado en
su debida proporción nos pondrá en una posible vía de referencia correcta.
Determinar qué camino es el más adecuado, depende ya del nivel de conocimiento,
de raciocinio o de pensamiento lógico de cada cual.
Dicho en otras palabras: en principio no existe ninguna
razón que nos lleve a llamar “pepión”, por ejemplo, a una moneda y no a otra,
si no es por la contextualización de similar término en otros documentos en la
época, y por la correcta interpretación del resto de información aportada por
los diplomas. Y aún así, dependiendo del hilo argumental utilizado, los
resultados que se obtengan pueden ser dispares. Cuál de ellos es el correcto,
es una pregunta de difícil respuesta, pues depende de la interpretación que
cada uno haga en su propia mente de ambas hipótesis, el creer como más
plausible una solución o su contraria.
Pregunta 11
¿Sería tan
amable de explicar a los lectores su metodología de estudio? Las fuentes están
dispersas, son viejos legajos redactados en un idioma arcaico y con sintaxis
compleja y revirada, una entremezcla de leyenda, realidad e imaginación ¡Me
parece tan complicado decidirse a estudiar la historia de alguna moneda si no
es a hombros de gigantes…!
No tengo una metodología especial salvo la “mía propia”
que es fruto y producto del estudio diario y detallado de muchas fuentes. Para
mí es algo automático. Cada pista me lleva a un lugar, a una fuente, a un dato.
Gracias a la informática y a mi memoria me es relativamente sencillo ir enlazando
pistas. No sabría explicar con simples palabras el método que sigo, pues en
realidad hay tantos métodos como caminos a la verdad, es decir, infinitos.
Dispongo de muchas fotos, libros, textos originales,
monedas tocadas y vistas. Es decir, en resumen, muchos datos y mucha
información. Relacionarlos de una manera precisa es lo que me lleva a un final
que, lo aseguro, nunca sé cual será antes de empezar a investigar y a analizar
todo ello como conjunto.
Este es un gran error de muchos investigadores, que
inician sus estudios sabiendo de antemano a dónde quieren llegar, y eso, es un
gravísimo error. Lo he comentado ya anteriormente, yo nunca me planteo el
final, sino tan sólo tener a la mano toda la información posible, mezclarla
adecuadamente, y obtener un resultado, sea el que sea. De hecho, muchos de los
capítulos de mi libro, los he tenido que reformular porque después de estudiar
una moneda específica me he dado cuenta que no encajaba donde se la presuponía
que debía ir, y tan sólo me quedaban dos opciones a seguir: la primera,
encajarla a “martillazos” –lo cual por supuesto no va con mi forma de ser ni de
pensar-;y la segunda, que es devolverla a su legítima posición aunque ello me
obligue a reconfigurar capítulos enteros y referencias a la misma pieza o a
otras afines en múltiples lugares de otros capítulos. Ese creo que sí es un
criterio correcto: no fijarse los finales, antes de establecer los principios.
Pregunta 12
Una perfecta
mezcla de memoria, paciencia, trabajo y honestidad. En línea con la pregunta
anterior, ¿podría hacernos una lista de sus obras imprescindibles para estudiar
la numaria castellanoleonesa medieval? Estoy seguro que mucho aficionados
amateurs lo agradecerían. A mí mismo me gustaría hacer un pequeño estudio y uno
al final se encuentra muy perdido cuándo quiere ir más allá del simple
coleccionismo, muchos somos ejemplo de lo que nos cuenta, siempre buscamos (o
intentamos) la historia que nos quiere contar la moneda.
Es una pregunta difícil, pues tanto podría decir muchas
obras como decir muy pocas. Y en cualquiera de los dos casos, a todas habría
que poner –desde mi prisma- algún pero. No obstante me gustaría destacar la
obra de mi Maestro y sobre todo amigo, León
España, titulada Sistemas
Monetarios Peninsulares. Las acuñaciones de moneda cristiana tras la invasión
de los musulmanes hasta el siglo XV (2002). Asimismo, también destacaría dos libros de mí también
gran amigo Antonio Roma, Moneda y
sistemas monetarios en Castilla y en León durante la Edad Media (1087 – 1366), (2000) y Emisiones monetarias leonesas y castellanas
de la Edad Media (2010); así como los libros Consideraciones
históricas, políticas y económicas sobre la moneda medieval castellano-leonesa (2005) de mi querido
José María de Francisco Olmos; y el titulado Repertorio
paramétrico metrológico medieval de los reinos hispánicos (1999), de mi más que
admirado don Josep Pellicer i Bru.
