16 julio 2011

Morabetino (II)

Esta entrada está dedicada a un compañero coleccionista, gallego y fan de este blog desde sus inicios. Amablemente me ha “recordado” que faltaba la segunda parte de aquella entrada Morabetino (I), no me había olvidado de ella pero cuando quería prepararla siempre había otra entrada que ganaba preferencia; no la retrasamos más, aquí tenemos finalmente Morabetino (II) y un avance, habrá tercera parte.

Desde la caída del Reino Visigodo, los reinos cristianos del norte, herederos de su política, costumbres y cultura no habían vuelto a acuñar la moneda hasta el reinado de Alfonso VI, siendo todas las emisiones realizadas en vellón. Aunque el Reino de Aragón ya había realizado un tímido y efímero intento amonedando oro en la forma de los mancuses barceloneses, eran los reinos de Taifas, aunque debilitados tras siglos de lucha contra el norte y entre ellos mismos, los que acuñaban la prestigiosa moneda de oro; y de entre todos ellos era el Reino de Murcia el que mayor volumen de moneda aurífera desviaba a las fronteras cristianas, haciendo innecesario que éstos se plantearan otro comportamiento más allá de cooptar el oro acuñado gracias al pago de las parias.

Mancús de Ramón Berenguer I de Barcelona, subastado por Cayón en 2009
 

En 1149 Alfonso VII El Emperador conquistó temporalmente la ciudad murciana de Baeza, entre este año y 1153 acuñó una moneda de oro con la tipología típica del dinar almorávide; aunque no existen datos del contenido en oro sí se sabe que su peso se redujo parcialmente para poderlos equiparar al cambio en plata del Reino de León. Fue una emisión bastante reducida (aunque menos que la primera serie que haría su nieto Alfonso VIII) que no se puede considerar todavía como castellana, más bien fue una moneda hecha para no alterar la circulación aurífera habitual del sur de la meseta, aunque gradualmente parece que fue aumentando su circulación hacia el norte del reino, a excepción de en la apartada Galicia, y el vocablo morabetino (maravedí) empezó a ser moneda de cuenta y moneda real.

Dinar baesí de Alfonso VII El Emperador de 1150; subastada por Vico en 2009



Reorganizado el Reino de Murcia bajo el mandato del Rey Lobo, volvieron a circular unos morabetinos reducidos a 3.88g de peso y el mismo contenido en oro que los dinares almorávides. Las excelentes relaciones que mantuvo este rey con los territorios cristianos, llegando incluso a visitar la ciudad de Toledo en 1167 en el período de regencia del futuro Alfonso VIII, favorecieron la entrada masiva de los “morabetinos ayadinos” “saadíes” o “lupinos” en pago a sus servicios militares contra la imparable conquista almohade. Tras la muerte del Rey Lobo en 1172 el codiciado Reino de Murcia calló finalmente en las manos de los almohades y cesó completamente la entrada de oro que mantenía viva la economía, por decirlo de alguna manera, internacional, de los reinos del norte. Se hizo necesario encontrar la forma de tener una moneda de oro propia y dejar de depender de las emisiones andalusíes.

Dinar de Muhamad Ibn Saad (Rey Lobo), ceca de Murcia AH 558 (1163); subasta Caballero de Yndias


Alfonso VIII había visto desde niño que su reino siempre mantuvo una buena relación con el último rey de Murcia así que no es de extrañar que fuera este rey el que recogiera el testigo de la acuñación de moneda de oro; ahora era la extremadura castellana la frontera castigada por los almohades y el joven rey necesitaba dar una imagen de fortaleza en todos los aspectos; políticos, militares y, por supuesto, económicos; la moneda de oro podría ser la solución, y así se hizo en 1173 con una moneda que tendría un tremendo éxito, siendo recordada incluso en tiempos de Alfonso X por su fortaleza y estabilidad; estas monedas eran los “mizcales”, “morabetinos alfonsís”, “bonos alfonsís de auro et pondere”, "moravedis bonos alfonsis d`oro et de peso", "maravedis de bono auro et de peso et de cruz".

El lugar de acuñación elegido fue la ciudad de Toledo, la razón principal poco tuvo con el ánimo propagandista de Alfonso VI, más bien que aquí era el único lugar en el que se podían encontrar artesanos capaces de abrir los cuños y supieran escribir en árabe; pues, a diferencia del morabetino de Sancho I, el castellano fue realizado copiando no solamente la metrología, también las leyendas en la grafía árabe. Una moneda cuyo objetivo era sustituir a aquellas que Castilla obtenía gracias al Rey Lobo tenía que parecerse lo máximo posible a las de las Taifas para poder ser aceptada sin problemas en el mercado; parece que el latín no era el idioma de prestigio en el comercio mediterráneo. De este morabetino se conocen dos diseños, el primero está redactado íntegramente en árabe, aunque incluyendo una enorme cruz en la parte superior de la moneda como simbolismo claro del cristianismo.

