03 diciembre 2011

España, las Indias de Europa (II)


Carlos I de España y Emperador del Sacro Imperio Germánico había muerto en 1558, dejando a un joven Felipe II un país totalmente endeudado; en la entrada anterior vimos que los objetivos de Felipe por sanear la economía no se cumplieron y, durante su reinado y el de sus sucesores, España se declaró varias veces en quiebra.

Bien es cierto que su padre había sangrado a Castilla para mantener su política exterior europea, y no es menos cierto tampoco que las ínfulas de Carlos por ser coronado Emperador fueron el pistoletazo de salida a un endeudamiento que una vez comenzado nadie fue capaz de parar a pesar de todas las innovaciones desarrolladas. 

Irónicamente estos años de pobreza coincidieron con el siglo dorado de las importaciones de metal noble desde el Nuevo Mundo; numerosos convoyes de gigantescos galeones eran cargados hasta arriba de oro y plata con destino a Sevilla. Y sin embargo no existía persona en el reino que pudiera ser llamada rica, todo el arte del Siglo de Oro español se podría resumir en una mejor expresión: “El Siglo de la Picaresca”.

Lazarillo de Tormes, Goya


Buscones y pícaros, ciegos y tullidos, mendigos, pordioseros e hijosdalgo, desde las Vascongadas a Granada, desde Aragón a la Extrema y Dura, toda España estaba poblada de gente ingeniosa y de mal vivir, en donde la sangre era lo único importante y la mayor afrenta se hacía contra el honor. Fue en esta España donde las ratas eran compañeras de penurias y en la que una gastada moneda de vellón era culpable de grescas y duelos desesperados. ¿Dónde estaba el oro de Nueva España? ¿Do se guardaba la plata que se extraía en Perú?

“Cuanto más [oro] llega, menos tiene el reino [...]. Aunque nuestros reinos deberían ser los más ricos del mundo [...] son los más pobres, porque sirven sólo como puente para que [el oro y la plata] vayan a los reinos de nuestros enemigos.”

Lingote de oro. Pedazos como este sirvieron de pago para las importaciones llevadas a cabo en el puerto sevillano, solamente se emplearon en el comercio, mientras que la deuda española crecía según el Rey solicitaba más préstamos a los banqueros con la finalidad de continuar con su política imperial.


Efectivamente, todos los metales preciosos que llegaban a puerto y se contaban por toneladas se embarcaban rumbo a Europa y Asia, España había tenido la suerte de encontrarse filones inagotables en América y las penurias pasadas por conseguir mantener un tráfico de metales nobles desde la caída del Imperio Romano durante toda la Edad Media fueron prontamente olvidadas. España era una nueva rica que todo lo importaba; paños holandeses, vinos italianos, cristal de bohemia, herramientas, armaduras y baratijas. En Sevilla descargaban una mercancía que dejaba las bodegas listas para volver a ser cargadas de los lingotes llegados de América.

Un observador español, Pedro de Valencia, escribió en 1608: “Tanta plata y tanto dinero [...] han sido siempre un veneno fatal […]. Creen que las mantendrá el dinero y no es cierto; lo que proporciona sustento son los campos arados, los pastos y las pesquerías.” Otro se quejaba: “La agricultura abandonó el arado y se vistió de seda, ablandando sus manos encallecidas. Los oficios adquirieron aire de nobleza y se lucieron por las calles.”

Cierto es, la productividad de la industria española disminuyó, mejor dicho, el trabajo en España desapareció. En un proceso de retroalimentación inflacionaria los precios de los productos españoles eran incapaces de competir contra el de las importaciones; la vida se encareció, la mayoría de artesanos tuvieron que abandonar sus oficios y España siguió importando todo cuánto necesitaba mientras la deuda seguía disparándose al recaudarse menos impuestos.


Real de a 8 Columnario de Carlos III, ceca Santiago

España se hizo exportadora de reales de plata, sus columnarios eran universalmente aceptados pues todo el mundo cobraba sus deudas con el país en argénteo metal. Florencia, Venecia, Amberes, Londres, Tallin, Helsinki, toda Europa se abastecía de los cargamentos que llegaban a Sevilla mientras que España no tenía una moneda que pudiera llamar propia y que a nadie se la debiera. Pero España suministraba aún más allá de los Urales; hasta la lejana China llegaban los reales españoles: a bordo del Galeón de Manila en su ruta por el Pacífico, desde otros puertos europeos o por la antigua Ruta de la Seda.


Los chinos tenían un sistema monetario muy peculiar. Jamás acuñaban monedas de oro o plata. Todas las transacciones se realizaban en sencillas monedas de bronce, y sólo se recurría a los metales preciosos alingotados para librar grandes deudas o para el comercio internacional. Así, si un comerciante chino compraba algo en Indochina, pagaba cortando un pedazo de un lingote de plata que pesaba para entregárselo al vendedor. Cuando los reales llegaron a sus manos se desató una revolución: los chinos se volvían locos por ellos; pero no para usarlos como moneda, sino para fundirlos y hacer lingotes. El monarca español era llamado "el rey de la plata".




Tal era la pasión oriental por los reales, que un mercader portugués llegó a decir en 1621: "La plata va peregrinando por todo el mundo para acabar finalmente en la China, y allí se queda como si fuera su lugar natural". Y era cierto: China fue durante siglos un sumidero de metales preciosos: lo que en ella entraba jamás salía. Los chinos importaban poco y exportaban mucho. Y mientras España vivía en la ruina, España era Las Indias de Europa, Las Indias de todo el mundo civilizado.

3 comentarios:

Jackelyn dijo...

Que interesante todo esto, Soy de Puerto Rico y mi pasion es la lectura. Me gusta conocer siempre algo mas sobre historia, asi que si me lo permites, me quedo por aqui para seguir deleitandome. Un placer estar aqui

Rubén López-Cortés dijo...

Me alegra mucho leer tu comentario Jackelyn, es para mí un premio saber que este blog ha enseñado historia. Por supuesto que te permito seguir por aquí! Y espero que comentes todas tus impresiones para seguir mejorando.

Un saludo

Anónimo dijo...

En el siglo XVII la corona para hacer frente a sus numerosos gastos realizó alteraciones en la moneda de vellón que junto a la salida de metales preciosos de Castilla generó no pocos problemas en el reino.En fin,una ruina,casi como ahora,salvando las distancias,claro.Saludos.Veradia.

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