Me gustaría, si me lo permitís -no movido por el ego propio, sino por su verdadera
utilidad para todo aquel que necesite inicial cualquier estudio de moneda
medieval específico-, mencionar también un trabajo de investigación que yo
mismo llevé a cabo durante cinco años y que finalmente fue publicado por la revista
Medievalismo (La Moneda
Medieval de Castilla y León. Bibliografía General (I y II), Medievalismo, 8 y 9, (Madrid, mayo 1998-
mayo 1999). Realmente creo facilitará bastante las cosas a todo
aquel que necesite saber quién dijo qué sobre qué moneda medieval o qué rey
específico.
Pregunta 13
Pues me
quedo satisfecho, mi biblioteca está bien encaminada. Tengo además por aquí su
review bibliográfico, ciertamente muy extenso y que, con su permiso, enlazo aquí para que nuestros lectores puedan tenerlos. Sigamos con nuestra
entrevista, la recopilación de imágenes para elaborar “El libro del Oro” parece que fue una tarea imposible según con qué
organismos topó, y esto llegó hasta al punto de escribir una queja velada en el
prólogo sobre las enormes trabas burocráticas que le pusieron, vivido lo
vivido, ¿le parece que el mundo de la numismática debería funcionar mediante
colecciones privadas al estilo estadounidense o ser depositadas en un museo
público que siempre estará abierto a todos? Algunos blogueros como Carlos o Adolfo han redactado interesantes opiniones sobre el tema.
Por experiencia propia tengo que es mucho mejor que las
monedas sean custodiadas por entidades estatales sin ánimo de lucro. En
términos generales –salvo raras excepciones que desean tratar las monedas
guardadas en tales instituciones como suyas propias-, la inmensa mayoría de
estos Museos, Gabinetes o Departamentos nos han favorecido y facilitado todo
acceso a las mismas.
Son curiosamente las instituciones y colecciones privadas
las que han puesto todo tipo de problemas para el acceso a sus fondos. Pensamos
que esta actitud, por supuesto loable desde el punto de vista de la propiedad
privada, es del todo reprobable por cuanto tiene de irresponsable el ocultar
dichas piezas que por muy privadas que sean, contienen en sí mismas parte del
patrimonio cultural de una nación, que sin duda no es privatizable por el mero
hecho de tener la posesión de las mismas. Estos actos, lamentablemente, se
siguen produciendo en nuestro país, y están incluso legalmente protegidos, lo
cual es en nuestra opinión, penoso.
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Enrique de la silla acuñado en Ávila. Una moneda inédita en la que vemos una P coronada que hace referencia a la Princesa Isabel, hermanastra de Enrique IV y candidata al trono |
Pregunta 14
Muchas veces
tenemos noticia de la salida a subasta de una moneda única (aunque rara es la
subasta en la que no sale un ejemplar único de éstos), desgraciadamente en
España el coleccionista medio no juega con los precios que suelen alcanzar y al
final estamos hablando de monedas exiliadas al extranjero, ¿le parece que son
una pérdida irremediable como, salvando las distancias, la desaparición del
Códice Calixtino y que la Administración debería intentar pujar por ellas para
adquirirlas y retenerlas en un museo próximo a la ceca que las hizo?
Absolutamente de acuerdo en todo. Desgraciadamente esta
no es la actitud seguida por los responsables gubernamentales de nuestro país.
Ahora, escudándose en la crisis de deuda soberana; y antes –que no había
crisis- en determinados partidismos políticos, se priorizan otros sectores de
la cultura como el cine o las artes escénicas. El caso es que la numismática,
siempre es la perdedora de la batalla. Mientras España ayuda y apoya a medio
mundo, el otro medio, se lleva a base a billetes estas pequeñas joyas patrias,
camino de otras tierras, para no volver jamás. Lamentable pero cierto. A esto,
yo lo suelo llamar “realidad ficción”.
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Reproducción medieval de un Groat de Carlos “El Temerario” (1433-1477). A la venta en By-the-sword |
Pregunta 15
Bien puede
pasar media vida hasta tener la oportunidad de volver a ver esa moneda, es muy
loable que tengamos conocimiento de pequeñas iniciativas por parte de la
Administración Pública como la que tomó el Gobierno Foral de Navarra durante la subasta Caballero de
Yndias para adquirir un par de piezas representativas de la historia del Reino, desde Hnumisma animamos al resto de organismos
políticos a que se apunten. Siguiendo con temas de actualidad, ¿Qué opina de
las reproducciones y falsificaciones de moneda? ¿Le suponen un problema para su
actividad?
No me suponen un problema pues para quien ha visto y
tocado mucha moneda original y verdadera, tener la posibilidad de revisar una
falsa actual es, normalmente fácil de detectar, pese a que los sistemas
utilizados últimamente son cada vez mejores y más sofisticados. No obstante,
igual que en la Edad Media, el oficio de falsario estaba penado con la muerte,
la legislación actual debería cubrir este aspecto cada día más frecuentado de
la falsificación de monedas. Por supuesto, no con la misma pena, pero sí con
condenas importantes de cumplimiento íntegro. La crisis está intensificando la
necesidad y la miseria en la sociedad, y el lucro con el falseo es un camino
fácil hacia la salida de la pobreza. Eso es entendible desde el punto de vista
humano y compasivo, pero no es menos cierto, que la práctica de falsificación
no es sino un robo encubierto, y esa actitud sin duda debe ser sancionada.