Anverso
Reverso
Central
IMAM (de) LA IGLESIA
(del) MESÍAS (el) PAPA
(de) ROMA LA GRANDE
AMIR
DE LOS CATÓLICOS
ALFONSO BEN SANCHO
AYÚDELE ALLAH
Y PROTÉJALE
Lateral
EN NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO, DIOS ÚNICO, EL QUE CREA Y SEA BAUTIZADO SERÁ SALVO
FUE ACUÑADO ESTE DINAR EN MEDINA TOLEDO SAFAR (fecha)

Insertar imagen del morabetino

Mientras que el segundo, acuñados a partir de 1181, sustituyen la tercera línea central por ALF, ahora sí, en caracteres latinos. Las leyendas, ligeramente modificadas sobre la primera versión, son las siguientes:


Anverso
Reverso
Central
IMAM (de) LA IGLESIA
(del) MESÍAS (el) PAPA
ALF(onso)
AMIR
DE LOS CATÓLICOS
ALFONSO BEN SANCHO
AYÚDELE ALLAH
Y PROTÉJALE
Lateral
EN NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO, DIOS ÚNICO, EL QUE CREA Y SEA BAUTIZADO SERÁ SALVO
FUE ACUÑADO ESTE DINAR EN TOLEDO ERA DE SAFAR (fecha)

Morabetino de Alfonso VIII, 2ª tipología.

Ambos diseños hacen continua referencia a Castilla y a sus líderes regio y religioso, no entraré en detalles de traducción de estas leyendas, pues existe un buen artículo escrito por José María de Francisco Olmos, en el que analiza de forma rigurosa las razones que llevaron al gobierno de Alfonso VIII a emplear una u otra denominación a la hora de elaborar estos morabetinos, que fueron hechos como ya dije, con el objetivo de hacer propaganda del reino cristiano a la vez que ofrecer una moneda que tuviera unas garantías a los mercados. Una estrategia diferente a la seguida por Portugal, cuyos morabetinos se hicieron más para proclamar orgullosamente su independencia del Reino de León que para mantener las relaciones comerciales con el sur.


Corría el año 1211 y Alfonso VIII había reunido bajo su mando a las fuerzas bélicas navarras, aragonesas, a los templarios portugueses, fuerzas de élite de D. Afonso II y, por supuesto, las suyas propias, en un ataque que pasaría a la historia como la Batalla de Navas de Tolosa, muriendo 3 años después. Su hijo, Enrique I, quien falleció al poco tiempo de subir al trono, continuó acuñando los morabetinos sin alteraciones en su diseño; abandonándose definitivamente en 1217 debido a la necesidad de adaptarse a los cambios metrológicos que se introdujeron con los almohades con las llamadas doblas; una nueva moneda que ya veremos en otra entrada.

Morabetino de Enrique I datado en 1217 (1255 de Safar ), misma tipología y ceca que los de su padre.

 

La incógnita portuguesa

Personalmente desconozco la extensión que puede tener esta idea pero por su originalidad he preferido situarla aparte y ver mejor las reacciones que pudiera despertar; la idea se ha desarrollado basándose en exclusiva la leyenda de “Alfonso ben Sancho”, es decir, Alfonso, hijo de Sancho. Proponiendo que la moneda haría referencia a D. Afonso II, hijo de D. Sancho I. Una mera coincidencia entre ambos reinos que no deja de ser solamente eso, una coincidencia.

D. Afonso II accedió al trono en 1185 tras la muerte de su padre, es un poco complicado admitir que llevaba desde 1173, como Infante, acuñando en su nombre moneda de oro. No cuadra tampoco que se hubieran hecho en un mismo reino una moneda proclamativa de la independencia a la vez que otra más apta para el comercio, quedando Castilla sin moneda de oro hasta el reinado de Fernando III cuando ya hemos visto que era precisamente este reino el que más la necesitaba por sus relaciones fronterizas con las Taifas del sur.
A título personal, no comparto en absoluto este punto de vista por ir en totalmente en contra de toda la documentación conocida actualmente sobre estos morabetinos, y ya sabemos que “afirmaciones extraordinarias exigen pruebas extraordinarias”.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Bonita entrada,recomendaría a todo aquel que esté interesado en estas monedas que leyera en árticulo que mencionas.Espero la tercera parte.saludos Veradia.

Rubén López-Cortés dijo...

También yo lo recomiendo, es más, no debería faltar en la biblioteca de cualquier aficionado a la moneda medieval.

Espero que la tercera parte también te resulte bonita.

Un saludo Veradia

Anónimo dijo...

Creo que me tengo que dar por aludido,jejejeje!!!

Enhorabuena por la entrada!! realmente buena!!! todo el que quiera saber algo de los morabetinos debería pasarse por aquí para empezar a conocerlos!!

Esperaré pacientemente la tercera parte!! y cuando se me acabe la paciencia...jejejeje, ya me encargaré de recordártelo!!

Pablo

Ricardo Moreno dijo...

Estimado señor,casualmente he conocido este blog mientras naufragaba por la red.Soy un aficionado a la numismatica,en grado eterno de aprendiz,y a la historia. Intentare seguir su blog con mucha frecuencia. Enhorabuena!!
Ricardo Moreno (Lucena-Córdoba-)

Rubén López-Cortés dijo...

Buenos días Sr. Ricardo:

Espero que esta bitácora suponga una pequeña tabla a la que agarrarse en su navegación en la inmensa red. En ella estoy seguro de que encontrará Historia y Numismática en grado igual, por supuesto, seguirlo implica que es libre de hacer todas las críticas y aclaraciones que considere, pues todos somos eternos aprendices y a mí personalmente mucho me queda por aprender.

Un saludo

numismatico dijo...

Excelente entrada Rubén, como siempre.

Personalmente me encantan los morabetinos, espero poder tener uno algún día aunque son piezas a las que hay que tener paciencia.

Un saludo,
Adolfo

Anónimo dijo...

Castilla? Alfonso VII, Rey de León
Y el Morabetino de Alfonso IX de León?

Lista de reyes leoneses, incluyendo Sancho I:
http://corazonleon.blogspot.com.es/2010/02/lista-de-reyes-leoneses-cuantos-reyes.html
-García I (910-914)
-Ordoño II (914-924)
-Fruela II (924-925)
-Alfonso Froilaz (925)
-Alfonso IV (925-931)
-Ramiro II (931-951)
-Ordoño III (950-956)
-Sancho I (956-958)
-Ordoño IV (958-960)
-Sancho I (2º reinado: 960-966)
-Ramiro III (966-984)
-Bermudo II (984-999)
-Alfonso V (999-1028)
-Bermudo III (1028-1037)
-Fernando I (1037-1065)
-Alfonso VI (1065-1109)
-Urraca I (1109-1126)
-Alfonso VII (1126-1157)
-Fernando II (1157-1188)
-Alfonso IX (1188-1230)

Rubén López-Cortés dijo...

Hablamos del morabetino de Alfonso VIII, es la pieza por excelencia y más conocida, además de la primera acuñación perfectamente establecida, el morabetino fue enarbolado por Castilla, Portugal fue coetáneo en su uso y León, se subió al carro posteriormente.

La razón la sitúo en las relaciones comerciales, tanto Castilla como Portugal disponían de amplias fronteras colindantes con las zonas de control andalusí, lo que hizo necesario mantener esta moneda. León, a la muerte de Alfonso VII entró en un periodo de decadencia en el panorama de "interregnos", la pérdida nominal de Toledo, región subyugada al territorio castellano desde que Alfonso VI lo conquistase fue uno de los peores varapalos sufridos. Los morabetinos leoneses son de iconografía proclamativa, al igual que los portugueses, mientras que los castellanos fueron hechos para el comercio.

Por lo que no, salvo los morabetinos de Fernando II y de Alfonso VIII de León, los morabetinos de los que hablas son piezas totalmente castellanas, y ten en cuenta que los de esta entrada son portugueses.

Anónimo dijo...

Matizo:
En lo que después se llamaría Catalunya la amonedación se reinicia con Carlomagno hacia el año 800 con cecas en Barcelona, Girona y Ampurias, a la que hay que añadir Roda en tiempos de Luís el Piadoso (814-840). En tiempos de Carlos el Calvo se inicia el proceso de autonomía monetaria de la que primero gozarà el obispo de Barcelona Frodoí (862) y pronto el conde, Guifredo Borrell de Barcelona-Girona-Osona en 899 para este último condado. En el año 912 este conde cede la moneda de Osona al obispo de Vic, condicionada a la convalidación real, en el 934 el conde Sunyer hace lo propio con el obispado de Girona, pero en este caso sin solicitar una convalidación equivalente, actuando pues en este ámbito como soberano. Durante el mandato de Ramón Borrell (992-1018) los condes empiezan a inscribir sus nombres en las monedas, coincidiendo con el cese de los vínculos con los monarcas francos.
Durante los gobiernos de Berenguer Ramon I (1017-1035) y Ramon Berenguer I (1035-1076), además de vellón rico se baten en Barcelona los mancusos de oro, algunos bilingües. Sus sucesores cesaran en la emisión de esta moneda pero continuaran con la de vellón.
Por otra parte, la documentación habla de moneda de la Cerdanya en 990; se atribuyen algunas monedas a Hugo I de Ampurias (991-1040); se cita n documentos sobre batimiento de moneda por parte de Gelabert del Rossellón (991-1008); en Besalú Bernat Tallaferro (988-1020) también batió mancuses de oro; en 1019 los vizcondes de Cardona reciben del conde Berenguer Ramon I el derecho de batir moneda, etc, etc, etc.

Solo decir que este breve resumen se refiere siempre a datos anteriores a Alfonso VI, los más antiguos en 260 años, y que Barcelona no se uniría a Aragón) hasta 1137, de facto, y hasta 1162, de iure, estados que ni siquiera compartirían frontera hasta 1149, por lo que no parece muy adecuado llamar Aragón, a lo que generalmente se denominan condados catalanes, aunque ese nombre no existiera entonces, para no liarnos, ni liarlos, más que nada.

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