Pregunta 16
Igual algún
lector sí que apostaba por la pena de muerte al falsario que le engañó. En fin;
IVA, impuesto de circulación, IRPF, impuesto de hidrocarburos, de basura,
impuestos, impuestos y más impuestos; ¿no sería una mejor vida ser un campesino
medieval trabajando sus tierras? Las carta pueblas están llenas de exenciones
tributarias, hagamos un viaje al pasado, cuéntenos la relación entre la moneda
y la Hacienda de la época, que no eran todos.
Yo soy el primero que me hubiera gustado tener la
posibilidad de vivir en la Edad Media. Pero, de ahí a permanecer en ella por
siempre, va un abismo. Sin duda, hoy por hoy tenemos más impuestos que nunca
(hay que tapar tanto despilfarro injustificado), pero aún con eso, y por
supuesto sin pretender justificarlo, prefiero vivir la actualidad que no
aquellos años difíciles en que lo más fácil era que te partiesen la cabeza en dos,
o que te atravesasen el cuerpo de parte a parte, sin mediar justicia alguna.
Sea como sea, no debemos confundir los términos.
Efectivamente hubo múltiples concesiones, donaciones, diplomas, fueros y
exenciones, pero en términos generales se aplicaban bien a villas completas,
alfoces, o realengos; mas no a personas físicas individuales –salvo que
perteneciesen al “palatium regis”
(Corte del Rey) o la nobleza cercana.
Sí, sin duda que tengo la sensación de que en aquella
época, igual que ahora, Hacienda “eran todos”, pero tan sólo para pagar y para
facilitar la vida a los que teóricamente les protegían, que eran siempre los
más ricos y que por ende no tenían obligación de pagar nada, pero sí de recibir
todo –es decir, igual que ahora-. Sin embargo la probabilidad de ser muerto sin
que nadie te ayudase, era bastante más alta que ahora, o eso creo porque a
veces el mundo parece haber evolucionado bastante poco.
Pregunta 17
Para
terminar con la entrevista y no ocuparle más tiempo, me gustaría hacerle una
última pregunta, y para nada la menos importante, ¿para cuándo la publicación
de “La Enciclopedia”? Los rumores son
insistentes y ya tarda en aparecer.
Ya he comentado que el primer tomo está finalizado. Nos
ha llevado desde febrero de 2008 hasta octubre de 2011, es decir, tres años y
medio. Son 1200 páginas para apenas 165 años. Es decir, cuando esté terminado
el libro en su integridad, va a ser un verdadero monstruo, pues aún nos queda
desde 1252 hasta 1475. Estimo pues que la investigación completa no bajará de
las 4000 o 5000 páginas, lo cual, en sí mismo es una locura. No sé a día de hoy
cual será el sistema de publicación a utilizar (papel o digital), pero sí sé
que seguramente cuando salga, saldrá todo junto como una unidad. Aún no nos
hemos planteado el momento de su publicación, pero seguramente será lento y aún
tardará algunos años.
Muchos han sido los años en los que se ha venido
estudiando por parte de grandes autores los diferentes aspectos de la numaria
medieval en Castilla y León. Luego –aunque entiendo vuestra impaciencia por su
publicación-, en puridad, tiene cierta lógica que cuando haya de salir
publicado, lo haga como un todo, y no como una obra dividida cuya finalización
dependerá de las propias vicisitudes de la vida, y de por dónde ella nos
encamine. Sea como sea, sin duda, la espera merecerá la pena. Gracias.
Lamento
profundamente saber que no hay una fecha próxima aunque estoy de acuerdo con
usted en que no sería conveniente una publicación a fascículos, aunque por otro
lado no sería la primera vez que se realice, bien cierto que no con obras de
semejante envergadura.
Y aquí finalizamos nuestra segunda entrevista en Hnumisma
agradeciendo enormemente todo el tiempo que nos ha dedicado Mozo Monroy en
responder a todas nuestras preguntas. Por supuesto queremos desearle mucha
suerte con su futuro trabajo y que ojalá pronto vea la luz. Muchas gracias a
usted.
Comentarios
¡¡EXCELENTE ENTREVISTA!!
Sin duda estás entrevistando a los "peces gordos" de la numismática medieval. Yo no tengo tanta suerte, las últimas entrevistas que he pedido me las han denegado :(
En la entrevista se ve clarísimo cuánto esfuerzo está detrás de cada libro y lo que cuesta dar pequeños pasos en la investigación. Me ha encantado.
saludos,
Adolfo
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